"VERSION 2.0” (1998)
WE NEED TO TALK ABOUT GARBAGE
La Garbagemanía explotó en el año 1996, especialmente tras la edición del single “Stupid Girl”, pero no solo por un hit ganchero. En aquellas épocas donde aún no estaban definidas movidas como el Ñu Metal o la tribu Emo, ese espacio de rock alternativo con orientación post punk no tenía tan claros referentes y Garbage logró ubicarse en un nicho de mercado orientado a la gente que le gusta masoquearse con letras donde la realización es posible a través de la depresión. “I´m Only Happy When It Rains”, como reza una lírica de aquel famoso álbum debut.
El productor Butch Vig, ahora devenido rockstar por haber formado su propia banda, no tuvo ganas de arriesgar demasiado y decidió permanecer en su zona de confort a la hora de dar el siguiente paso: letras que tiren para abajo, videos musicales con gran despliegue estético, y la redundancia en el pop alternativo (o sea, rock alternativo con melodías entradoras). El mismo Butch declaró que la idea de la banda no era reinventar su sonido. En el mientras tanto, la imagen de Shirley Manson había crecido a pasos agigantados en esos años y ya era toda una venerada diva oscura, de modo que su rol de front woman era otra garantía más de que el barco iría viento en popa.
Por eso fue que “Push It” y su video multinominado a varios MTV Video Music Awards fue un acierto en todo sentido como adelanto del siguiente disco. Pasan allí cosas tan surrealistas como que Shirley entrega a sus novios para ser asesinados: el primero de ellos por tres monjas sin rostro en un supermercado, el segundo (que tiene cabeza de bombilla de luz) por tres niños cuasi zombies en su propia casa, y otras extrañas escenas fellinescas. Las loas al sufrimiento cantaban nuevamente presente: “Sorry that I hurt you / please don’t ask me why / I want to see you happy / I want to see you shine”.Todo muy raro pero muy simpático… o siniestro, depende el ojo del consumidor. Suficiente para que el disco genere gran expectativa y que cuando fuera lanzado el 11 de mayo de 1998, debutara en el número 1 en Inglaterra.
El nuevo álbum entraba en el género que podríamos llamar electronic rock (o Sci-fi pop, como ellos mismos patentaron), yuxtaponiendo la electrónica de la época con diversas interpolaciones de los Beach Boys y The Pretenders. La amalgama de irresistibles melodías pop con el dolor y la frustración continuaban siendo la característica agridulce de Garbage. Esa doble cara está siempre presente desde las primeras líneas de “Temptation Waits”: “I tell you something / I am a Wolf but / I like to wear sheep’s clothing”. El disco es principalmente bailable, y los tres primeros tracks son un mazazo tras otro. El segundo single “I Think I´m Paranoid” fue un gran acierto: contiene un pegadizo riff de guitarra creado por Duke Erikson que anduvo muy bien con la voz ligeramente distorsionada de Shirley. Como dato curioso, “I Think I´m Paranoid” fue incluso lanzado comercialmente por BMG en Argentina. El single fue un éxito Top 10 en UK y número 1 en España. Y para completar el tridente de inicio, otro powerful single que es “When I Grow Up”, una divertida justificación a la vida irresponsable (y el tema más jocoso del disco).
No existen momentos relajados en esta producción salvo el destacado cierre con “You Look So Fine” (tal como en el primer disco, se despiden con una balada), pero efectivamente se reducen los BPM en “Medication”, que logra un tono asfixiante con sus pesadas guitarras para acompañar los lamentos claustrofóbicos de Shirley, quien bien podría estar dedicándole este tema a una institución psiquiátrica. Como ya dijimos sufrimos con alegría, trocando casi naturalmente a “Special”, una alegre experiencia de desapego respecto a la rola previamente descripta. Y así siguen los altibajos emocionales a lo largo de todo el disco, bien high en “Hammering In My Head” o creepy down en “The Trick Is To Keep Breathing”, para terminar… down, obviamente! Pero “You Look So Fine” es el perfecto espécimen que Garbage es capaz de engendrar: una sublime canción dolorosa donde su espina más prominente es la línea final: “Let’s pretend happy end”. No podíamos esperar otra cosa.
“Version 2.0” no logró superar el éxito comercial del álbum debut de Garbage, pero le posibilitó a la banda un mayor crecimiento internacional y la conquista de nuevos fans. En pocas palabras: si una persona de las que dicen “yo escucho de todo” porque escucha FM comercial todo el día te preguntara “¿Qué me recomendás que escuche de Garbage?”, la respuesta más que obvia sería este disco.
viernes, 15 de junio de 2018
martes, 29 de mayo de 2018
Music Corner n° 168 - Pale Waves
MUSICA EN PAL-N
En la era en que todo lo vintage está en boga y los millennials proclaman el descubrimiento de nuevos universos sin ser conscientes de que en realidad se tomaron el De Lorean y volvieron a los 80’s, surgieron estos chicos góticos de Manchester con su pop tan sencillo de digerir. Pero de excelente calidad: algo bastante diferente al pop mainstream de hoy en día, una suerte de indie pop, también asimilable con el synth o el goth-pop. Se llaman Pale Waves.
La banda está conformada por Heather Baron-Gracie como cantante principal y guitarrista, Ciara Doran como baterista (ambas líderes fundacionales), Hugo Silvani como guitarrista y Charlie Wood en bajo y teclados. Heather y Ciara se conocieron en el 2010 por internet, cuando ambas tenían 18 años, y se convirtieron en mejores amigas. Ciara declaró en una entrevista para NME que quedó instantáneamente impactada por el sentido de la moda de Heather: o sea, la “no moda”. En el 2015 comenzaron a postear algunas canciones online y llamaron la atención del sello Dirty Hit, con el cuál firmaron en 2017.
Heather fue en su adolescencia una chica introvertida de bajo perfil, y solía realizar composiciones melancólicas, siempre en guitarra acústica. El aporte de Ciara en este sentido fue el de comenzar a imponer la idea de un formato “banda” un poco más orientado al dream pop: un estilo ochentoso que es más bien un subgénero del rock alternativo y emparentado con el shoegazing. La sociedad funciona así: Heather se ocupa más de las letras, Ciara de la música. El single debut de Pale Waves fue “There’s a Honey”, que fue producido por The 1975 (sus compañeros de sello), banda para la cual oficiaron de soporte y que los apadrinó. No es de extrañar que algo del sonido de The 1975 haya impregnado acertadamente las composiciones de Pale Waves. En agosto de 2017 lanzaron un segundo single, “Television Romance”, cuyo video contó además con la dirección de Matty Healy (cantante de The 1975). Las ya mencionadas influencias del pop de los 80´s están relacionadas con artistas como Prince, Madonna o Cocteau Twins, y Heather reconoce a “Purple Rain” como una de sus canciones favoritas. Pero lo primero que uno recuerda al ver un video de Pale Waves es inevitablemente a The Cure. Y si de cine habláramos, tanto Heather como Ciara parecen ambas extraídas de algún film de Tim Burton. Es curioso que los otros dos miembros de la banda, Hugo y Charlie, sean el contrapunto al lucir una imagen tipo indie brit boys.
En enero de 2018 la banda anunció que había comenzado a grabar su álbum debut. Mientras esperamos, podemos saciar el apetito con su primer EP “All The Things I Never Said”, lanzado en febrero por internet y en versión vinilo el 16 de marzo. Dicho EP contiene los simples “New Year’s Eve” (que fue el adelanto), “My Obsession” y “The Tide”. ¿Y qué más? En lo inmediato, a esperar. La percepción de la crítica sobre el material editado hasta ahora por la banda ha sido positiva. En lo personal, le pongo muchas fichas a Pale Waves. Espero con ansias este disco, que se calcula, recién llegará para el 2019.
En la era en que todo lo vintage está en boga y los millennials proclaman el descubrimiento de nuevos universos sin ser conscientes de que en realidad se tomaron el De Lorean y volvieron a los 80’s, surgieron estos chicos góticos de Manchester con su pop tan sencillo de digerir. Pero de excelente calidad: algo bastante diferente al pop mainstream de hoy en día, una suerte de indie pop, también asimilable con el synth o el goth-pop. Se llaman Pale Waves.
La banda está conformada por Heather Baron-Gracie como cantante principal y guitarrista, Ciara Doran como baterista (ambas líderes fundacionales), Hugo Silvani como guitarrista y Charlie Wood en bajo y teclados. Heather y Ciara se conocieron en el 2010 por internet, cuando ambas tenían 18 años, y se convirtieron en mejores amigas. Ciara declaró en una entrevista para NME que quedó instantáneamente impactada por el sentido de la moda de Heather: o sea, la “no moda”. En el 2015 comenzaron a postear algunas canciones online y llamaron la atención del sello Dirty Hit, con el cuál firmaron en 2017.
