lunes, 30 de octubre de 2017

Music Corner n° 158 - George Michael

GEORGE MICHAEL – “FAITH” (1987): Top Of The World

A poco menos de un año de la triste e irreparable pérdida que significó la partida de George Michael, se