Heather fue en su adolescencia una chica introvertida de bajo perfil, y solía realizar composiciones melancólicas, siempre en guitarra acústica. El aporte de Ciara en este sentido fue el de comenzar a imponer la idea de un formato “banda” un poco más orientado al dream pop: un estilo ochentoso que es más bien un subgénero del rock alternativo y emparentado con el shoegazing. La sociedad funciona así: Heather se ocupa más de las letras, Ciara de la música. El single debut de Pale Waves fue “There’s a Honey”, que fue producido por The 1975 (sus compañeros de sello), banda para la cual oficiaron de soporte y que los apadrinó. No es de extrañar que algo del sonido de The 1975 haya impregnado acertadamente las composiciones de Pale Waves. En agosto de 2017 lanzaron un segundo single, “Television Romance”, cuyo video contó además con la dirección de Matty Healy (cantante de The 1975). Las ya mencionadas influencias del pop de los 80´s están relacionadas con artistas como Prince, Madonna o Cocteau Twins, y Heather reconoce a “Purple Rain” como una de sus canciones favoritas. Pero lo primero que uno recuerda al ver un video de Pale Waves es inevitablemente a The Cure. Y si de cine habláramos, tanto Heather como Ciara parecen ambas extraídas de algún film de Tim Burton. Es curioso que los otros dos miembros de la banda, Hugo y Charlie, sean el contrapunto al lucir una imagen tipo indie brit boys.
En enero de 2018 la banda anunció que había comenzado a grabar su álbum debut. Mientras esperamos, podemos saciar el apetito con su primer EP “All The Things I Never Said”, lanzado en febrero por internet y en versión vinilo el 16 de marzo. Dicho EP contiene los simples “New Year’s Eve” (que fue el adelanto), “My Obsession” y “The Tide”. ¿Y qué más? En lo inmediato, a esperar. La percepción de la crítica sobre el material editado hasta ahora por la banda ha sido positiva. En lo personal, le pongo muchas fichas a Pale Waves. Espero con ansias este disco, que se calcula, recién llegará para el 2019.
martes, 22 de mayo de 2018
Music Corner n° 167 - Last Shadow Puppets
"THE AGE OF THE UNDERSTATEMENT” (2008)
ENTREACTO
“Pop has become too predictable” supieron sentenciar ellos mismos en el marco de la más reciente gira de The Last Shadow Puppets, durante una entrevista a The Telegraph. Si se trata de hacer un pop que no sea tan obvio, los Arctic Monkeys triunfaron holgadamente y se convirtieron en uno de los artistas de indie rock mejor posicionados en la escena inglesa de la última década. Cuando comenzaron parecía ser solo una bandita más de nenes jugando el papel de malos y acelerados, pero a medida que transcurrieron los discos se fueron puliendo y supieron mantener su energía aún ganando en calidad. Está claro que no todos pueden ser como The Ramones y repetir prácticamente lo mismo durante toda una carrera.
Arctic Monkeys estaba en la cresta de la ola tras su segundo álbum “Favourite Worst Nightmare”, que entre otros logros, se llevó en los Brit Awards del año 2008 los premios a Mejor Banda Británica y Mejor Álbum Británico. Curiosamente, fue justo cuando se apartó por un instante de la ascendente carrera con su banda, que Alex Turner encontró la excelencia a través de este proyecto alternativo que se dio a conocer en el año 2008 como The Last Shadow Puppets. El anuncio ya había sido hecho por la revista NME en agosto de 2007: Alex Turner se estaría juntando con Miles Kane (cantante de The Rascals), James Ford (de Simian Mobile Disco) y Zach Dawes, para grabar un disco. Miles Kane se había hecho amigo de Alex Turner cuando fue soporte de los Arctic Monkeys con su banda previa, The Little Flames.
El álbum debut de Last Shadow Puppets vió la luz el 21 de abril de 2008 e inmediatamente se colocó en el #1 del UK Chart. La semana previa se había sido lanzado el single que da nombre al disco, “The Age of the Understatement”: una rola muy particular dentro del género conocido como pop barroco, una fusión entre el rock y algunos instrumentos y arreglos orquestales propios de la música clásica. Una versión alternativa de este hit es el track #6 “Only The Truth”, cuya principal diferencia es la variante en el tempo promediando la canción, algo más propio del rock progresivo. El segundo corte del álbum fue también el segundo track, “Standing Next To Me”. Si bien las influencias declaradas por los integrantes de LSP serían los primeros discos de David Bowie y aquel ícono pop inglés de los 60’s que fue Scott Walker, en esta canción es evidente la influencia de los Beatles. Es un contrapunto entre dos hombres relacionados sentimentalmente con la misma mujer: el que canta es el que la posee y sabe que el otro la desea, y este punto de vista es lo que hace más interesante la lírica.
Los siguientes temas del disco son “Calm Like You” y “Separate and Ever Deadly”, anticipos de lo que sería el próximo disco de los Arctic Monkeys: art rock como experimento en las texturas y las métricas, buscando un apartamiento del rock como fenómenos netamente adolescente. Como a lo largo de todo el álbum, cada canción tiene que ver con distintas situaciones en relaciones de pareja, reflejando sus vaivenes, aciertos y errores. Como “The Chamber”, el ejemplo de lo que sobreviene como arrepentimiento tras haber tomado una decisión difícil: “Cornered by yourself / you must admit / that you are the instigator / hanging on to arguments”. En “Only The Truth” se destacan los trabajos de vientos, y por tratarse su letra sobre una “Devoradora de hombres”, el juego de la orquesta consiste hacia el final en ir saturando sonidos hasta convertirlos en algo similar al zumbido de una abeja que se acoplará con los gritos de un grupo de hombres atrapados como presas. El tercer corte es la bellísima “My Mistakes Were Made For You”, inspirada en un tema de Scott Walker de 1969. Difícil describir con palabras que es lo que hace que esta canción sea hermosa, pero podemos redundar en lo ya dicho sobre el pop barroco y su exquisitez a la hora de incorporar trabajos de cuerda y generar atmósferas clásicas. En este caso gracias a la participación de la London Metropolitan Orchestra dirigida ni más ni menos que por Owen Pallett, violinista de Arcade Fire.
La fórmula Alex Turner- Miles Kane garantizó entendimiento en muchos sentidos. El perfil de rock experimental y post-punk de The Rascals no desentonaba con la línea seguida por los Monitos del Ártico, y el caldo de cultivo fue óptimo para desembocar en producciones como “I Don’t Like You Anymore”, más emparentada con un garage rock al estilo “I Bet You Look Good On The Dancefloor” que con el trabajo más refinado que éste álbum en su conjunto representa. Aun así, no desentona y sirve como equilibrio para melodías melancólicas que irán llegando hacia el cierre del disco, como esa delicada pieza que es “The Meeting Place” y su impecable trabajo de vientos que aporta emotividad a una típica letra de ruptura irremediable ante la pérdida de la química: “I´m sorry I met you darling / I´m sorry I left you”. Sin duda, de las mejores composiciones de la dupla Turner-Kane.
Tras este breve paréntesis, un entreacto en sus carreras, Turner volvería más inspirado que nunca a los Arctic Monkeys y aportaría toda una variedad de estilos al siguiente trabajo del grupo, “Humbug”. Miles Kane trabajó ese mismo año en el disco debut de The Rascals “Rascalize”, para finalmente abandonar la banda en 2009. Las puertas quedarían abiertas para que ambos se reencontraran en los estudios varios años después y nos regalaran en 2016 un segundo disco de The Last Shadow Puppets. Tengamos fe que esta colaboración no morirá.
ENTREACTO
“Pop has become too predictable” supieron sentenciar ellos mismos en el marco de la más reciente gira de The Last Shadow Puppets, durante una entrevista a The Telegraph. Si se trata de hacer un pop que no sea tan obvio, los Arctic Monkeys triunfaron holgadamente y se convirtieron en uno de los artistas de indie rock mejor posicionados en la escena inglesa de la última década. Cuando comenzaron parecía ser solo una bandita más de nenes jugando el papel de malos y acelerados, pero a medida que transcurrieron los discos se fueron puliendo y supieron mantener su energía aún ganando en calidad. Está claro que no todos pueden ser como The Ramones y repetir prácticamente lo mismo durante toda una carrera.
Arctic Monkeys estaba en la cresta de la ola tras su segundo álbum “Favourite Worst Nightmare”, que entre otros logros, se llevó en los Brit Awards del año 2008 los premios a Mejor Banda Británica y Mejor Álbum Británico. Curiosamente, fue justo cuando se apartó por un instante de la ascendente carrera con su banda, que Alex Turner encontró la excelencia a través de este proyecto alternativo que se dio a conocer en el año 2008 como The Last Shadow Puppets. El anuncio ya había sido hecho por la revista NME en agosto de 2007: Alex Turner se estaría juntando con Miles Kane (cantante de The Rascals), James Ford (de Simian Mobile Disco) y Zach Dawes, para grabar un disco. Miles Kane se había hecho amigo de Alex Turner cuando fue soporte de los Arctic Monkeys con su banda previa, The Little Flames.
El álbum debut de Last Shadow Puppets vió la luz el 21 de abril de 2008 e inmediatamente se colocó en el #1 del UK Chart. La semana previa se había sido lanzado el single que da nombre al disco, “The Age of the Understatement”: una rola muy particular dentro del género conocido como pop barroco, una fusión entre el rock y algunos instrumentos y arreglos orquestales propios de la música clásica. Una versión alternativa de este hit es el track #6 “Only The Truth”, cuya principal diferencia es la variante en el tempo promediando la canción, algo más propio del rock progresivo. El segundo corte del álbum fue también el segundo track, “Standing Next To Me”. Si bien las influencias declaradas por los integrantes de LSP serían los primeros discos de David Bowie y aquel ícono pop inglés de los 60’s que fue Scott Walker, en esta canción es evidente la influencia de los Beatles. Es un contrapunto entre dos hombres relacionados sentimentalmente con la misma mujer: el que canta es el que la posee y sabe que el otro la desea, y este punto de vista es lo que hace más interesante la lírica.
Los siguientes temas del disco son “Calm Like You” y “Separate and Ever Deadly”, anticipos de lo que sería el próximo disco de los Arctic Monkeys: art rock como experimento en las texturas y las métricas, buscando un apartamiento del rock como fenómenos netamente adolescente. Como a lo largo de todo el álbum, cada canción tiene que ver con distintas situaciones en relaciones de pareja, reflejando sus vaivenes, aciertos y errores. Como “The Chamber”, el ejemplo de lo que sobreviene como arrepentimiento tras haber tomado una decisión difícil: “Cornered by yourself / you must admit / that you are the instigator / hanging on to arguments”. En “Only The Truth” se destacan los trabajos de vientos, y por tratarse su letra sobre una “Devoradora de hombres”, el juego de la orquesta consiste hacia el final en ir saturando sonidos hasta convertirlos en algo similar al zumbido de una abeja que se acoplará con los gritos de un grupo de hombres atrapados como presas. El tercer corte es la bellísima “My Mistakes Were Made For You”, inspirada en un tema de Scott Walker de 1969. Difícil describir con palabras que es lo que hace que esta canción sea hermosa, pero podemos redundar en lo ya dicho sobre el pop barroco y su exquisitez a la hora de incorporar trabajos de cuerda y generar atmósferas clásicas. En este caso gracias a la participación de la London Metropolitan Orchestra dirigida ni más ni menos que por Owen Pallett, violinista de Arcade Fire.
La fórmula Alex Turner- Miles Kane garantizó entendimiento en muchos sentidos. El perfil de rock experimental y post-punk de The Rascals no desentonaba con la línea seguida por los Monitos del Ártico, y el caldo de cultivo fue óptimo para desembocar en producciones como “I Don’t Like You Anymore”, más emparentada con un garage rock al estilo “I Bet You Look Good On The Dancefloor” que con el trabajo más refinado que éste álbum en su conjunto representa. Aun así, no desentona y sirve como equilibrio para melodías melancólicas que irán llegando hacia el cierre del disco, como esa delicada pieza que es “The Meeting Place” y su impecable trabajo de vientos que aporta emotividad a una típica letra de ruptura irremediable ante la pérdida de la química: “I´m sorry I met you darling / I´m sorry I left you”. Sin duda, de las mejores composiciones de la dupla Turner-Kane.
Tras este breve paréntesis, un entreacto en sus carreras, Turner volvería más inspirado que nunca a los Arctic Monkeys y aportaría toda una variedad de estilos al siguiente trabajo del grupo, “Humbug”. Miles Kane trabajó ese mismo año en el disco debut de The Rascals “Rascalize”, para finalmente abandonar la banda en 2009. Las puertas quedarían abiertas para que ambos se reencontraran en los estudios varios años después y nos regalaran en 2016 un segundo disco de The Last Shadow Puppets. Tengamos fe que esta colaboración no morirá.
viernes, 20 de abril de 2018
Music Corner n° 166 - Madonna
"RAY OF LIGHT” (1998)
REINA MADRE
Fue el séptimo álbum. Fue el menos escandaloso, aunque curiosamente, el más íntimo. Aquí es donde pareció más honesta que nunca, sin por esto insinuar que antes no lo haya sido. Nunca fue fácil la honestidad brutal de Madonna: díganselo a la Iglesia Católica, que por años fue utilizada como su punching ball favorito. O a su propio padre, a quien tantas dedicatorias buenas y malas (especialmente malas) le regaló. Pero la Reina del Pop había forjado su título no solo en base a una decena de hits que ya todo el mundo (literalmente) conocía y coreaba, sino por el uso que supo darle a su liderazgo bien ganado. Les habló desde el corazón, les habló con críticas y acusaciones, les habló sin tapujos… y por eso muchos la detestaron (pero la mayoría la idolatró). Los años 80’s le pertenecieron y como mujer, nadie pudo rivalizar con ella en el terreno de la música comercial.
Ya en los 90’s el reinado pareció tambalear. Tras el disco “Erótica” y el libro “Sex”, parecía que los caprichos de Madonna habían llegado demasiado lejos. Personalmente ya estaba un poco cansado de ver sus fotos desnuda, pretendiendo provocar desde la homosexualidad o el sadomasoquismo, y supongo que no fui el único. La diva nunca fue apocada a la hora de arriesgar ni redoblar apuestas, y no reculó en ningún momento, mientras su eterna inquietud siempre la llevó a continuar explorando en distintos ámbitos. Ya en el año 1997, era una madre primeriza que pisaba los 40 años cuando decidió dar otro giro a su inagotable carrera.
Es habitual que Madonna se rodee de gente que entiende el momento musical por el que atraviesa el vanguardismo de cada época. Esta fórmula que repitió infinidad de veces, le ha permitido mantenerse vigente hasta la actualidad. En aquel momento, tras la explosión electrónica de mediados de los 90´s, Madonna testeó a tres productores bien icónicos. El primero fue Babyface, con quien ya había trabajado en “Bedtime Stories” (1994), pero fue descartado. En segundo lugar Patrick Leonard, con quien Madonna trabajó en reiteradas oportunidades desde 1985, y que en esta oportunidad volvería a desempeñarse como co-productor y co-escritor. Pero el jugador fundamental del nuevo trabajo sería William Orbit, que imprimiría al material compuesto su indubitable sello personal.
El nuevo álbum “Ray of Light” fue lanzado a nivel mundial el 3 de marzo de 1998. Desde la apertura con “Drowned World / Substitute For Love” se plantea un cambio de imagen y una transformación espiritual que propone esta nueva Madonna convertida a la Cábala, practicante de Yoga y estudiosa del hinduismo y el budismo. Como introducción: “I traded fame for love / without a second thought” son las primeras palabras de esta transportadora melodía ambient pop tan bien lograda en combinación con Orbit: algo se hunde, pero algo nuevo lo reemplaza. El segundo track “Swim” es una invitación a limpiarse de los pecados que arrastramos, y en referencia a toda la etapa early 90´s de la diva que ya hemos descripto, es netamente autobiográfica: nadar hasta el fondo del océano, descubrir nuevas orillas. Recién para el tercer track la electrónica omnipresente se tornará bailable con el tema que da nombre al disco: este techno dance acelerado con influencias del trance fue el segundo corte y arrasó las pistas de baile, mientras echaba una mirada mística al universo y reflexionaba sobre cuán pequeños somos en comparación. Como single, fue número 1 varios países europeos y en el Dance Club chart de Billboard.
Continúa el disco con “Candy Perfum Girl”, y vuelve el tinte enigmático en una seductora melodía mid-tempo, una lírica sexualmente difusa marcada por un ritmo embriagador. Cuando llegamos a “Skin” no puedo evitar preguntarme lo difícil que debe haber sido seleccionar los cortes de difusión de un disco sin desperdicios. Nuevamente se encienden las luces y arde la pista, y Madonna nos da una licencia, nos autoriza a volvernos melancólicos y recordar que somos humanos. Se permite desear nuevamente, pero a modo de excusa nos jura: “I´m not like this all the time… I need to have your protection”. Primer tema donde retorna exitosamente la dupla con Patrick Leonard, pero siempre con la impronta de Orbit que aquí colabora en la producción con Marius de Vries. La exitosa formula se repite en el siguiente track y quinto corte del disco, “Nothing Really Matters”: una canción obviamente inspirada por su primogénita Lourdes (nacida en 1996), que dio lugar a esta etapa introspectiva de la artista. Ya hacia la mitad de este viaje llega “Sky Fits Heaven”, y nos empapamos nuevamente con la temática religiosa solo que ahora focalizando en las verdades compartidas por Catolicismo, Budismo e Hinduismo, mientras no dejamos de bailar. En esta misma línea continua “Shanti Ashtangi”, íntegramente cantada en sánscrito.
Ya para la última parte del disco, Madonna vuelve a abordar los temas más humanos y terrenales. Tiempo de develar una pieza clave: una canción icónica que fuera el principal corte y adelanto del disco, la excelente balada electrónica “Frozen”. Aquí la contracara de todo lo expuesto hasta ahora: la canción es acerca de la gente fría y carente de emociones, egoísta y sin empatía. “Frozen” fue la carta de presentación de “Ray of Light” y fue un gran éxito a nivel mundial, alabado por los críticos y los fans. El track #10 es la vibrante balada “The Power of Goodbye”, de gran belleza instrumental y con una letra estremecedora sobre ruptura, que constituyó otro de los singles del álbum. Para “To Have and Not to Hold” se destacan algunos pasajes de música latina que siempre supieron acompañar a la diva, para dar forma a una canción sobre la dificultad para comprender al otro en una relación de pareja y los límites generados por dicha incomprensión. Con un tema recurrente en la medida justa, pero ahora utilizando un poco de drum & bass, Madonna vuelve sobre la cuestión de maternidad en otra dedicatoria a su hija Lourdes en “Little Star”. Y ya para finalizar, una dedicatoria de la artista a su propia madre: “Mer Girl” es otra invitación a la reflexión.
Siempre hay que festejar los 40 años: es esa edad donde parece que ya estás del otro lado, donde ya superaste la crisis de la edad y cuando los adolescentes comenzaron a verte como un señor/señora mayor. Para Madonna, la llegada a los 40 estuvo marcada por una serie de hitos que la llevaron a una transformación en todo sentido, principalmente espiritual. Acertadamente supo redirigir esa energía hacia su trabajo, y los planetas se alinearon a su favor. La Reina del Pop, ahora madre y más sabia, realizó una serie de composiciones sobresalientes, logró musicalmente un sonido fiel a la época y demandado por su público, contó con una producción soberbia que le permitió imprimir un toque ascético a todo el trabajo, y se sintió plenamente realizada al poder volcar en un disco todo ese acervo cultural que la circundaba. Indudablemente es por eso que “Ray Of Light” es un disco increíble, emotivo, envolvente e imperdible: es la obra maestra de Madonna, el mejor disco de su carrera.
REINA MADRE
Fue el séptimo álbum. Fue el menos escandaloso, aunque curiosamente, el más íntimo. Aquí es donde pareció más honesta que nunca, sin por esto insinuar que antes no lo haya sido. Nunca fue fácil la honestidad brutal de Madonna: díganselo a la Iglesia Católica, que por años fue utilizada como su punching ball favorito. O a su propio padre, a quien tantas dedicatorias buenas y malas (especialmente malas) le regaló. Pero la Reina del Pop había forjado su título no solo en base a una decena de hits que ya todo el mundo (literalmente) conocía y coreaba, sino por el uso que supo darle a su liderazgo bien ganado. Les habló desde el corazón, les habló con críticas y acusaciones, les habló sin tapujos… y por eso muchos la detestaron (pero la mayoría la idolatró). Los años 80’s le pertenecieron y como mujer, nadie pudo rivalizar con ella en el terreno de la música comercial.
Ya en los 90’s el reinado pareció tambalear. Tras el disco “Erótica” y el libro “Sex”, parecía que los caprichos de Madonna habían llegado demasiado lejos. Personalmente ya estaba un poco cansado de ver sus fotos desnuda, pretendiendo provocar desde la homosexualidad o el sadomasoquismo, y supongo que no fui el único. La diva nunca fue apocada a la hora de arriesgar ni redoblar apuestas, y no reculó en ningún momento, mientras su eterna inquietud siempre la llevó a continuar explorando en distintos ámbitos. Ya en el año 1997, era una madre primeriza que pisaba los 40 años cuando decidió dar otro giro a su inagotable carrera.
Es habitual que Madonna se rodee de gente que entiende el momento musical por el que atraviesa el vanguardismo de cada época. Esta fórmula que repitió infinidad de veces, le ha permitido mantenerse vigente hasta la actualidad. En aquel momento, tras la explosión electrónica de mediados de los 90´s, Madonna testeó a tres productores bien icónicos. El primero fue Babyface, con quien ya había trabajado en “Bedtime Stories” (1994), pero fue descartado. En segundo lugar Patrick Leonard, con quien Madonna trabajó en reiteradas oportunidades desde 1985, y que en esta oportunidad volvería a desempeñarse como co-productor y co-escritor. Pero el jugador fundamental del nuevo trabajo sería William Orbit, que imprimiría al material compuesto su indubitable sello personal.
El nuevo álbum “Ray of Light” fue lanzado a nivel mundial el 3 de marzo de 1998. Desde la apertura con “Drowned World / Substitute For Love” se plantea un cambio de imagen y una transformación espiritual que propone esta nueva Madonna convertida a la Cábala, practicante de Yoga y estudiosa del hinduismo y el budismo. Como introducción: “I traded fame for love / without a second thought” son las primeras palabras de esta transportadora melodía ambient pop tan bien lograda en combinación con Orbit: algo se hunde, pero algo nuevo lo reemplaza. El segundo track “Swim” es una invitación a limpiarse de los pecados que arrastramos, y en referencia a toda la etapa early 90´s de la diva que ya hemos descripto, es netamente autobiográfica: nadar hasta el fondo del océano, descubrir nuevas orillas. Recién para el tercer track la electrónica omnipresente se tornará bailable con el tema que da nombre al disco: este techno dance acelerado con influencias del trance fue el segundo corte y arrasó las pistas de baile, mientras echaba una mirada mística al universo y reflexionaba sobre cuán pequeños somos en comparación. Como single, fue número 1 varios países europeos y en el Dance Club chart de Billboard.
Continúa el disco con “Candy Perfum Girl”, y vuelve el tinte enigmático en una seductora melodía mid-tempo, una lírica sexualmente difusa marcada por un ritmo embriagador. Cuando llegamos a “Skin” no puedo evitar preguntarme lo difícil que debe haber sido seleccionar los cortes de difusión de un disco sin desperdicios. Nuevamente se encienden las luces y arde la pista, y Madonna nos da una licencia, nos autoriza a volvernos melancólicos y recordar que somos humanos. Se permite desear nuevamente, pero a modo de excusa nos jura: “I´m not like this all the time… I need to have your protection”. Primer tema donde retorna exitosamente la dupla con Patrick Leonard, pero siempre con la impronta de Orbit que aquí colabora en la producción con Marius de Vries. La exitosa formula se repite en el siguiente track y quinto corte del disco, “Nothing Really Matters”: una canción obviamente inspirada por su primogénita Lourdes (nacida en 1996), que dio lugar a esta etapa introspectiva de la artista. Ya hacia la mitad de este viaje llega “Sky Fits Heaven”, y nos empapamos nuevamente con la temática religiosa solo que ahora focalizando en las verdades compartidas por Catolicismo, Budismo e Hinduismo, mientras no dejamos de bailar. En esta misma línea continua “Shanti Ashtangi”, íntegramente cantada en sánscrito.
Ya para la última parte del disco, Madonna vuelve a abordar los temas más humanos y terrenales. Tiempo de develar una pieza clave: una canción icónica que fuera el principal corte y adelanto del disco, la excelente balada electrónica “Frozen”. Aquí la contracara de todo lo expuesto hasta ahora: la canción es acerca de la gente fría y carente de emociones, egoísta y sin empatía. “Frozen” fue la carta de presentación de “Ray of Light” y fue un gran éxito a nivel mundial, alabado por los críticos y los fans. El track #10 es la vibrante balada “The Power of Goodbye”, de gran belleza instrumental y con una letra estremecedora sobre ruptura, que constituyó otro de los singles del álbum. Para “To Have and Not to Hold” se destacan algunos pasajes de música latina que siempre supieron acompañar a la diva, para dar forma a una canción sobre la dificultad para comprender al otro en una relación de pareja y los límites generados por dicha incomprensión. Con un tema recurrente en la medida justa, pero ahora utilizando un poco de drum & bass, Madonna vuelve sobre la cuestión de maternidad en otra dedicatoria a su hija Lourdes en “Little Star”. Y ya para finalizar, una dedicatoria de la artista a su propia madre: “Mer Girl” es otra invitación a la reflexión.
Siempre hay que festejar los 40 años: es esa edad donde parece que ya estás del otro lado, donde ya superaste la crisis de la edad y cuando los adolescentes comenzaron a verte como un señor/señora mayor. Para Madonna, la llegada a los 40 estuvo marcada por una serie de hitos que la llevaron a una transformación en todo sentido, principalmente espiritual. Acertadamente supo redirigir esa energía hacia su trabajo, y los planetas se alinearon a su favor. La Reina del Pop, ahora madre y más sabia, realizó una serie de composiciones sobresalientes, logró musicalmente un sonido fiel a la época y demandado por su público, contó con una producción soberbia que le permitió imprimir un toque ascético a todo el trabajo, y se sintió plenamente realizada al poder volcar en un disco todo ese acervo cultural que la circundaba. Indudablemente es por eso que “Ray Of Light” es un disco increíble, emotivo, envolvente e imperdible: es la obra maestra de Madonna, el mejor disco de su carrera.
martes, 3 de abril de 2018
Music Corner n° 165 - Phil Collins
Phil Collins en el Campo de Polo, BA, 20/03/2018
TAKE A LOOK AT ME NOW
“Not Dead Yet” es el nombre que Phil Collins puso a su autobiografía editada en 2016, y que da nombre a su gira iniciada en 2017 por Europa y Sudamérica. Parece así mofarse de su propia vejez y estado físico no muy óptimos, algo que viniendo de él no es extraño. Como admirador del inigualable ex baterista de Genesis, y habiendo sacado los tickets para el show con 4 meses de anticipación, esperaba ansiosamente que la condición de “vivo” del grandioso Phil no se alterara. Y llegamos así al 20 de marzo.
La cita es en el Campo de Polo, y ni bien llego veo una multitud de canosos y pelados entre la asistencia, en muchos casos acompañados de sus hijos a quienes tantas veces les habrán hablado de la genialidad que es esa leyenda viviente que hoy nos deslumbrará con su presencia. Pero antes, un aperitivo a la altura de semejante acontecimiento: The Pretenders le da calor a un público expectante en una noche ya casi otoñal. Chrissie Hynde, una veterana rockera que conoce el manejo de los escenarios, toma prestado al público de Collins y le entrega lo más destacado de su repertorio. La acompañan tres músicos excelentes que dan aún más vuelo a clásicos de la talla de “Brass In My Pocket”, “Back On The Chain Gang” o “Don’t Get Me Wrong”. Uno de ellos es el baterista, miembro fundador y compañero de ruta de Chrissie desde el inicio: Martin Chambers. También destaca el bajista Nick Wilkinson. Pero el que se roba el show y al cuál la cámara enfoca más que a la mismísima líder de la banda, es el guitarrista James Walbourne: un derroche de energía pocas veces visto. Antes del inmejorable cierre con “Middle Of The Road”, Chambers se luce con un solo de batería. Quedamos todos felices y satisfechos.
Poco antes de las 22 hs hace su aparición el mito aún vivo. Vemos a Phil Collins caminar con dificultad apoyado sobre un bastón, y mientras es ovacionado, logra llegar a una silla que lo espera en el centro de la escena. Allí se acomodará para permanecer el resto de su presentación, y tras saludar a sus admiradores con su habitual gracias y burlándose de su escaso conocimiento de español, nos regala de inicio el himno “Against All Odds”. No es fácil contener las lágrimas al verlo tan condicionado físicamente mientras canta “Take a Look at me Now”: aquella imágenes de un Phil saltarín y que solía batirse a duelo de batería con Chester Thompson, son ahora solo recuerdos. Lo cuál da un toque aún más conmovedor a esta balada, además de quedar expuesta alguna limitación vocal. Pero no solo entendemos y aceptamos, sino que apreciamos la fortaleza de seguir de gira “contra todos los obstáculos”. Vendrá luego “Another Day In Paradise”, aquel hitazo que Phil dedicó a la cruda realidad de los homeless de todo el mundo, y que adiciona emotividad a la velada. Para el tercer tema, la formación de vientos comienza a lucirse con el clásico “I Missed Again”, otra vez coreada por todos los presentes en su estribillo. Y en este trabajo de ir de apoco aumentado los BPM tema tras tema, llega “Hang In Long Enough”, aquella apertura de su álbum “…But Seriously” que noto en esta oportunidad un tanto más lenta que la versión original, tal vez para ayudar a Phil en la articulación de su canto.
Llega el primer momento Genesis de la noche con “Throwing It All Away” en primer lugar, y luego “Follow You, Follow Me”, un clásico que hizo lagrimear más que nada a los cincuentones. Contribuyeron a eso las imágenes que inundaron las pantallas con los Genesis de todas las épocas, recordando a aquellas glorias que por ésta banda supieron desfilar: Peter Gabriel, Steve Hackett, Tony Banks y Mike Rutherford entre otros. Continuamos con aquel tema que tanto le gusta a Phil que es “Who Said I Would”, donde vuelven a lucirse los 4 coristas que lo acompañan (2 hombres y 2 mujeres). Antes de seguir adelante, Phil presenta a toda el sobresaliente grupo de músicos que lo acompaña, donde el más aplaudido será el histórico bajista Leland Sklar, y deja para el final la presentación de su hijo de 16 años Nicholas Collins, que saluda luciendo la camiseta de la selección argentina. Tras esta introducción llena de sonrisas y complicidades, se lucirá la corista Bridgette Bryan a dúo con Phil en el ya clásico cover de Stephen Bishop “Separate Lives”.
Tras aquel otro hit de “…But Seriously” que fue “Something Happened On The Way To Heaven”, llega uno de los momentos más esperados de la noche: un reflector ilumina desde abajo el rostro envejecido de Collins, dándole un toque satánico mientras entona la inmortal “In The Air Tonight”. Inmediatamente cambia la onda a algo mucho más bailable con el cover de The Supremes “You Can’t Hurry Love” y la noventera “Dance Into The Light”, a la que se pegará el mayor éxito comercial de Genesis en USA: “Invisible Touch”. No creo que Phil haya elegido en esta gira los temas más representativos de Genesis, pero que sí tuvieron alta efectividad ante el público. Y la gente salta y baila movida por la batuta de un hombre tan hábil que lo logra sentado desde su silla, que arenga con megahits de los años ochenta como “Easy Lover” y la irresistible “Sussudio” para cerrar.
Phil y su banda se retiran, pero todos sabemos que habrá algo más, aunque sea un tema más… y tal como lo previmos, vuelven todos a escena para un último regalo, la canción que cierra el disco “No Jacket Required” y que supo ser una suerte de himno que Phil compuso en homenaje a aquellos a quienes solía extrañar cada vez que salía de gira: suena “Take Me Home” y nos emocionamos una vez más. Nunca será suficiente pero sabemos entender: son casi las 23.30 hs y no tenemos nada de que quejarnos. Phil Collins saluda por última vez en esta noche y se retira lentamente ayudado por su bastón. Gracias por tantos años de música, de sensaciones y de lindos momentos. Gracias una vez más Phil: “Not Dead Yet Live” es el nombre de tu gira, y has demostrado que no estás muerto. Difícilmente alguna vez lo estés.
TAKE A LOOK AT ME NOW
“Not Dead Yet” es el nombre que Phil Collins puso a su autobiografía editada en 2016, y que da nombre a su gira iniciada en 2017 por Europa y Sudamérica. Parece así mofarse de su propia vejez y estado físico no muy óptimos, algo que viniendo de él no es extraño. Como admirador del inigualable ex baterista de Genesis, y habiendo sacado los tickets para el show con 4 meses de anticipación, esperaba ansiosamente que la condición de “vivo” del grandioso Phil no se alterara. Y llegamos así al 20 de marzo.
La cita es en el Campo de Polo, y ni bien llego veo una multitud de canosos y pelados entre la asistencia, en muchos casos acompañados de sus hijos a quienes tantas veces les habrán hablado de la genialidad que es esa leyenda viviente que hoy nos deslumbrará con su presencia. Pero antes, un aperitivo a la altura de semejante acontecimiento: The Pretenders le da calor a un público expectante en una noche ya casi otoñal. Chrissie Hynde, una veterana rockera que conoce el manejo de los escenarios, toma prestado al público de Collins y le entrega lo más destacado de su repertorio. La acompañan tres músicos excelentes que dan aún más vuelo a clásicos de la talla de “Brass In My Pocket”, “Back On The Chain Gang” o “Don’t Get Me Wrong”. Uno de ellos es el baterista, miembro fundador y compañero de ruta de Chrissie desde el inicio: Martin Chambers. También destaca el bajista Nick Wilkinson. Pero el que se roba el show y al cuál la cámara enfoca más que a la mismísima líder de la banda, es el guitarrista James Walbourne: un derroche de energía pocas veces visto. Antes del inmejorable cierre con “Middle Of The Road”, Chambers se luce con un solo de batería. Quedamos todos felices y satisfechos.
Poco antes de las 22 hs hace su aparición el mito aún vivo. Vemos a Phil Collins caminar con dificultad apoyado sobre un bastón, y mientras es ovacionado, logra llegar a una silla que lo espera en el centro de la escena. Allí se acomodará para permanecer el resto de su presentación, y tras saludar a sus admiradores con su habitual gracias y burlándose de su escaso conocimiento de español, nos regala de inicio el himno “Against All Odds”. No es fácil contener las lágrimas al verlo tan condicionado físicamente mientras canta “Take a Look at me Now”: aquella imágenes de un Phil saltarín y que solía batirse a duelo de batería con Chester Thompson, son ahora solo recuerdos. Lo cuál da un toque aún más conmovedor a esta balada, además de quedar expuesta alguna limitación vocal. Pero no solo entendemos y aceptamos, sino que apreciamos la fortaleza de seguir de gira “contra todos los obstáculos”. Vendrá luego “Another Day In Paradise”, aquel hitazo que Phil dedicó a la cruda realidad de los homeless de todo el mundo, y que adiciona emotividad a la velada. Para el tercer tema, la formación de vientos comienza a lucirse con el clásico “I Missed Again”, otra vez coreada por todos los presentes en su estribillo. Y en este trabajo de ir de apoco aumentado los BPM tema tras tema, llega “Hang In Long Enough”, aquella apertura de su álbum “…But Seriously” que noto en esta oportunidad un tanto más lenta que la versión original, tal vez para ayudar a Phil en la articulación de su canto.
Llega el primer momento Genesis de la noche con “Throwing It All Away” en primer lugar, y luego “Follow You, Follow Me”, un clásico que hizo lagrimear más que nada a los cincuentones. Contribuyeron a eso las imágenes que inundaron las pantallas con los Genesis de todas las épocas, recordando a aquellas glorias que por ésta banda supieron desfilar: Peter Gabriel, Steve Hackett, Tony Banks y Mike Rutherford entre otros. Continuamos con aquel tema que tanto le gusta a Phil que es “Who Said I Would”, donde vuelven a lucirse los 4 coristas que lo acompañan (2 hombres y 2 mujeres). Antes de seguir adelante, Phil presenta a toda el sobresaliente grupo de músicos que lo acompaña, donde el más aplaudido será el histórico bajista Leland Sklar, y deja para el final la presentación de su hijo de 16 años Nicholas Collins, que saluda luciendo la camiseta de la selección argentina. Tras esta introducción llena de sonrisas y complicidades, se lucirá la corista Bridgette Bryan a dúo con Phil en el ya clásico cover de Stephen Bishop “Separate Lives”.
Tras aquel otro hit de “…But Seriously” que fue “Something Happened On The Way To Heaven”, llega uno de los momentos más esperados de la noche: un reflector ilumina desde abajo el rostro envejecido de Collins, dándole un toque satánico mientras entona la inmortal “In The Air Tonight”. Inmediatamente cambia la onda a algo mucho más bailable con el cover de The Supremes “You Can’t Hurry Love” y la noventera “Dance Into The Light”, a la que se pegará el mayor éxito comercial de Genesis en USA: “Invisible Touch”. No creo que Phil haya elegido en esta gira los temas más representativos de Genesis, pero que sí tuvieron alta efectividad ante el público. Y la gente salta y baila movida por la batuta de un hombre tan hábil que lo logra sentado desde su silla, que arenga con megahits de los años ochenta como “Easy Lover” y la irresistible “Sussudio” para cerrar.
Phil y su banda se retiran, pero todos sabemos que habrá algo más, aunque sea un tema más… y tal como lo previmos, vuelven todos a escena para un último regalo, la canción que cierra el disco “No Jacket Required” y que supo ser una suerte de himno que Phil compuso en homenaje a aquellos a quienes solía extrañar cada vez que salía de gira: suena “Take Me Home” y nos emocionamos una vez más. Nunca será suficiente pero sabemos entender: son casi las 23.30 hs y no tenemos nada de que quejarnos. Phil Collins saluda por última vez en esta noche y se retira lentamente ayudado por su bastón. Gracias por tantos años de música, de sensaciones y de lindos momentos. Gracias una vez más Phil: “Not Dead Yet Live” es el nombre de tu gira, y has demostrado que no estás muerto. Difícilmente alguna vez lo estés.
viernes, 16 de marzo de 2018
Music Corner n° 164 - Duran Duran
"THE WEDDING ALBUM” (1993)
Ave Fénix: a 25 años de la Resurrección
La primera vez que escuché “Ordinary World” quedé deslumbrado. Un amigo me preguntó en aquel momento que tal estaba el nuevo tema de Duran Duran, y yo respondí en forma inequívoca: “Es el nuevo Save A Prayer”. Y eso me generaba una inmensa alegría como fan de Duran, porque por aquel entonces, realmente creía que Duran Duran tenía sus días contados.
El motivo principal para tal creencia era el estrepitoso fracaso que comercialmente significó el lanzamiento de 1990 “Liberty”. Y no es que fuera un disco tan malo como se decía, pero sí era un disco bastante irregular e indefinido. Para hablarlo en términos de vinilo: el lado A era espectacular, el lado B era decepcionante. Y en general, todo artista tiene sus años dorados y después viene un período de decadencia. Algunos logran recuperarse, otros no: si hasta le pasó a U2! En un documental de MTV de fines de los 90’s, Nick Rhodes hablaba de lo mal que le fue a “Liberty” en Estados Unidos, y con honestidad le preguntó al entrevistador, en referencia al público: “¿Por qué no lo compraron?”. “Liberty” contiene dos temas que Simon Le Bon considera de las mejores creaciones alguna vez lanzadas por Duran: “Serious” y “My Antarctica”. A esa lista yo agregaría el track “Liberty” (que fue pensado como tercer corte, pero nunca llegó a serlo debido al escaso interés que despertó el disco). Sin embargo, fue el propio Simon Le Bon quien lo definió alguna vez como un álbum hecho sin concentración y a las apuradas. La reseña especializada de AllMusic.com le pega con un caño: “the group has no idea what direction it wants to pursue”.
En esta novela tiene un rol fundamental el ex Frank Zappa y ex Missing Persons, Warren Cuccurullo. Retrotrayéndonos al año 1986, Warren supo antes que nadie que Andy Taylor (guitarrista oficial de Duran desde sus inicios) no pensaba volver a grabar con Duran Duran (o sea, que iba a dedicarse full time a su carrera solista). Oportunamente Warren pidió una audición para postularse como guitarrista de Duran Duran, y así empezó a formar parte de esta historia. Primero como músico de sesión para los álbumes “Notorious” y “Big Thing”, y hacia 1989, Cuccurullo ya era nombrado miembro oficial. Justo para la época del bajón. He leído alguna vez que el verdadero artífice de “The Wedding Album” fue Warren: cuenta la leyenda que el resto del grupo estaba absorto ante la hecatombe post “Liberty”. En aquellas épocas, John Taylor estaba luchando contra su adicción a la droga, y Simon Le Bon muy desanimado. El futuro no parecía nada brillante. Pero Warren sacudió el avispero, los molestó, los hizo levantarse de la cama, los hizo componer y los hizo grabar. Gracias a él y a Nick Rhodes, hubo otra oportunidad.
Claro, nadie hace magia: cuando para principios de 1992 el nuevo álbum estaba cocinado, hubo que sortear el poco interés de las discográficas en editar nuevo material de un grupo al que había que revivir con electroshock. Pero algunas canciones comenzaron a filtrarse por ese fenómeno en auge que era internet, y mientras viejos fans volvían al redil, nuevos fans se generaron. Para diciembre de1992 “Ordinary World” era lanzado como single (previa difusión por la radio) y los resultados no se hicieron esperar: Duran Duran volvía a existir en el Top 5 de EEUU y en varios otros países del mundo. “Ordinary World” es una balada cálida, con un riff ganchero excelentemente logrado por Warren Cuccurullo. La letra fue compuesta por Simon Le Bon y es la segunda de una trilogía dedicada a su amigo David Miles, que completan otras dos sobresalientes composiciones del cancionero duraní, a saber: “Do You Believe in Shame?” y “Out of My Mind”. El camino allanado por “Ordinary World” fue bien aprovechado y el 11 de febrero de 1993 se edita el disco “Duran Duran”, más conocido como “The Wedding Album”. La recepción fue excelente: desde los años de “Rio” que una producción de Duran no recibía tantos elogios. Con la crítica positiva, el interés del público recuperado y todo el viento a favor, en marzo de 1993 sale un acertadísimo segundo corte, “Come Undone”, segundo top 10 consecutivo en Norteamérica. Esa maravillosa composición iniciada por Cuccurullo y Rhodes iba a formar parte de un proyecto alternativo a Duran, pero cuando Simon Le Bon tomó la posta y empezó a escribir la letra que dedicó a su esposa Yasmin, la suerte quedó echada. Un tema que entró al disco a último momento para darle al mismo un toque más suave y menos dance que como venía perfilando. Tras dos excelsas baladas, el tercer corte sería la energética “Too Much Information”. Siete singles se cortaron en total de esta placa, algunos de los cuales fueron exclusivos para países como Japón, Francia o Brasil.
Ahora más maduros, los Duran comenzaron a ser reconocidos por la misma gente que años atrás los denostaba y solo los consideraba un producto fabricado para calentar colegialas. Con este insospechado giro, la banda reformulaba su imagen para convertirse en un fenómeno del rock respetado por seguidores de otros géneros. Cosecharon así nuevos seguidores no solo entre adolescentes, sino también gente de mediana edad de una década distinta de aquella que había visto a Duran Duran consagrarse como fenómeno masivo a nivel mundial. Fue particularmente notorio el impacto que produjo “The Wedding Album” en Latinoamérica: de la mano de la recientemente iniciada MTV latina, los singles recibieron amplia difusión. Los lazos con América del sur se fortalecieron y los ex chicos salvajes grabaron su primer video por estas tierras, que correspondió al tema “Breath After Breath” a dúo con Milton Nascimento y que se nutría con imágenes de Argentina, Brasil y Uruguay, países por los que estuvieron de gira por primera vez.
Pasaron 25 años de aquella epopeya, de aquel regreso inesperado. Aun así, es bueno tener claro que los altibajos nunca fueron extraños para los Duran, que volvieron a caer con el disco siguiente, perdieron a John Taylor como bajista y se volvieron a recuperar años después, especialmente con el regreso de los 5 miembros originales del grupo en el álbum “Astronaut” (2004), que padeció como contracara la triste partida de Warren Cuccurullo y el final de su ciclo. Como ha quedado expuesto, de estas cenizas el Ave Fénix ha resurgido varias veces… y no dejará de hacerlo.
Ave Fénix: a 25 años de la Resurrección
La primera vez que escuché “Ordinary World” quedé deslumbrado. Un amigo me preguntó en aquel momento que tal estaba el nuevo tema de Duran Duran, y yo respondí en forma inequívoca: “Es el nuevo Save A Prayer”. Y eso me generaba una inmensa alegría como fan de Duran, porque por aquel entonces, realmente creía que Duran Duran tenía sus días contados.
El motivo principal para tal creencia era el estrepitoso fracaso que comercialmente significó el lanzamiento de 1990 “Liberty”. Y no es que fuera un disco tan malo como se decía, pero sí era un disco bastante irregular e indefinido. Para hablarlo en términos de vinilo: el lado A era espectacular, el lado B era decepcionante. Y en general, todo artista tiene sus años dorados y después viene un período de decadencia. Algunos logran recuperarse, otros no: si hasta le pasó a U2! En un documental de MTV de fines de los 90’s, Nick Rhodes hablaba de lo mal que le fue a “Liberty” en Estados Unidos, y con honestidad le preguntó al entrevistador, en referencia al público: “¿Por qué no lo compraron?”. “Liberty” contiene dos temas que Simon Le Bon considera de las mejores creaciones alguna vez lanzadas por Duran: “Serious” y “My Antarctica”. A esa lista yo agregaría el track “Liberty” (que fue pensado como tercer corte, pero nunca llegó a serlo debido al escaso interés que despertó el disco). Sin embargo, fue el propio Simon Le Bon quien lo definió alguna vez como un álbum hecho sin concentración y a las apuradas. La reseña especializada de AllMusic.com le pega con un caño: “the group has no idea what direction it wants to pursue”.
En esta novela tiene un rol fundamental el ex Frank Zappa y ex Missing Persons, Warren Cuccurullo. Retrotrayéndonos al año 1986, Warren supo antes que nadie que Andy Taylor (guitarrista oficial de Duran desde sus inicios) no pensaba volver a grabar con Duran Duran (o sea, que iba a dedicarse full time a su carrera solista). Oportunamente Warren pidió una audición para postularse como guitarrista de Duran Duran, y así empezó a formar parte de esta historia. Primero como músico de sesión para los álbumes “Notorious” y “Big Thing”, y hacia 1989, Cuccurullo ya era nombrado miembro oficial. Justo para la época del bajón. He leído alguna vez que el verdadero artífice de “The Wedding Album” fue Warren: cuenta la leyenda que el resto del grupo estaba absorto ante la hecatombe post “Liberty”. En aquellas épocas, John Taylor estaba luchando contra su adicción a la droga, y Simon Le Bon muy desanimado. El futuro no parecía nada brillante. Pero Warren sacudió el avispero, los molestó, los hizo levantarse de la cama, los hizo componer y los hizo grabar. Gracias a él y a Nick Rhodes, hubo otra oportunidad.
Claro, nadie hace magia: cuando para principios de 1992 el nuevo álbum estaba cocinado, hubo que sortear el poco interés de las discográficas en editar nuevo material de un grupo al que había que revivir con electroshock. Pero algunas canciones comenzaron a filtrarse por ese fenómeno en auge que era internet, y mientras viejos fans volvían al redil, nuevos fans se generaron. Para diciembre de1992 “Ordinary World” era lanzado como single (previa difusión por la radio) y los resultados no se hicieron esperar: Duran Duran volvía a existir en el Top 5 de EEUU y en varios otros países del mundo. “Ordinary World” es una balada cálida, con un riff ganchero excelentemente logrado por Warren Cuccurullo. La letra fue compuesta por Simon Le Bon y es la segunda de una trilogía dedicada a su amigo David Miles, que completan otras dos sobresalientes composiciones del cancionero duraní, a saber: “Do You Believe in Shame?” y “Out of My Mind”. El camino allanado por “Ordinary World” fue bien aprovechado y el 11 de febrero de 1993 se edita el disco “Duran Duran”, más conocido como “The Wedding Album”. La recepción fue excelente: desde los años de “Rio” que una producción de Duran no recibía tantos elogios. Con la crítica positiva, el interés del público recuperado y todo el viento a favor, en marzo de 1993 sale un acertadísimo segundo corte, “Come Undone”, segundo top 10 consecutivo en Norteamérica. Esa maravillosa composición iniciada por Cuccurullo y Rhodes iba a formar parte de un proyecto alternativo a Duran, pero cuando Simon Le Bon tomó la posta y empezó a escribir la letra que dedicó a su esposa Yasmin, la suerte quedó echada. Un tema que entró al disco a último momento para darle al mismo un toque más suave y menos dance que como venía perfilando. Tras dos excelsas baladas, el tercer corte sería la energética “Too Much Information”. Siete singles se cortaron en total de esta placa, algunos de los cuales fueron exclusivos para países como Japón, Francia o Brasil.
Ahora más maduros, los Duran comenzaron a ser reconocidos por la misma gente que años atrás los denostaba y solo los consideraba un producto fabricado para calentar colegialas. Con este insospechado giro, la banda reformulaba su imagen para convertirse en un fenómeno del rock respetado por seguidores de otros géneros. Cosecharon así nuevos seguidores no solo entre adolescentes, sino también gente de mediana edad de una década distinta de aquella que había visto a Duran Duran consagrarse como fenómeno masivo a nivel mundial. Fue particularmente notorio el impacto que produjo “The Wedding Album” en Latinoamérica: de la mano de la recientemente iniciada MTV latina, los singles recibieron amplia difusión. Los lazos con América del sur se fortalecieron y los ex chicos salvajes grabaron su primer video por estas tierras, que correspondió al tema “Breath After Breath” a dúo con Milton Nascimento y que se nutría con imágenes de Argentina, Brasil y Uruguay, países por los que estuvieron de gira por primera vez.
Pasaron 25 años de aquella epopeya, de aquel regreso inesperado. Aun así, es bueno tener claro que los altibajos nunca fueron extraños para los Duran, que volvieron a caer con el disco siguiente, perdieron a John Taylor como bajista y se volvieron a recuperar años después, especialmente con el regreso de los 5 miembros originales del grupo en el álbum “Astronaut” (2004), que padeció como contracara la triste partida de Warren Cuccurullo y el final de su ciclo. Como ha quedado expuesto, de estas cenizas el Ave Fénix ha resurgido varias veces… y no dejará de hacerlo.
martes, 6 de marzo de 2018
Music Corner n° 163 - Pearl Jam
PEARL JAM – “YIELD” (1998): Cediendo el paso a la madurez
Creo que para un conjunto de rock que vende desde sus letras el inconformismo, la frustración o la disidencia, mantener dicha postura es casi natural mientras continúe siendo under. Pero cuando el éxito masifica su música, los estadios más grandes de Norteamérica comienzan a llenarse con sus giras y los carteles de “Sold Out” se convierten en moneda corriente, el proceso de aburguesamiento es prácticamente inevitable. ¿Y entonces?
Era la pregunta que surgía para Pearl Jam en un momento bisagra de su carrera. ¿Cómo encajarían en los oídos de los “Jeremy” del mundo (haciendo referencia al icónico tema del álbum “Ten” sobre un adolescente frustrado e introvertido que decide acabar con su vida) las nuevas líricas escritas por un grupo de muchachos exitosos y adorados por multitudes? ¿O donde estaba ahora el “Disidente” de los años de “Vs”? ¿Seguirían Eddie y sus muchachos en la postura inequívoca de no dormir en la “Cama de Satanás” de la que renegaban en “Vitalogy”? La marginalidad, después de todo, tenía sus beneficios: todos podemos quejarnos desde ese lugar, pero cuando la realidad que nos rodea se modifica ¿cómo nos transformamos?
Este planteo que fue un dilema para muchas bandas (luego acusadas por sus fans de “venderse” al sistema), fue capeado con holgura por Pearl Jam. Aunque aún estaba por verse como lo lograría. Tras la interesante incursión en “No Code”, la producción de 1996 que marcó un cambio de rumbo en la línea artística respecto a entregas anteriores, soplaron vientos de cambio pero era necesario reafirmarse con trabajos que contuvieran la sinergia de los primeros tiempos: furia, calidad y buenas letras. En diciembre de 1997 vería la luz el simple “Given To Fly”, adelanto del próximo disco, que se convertiría en uno de los singles más significativos en la carrera del grupo. Una clásica composición de rock con una buena melodía rabiosa, y la energía de la voz de Eddie Vedder manifestándose intacta. Una oda a la rebeldía adolescente que choca contra muros oxidados pero se regenera para poder seguir desplegando sus alas: relato autobiográfico sobre los golpes que la vida sabe dar.
El quinto álbum de la banda contó nuevamente con la producción de Brendan O’Brien, y sería lanzado el 3 de febrero de 1998 con el título “Yield”. La idea sobre la que giraba esa denominación era la de “Ceder a la naturaleza”, extraída de una novela filosófica del autor Daniel Quinn, “Ishmael”. Y de eso trata en varios pasajes, relacionándose con las catastróficas consecuencias de vivir en una moderna civilización globalizada. Por ejemplo: “I´m the first mammal to wear pants / I am at peace with my lust / I can kill ‘cause in God I trust, yeah” (“Do The Evolution”, tal vez el hit más difundido de este álbum). “Yield” es un disco menos furioso que la trilogía inicial de PJ, pero aun así vuelve en parte a las raíces, y los indicios se muestran desde el primer track “Brain of J.”, donde se renuevan las referencias al control de pensamiento y opresión en el contexto de un clásico hard rock ganchero. Pero a diferencia de “Ten” o “Vs” donde las letras reflejaban una confrontación constante, aquí hay lugar para el optimismo y los sentimientos positivos. Da fe de ello “Wishlist”, la primera canción de Pearl Jam que pudo entrar felizmente en la rotación de radios AOR (Adult Oriented Rock) por su mensaje plagado de buenos deseos y una línea tan positiva como “I wish I was as fortunate, as fortunate as me”. Y no es que Pearl Jam no hubiera hecho temas lentos o mid tempo agradables al oído distraído, pero con letras como “Black” o “Daughter”, el centrismo cristiano bienpensante podía llegar a arder en llamas. Aquí en cambio, tenemos algunos momentos de melancolía y reflexión, donde podemos darnos el lujo de parar y descansar, donde hay concesiones, como “Low Light”, “All Those Yesterdays” o esa gema que es “In Hiding”. Para que los hard fans no extrañen, mezclados con estos pasajes de empatía y buenas vibras encontramos la ya mencionada “Do The Evolution”, una crispada crítica al desenfreno arrasador del ser humano, que nos remite a la ya conocida veta punk de rolas como “Spin The Black Circle” o “Lukin”. Y los clásicos llamados de atención como “Faithfull”, que nos recuerdan que no todo está tan bien como nos hacen creer. Más no estamos solos, y en “No Way” buscamos esa conexión con los demás. Hay mucho engaño: la situación sigue siendo desesperante, los políticos y sus medios masivos conspiran para dominarnos… pero hay esperanza.
Decir que Pearl Jam maduró es algo que, precisamente, cae de maduro. No estaríamos hablando de ellos como uno de los shows en vivo más importantes del planeta de no haber sido así. Si PJ no hubiera logrado ese progreso a mediados de los 90’s, quizás hubiera pasado a ser solo un recuerdo, una más de aquellas bandas que posibilitaron la explosión del grunge como una movida fundamental en la Norteamérica inquieta de Bush padre. Como conclusión y con los años, todo se transformó. Por un lado, Eddie y sus muchachos durmieron finalmente en la “Cama de Satanás”: en 1994 habían declarado una guerra al monopolio Ticketmaster, pero el día de hoy es Ticketmaster quien comercializa las entradas a sus conciertos. Gajes del oficio: no se puede ser más papista que el Papa. Pero desde lo creativo, Pearl Jam también supo cambiar convenientemente de acuerdo a los requerimientos que los tiempos imponen. Los cambios no siempre son bien asimilados y tal vez por eso “Yield” fue un disco muy criticado por algunos medios especializados (AllMusic entre ellos), pero los fans supieron entenderlo y atesorarlo. Por eso hoy en día es uno de los álbumes infaltables en la discografía de Pearl Jam.
Creo que para un conjunto de rock que vende desde sus letras el inconformismo, la frustración o la disidencia, mantener dicha postura es casi natural mientras continúe siendo under. Pero cuando el éxito masifica su música, los estadios más grandes de Norteamérica comienzan a llenarse con sus giras y los carteles de “Sold Out” se convierten en moneda corriente, el proceso de aburguesamiento es prácticamente inevitable. ¿Y entonces?
Era la pregunta que surgía para Pearl Jam en un momento bisagra de su carrera. ¿Cómo encajarían en los oídos de los “Jeremy” del mundo (haciendo referencia al icónico tema del álbum “Ten” sobre un adolescente frustrado e introvertido que decide acabar con su vida) las nuevas líricas escritas por un grupo de muchachos exitosos y adorados por multitudes? ¿O donde estaba ahora el “Disidente” de los años de “Vs”? ¿Seguirían Eddie y sus muchachos en la postura inequívoca de no dormir en la “Cama de Satanás” de la que renegaban en “Vitalogy”? La marginalidad, después de todo, tenía sus beneficios: todos podemos quejarnos desde ese lugar, pero cuando la realidad que nos rodea se modifica ¿cómo nos transformamos?
Este planteo que fue un dilema para muchas bandas (luego acusadas por sus fans de “venderse” al sistema), fue capeado con holgura por Pearl Jam. Aunque aún estaba por verse como lo lograría. Tras la interesante incursión en “No Code”, la producción de 1996 que marcó un cambio de rumbo en la línea artística respecto a entregas anteriores, soplaron vientos de cambio pero era necesario reafirmarse con trabajos que contuvieran la sinergia de los primeros tiempos: furia, calidad y buenas letras. En diciembre de 1997 vería la luz el simple “Given To Fly”, adelanto del próximo disco, que se convertiría en uno de los singles más significativos en la carrera del grupo. Una clásica composición de rock con una buena melodía rabiosa, y la energía de la voz de Eddie Vedder manifestándose intacta. Una oda a la rebeldía adolescente que choca contra muros oxidados pero se regenera para poder seguir desplegando sus alas: relato autobiográfico sobre los golpes que la vida sabe dar.
El quinto álbum de la banda contó nuevamente con la producción de Brendan O’Brien, y sería lanzado el 3 de febrero de 1998 con el título “Yield”. La idea sobre la que giraba esa denominación era la de “Ceder a la naturaleza”, extraída de una novela filosófica del autor Daniel Quinn, “Ishmael”. Y de eso trata en varios pasajes, relacionándose con las catastróficas consecuencias de vivir en una moderna civilización globalizada. Por ejemplo: “I´m the first mammal to wear pants / I am at peace with my lust / I can kill ‘cause in God I trust, yeah” (“Do The Evolution”, tal vez el hit más difundido de este álbum). “Yield” es un disco menos furioso que la trilogía inicial de PJ, pero aun así vuelve en parte a las raíces, y los indicios se muestran desde el primer track “Brain of J.”, donde se renuevan las referencias al control de pensamiento y opresión en el contexto de un clásico hard rock ganchero. Pero a diferencia de “Ten” o “Vs” donde las letras reflejaban una confrontación constante, aquí hay lugar para el optimismo y los sentimientos positivos. Da fe de ello “Wishlist”, la primera canción de Pearl Jam que pudo entrar felizmente en la rotación de radios AOR (Adult Oriented Rock) por su mensaje plagado de buenos deseos y una línea tan positiva como “I wish I was as fortunate, as fortunate as me”. Y no es que Pearl Jam no hubiera hecho temas lentos o mid tempo agradables al oído distraído, pero con letras como “Black” o “Daughter”, el centrismo cristiano bienpensante podía llegar a arder en llamas. Aquí en cambio, tenemos algunos momentos de melancolía y reflexión, donde podemos darnos el lujo de parar y descansar, donde hay concesiones, como “Low Light”, “All Those Yesterdays” o esa gema que es “In Hiding”. Para que los hard fans no extrañen, mezclados con estos pasajes de empatía y buenas vibras encontramos la ya mencionada “Do The Evolution”, una crispada crítica al desenfreno arrasador del ser humano, que nos remite a la ya conocida veta punk de rolas como “Spin The Black Circle” o “Lukin”. Y los clásicos llamados de atención como “Faithfull”, que nos recuerdan que no todo está tan bien como nos hacen creer. Más no estamos solos, y en “No Way” buscamos esa conexión con los demás. Hay mucho engaño: la situación sigue siendo desesperante, los políticos y sus medios masivos conspiran para dominarnos… pero hay esperanza.
Decir que Pearl Jam maduró es algo que, precisamente, cae de maduro. No estaríamos hablando de ellos como uno de los shows en vivo más importantes del planeta de no haber sido así. Si PJ no hubiera logrado ese progreso a mediados de los 90’s, quizás hubiera pasado a ser solo un recuerdo, una más de aquellas bandas que posibilitaron la explosión del grunge como una movida fundamental en la Norteamérica inquieta de Bush padre. Como conclusión y con los años, todo se transformó. Por un lado, Eddie y sus muchachos durmieron finalmente en la “Cama de Satanás”: en 1994 habían declarado una guerra al monopolio Ticketmaster, pero el día de hoy es Ticketmaster quien comercializa las entradas a sus conciertos. Gajes del oficio: no se puede ser más papista que el Papa. Pero desde lo creativo, Pearl Jam también supo cambiar convenientemente de acuerdo a los requerimientos que los tiempos imponen. Los cambios no siempre son bien asimilados y tal vez por eso “Yield” fue un disco muy criticado por algunos medios especializados (AllMusic entre ellos), pero los fans supieron entenderlo y atesorarlo. Por eso hoy en día es uno de los álbumes infaltables en la discografía de Pearl Jam.
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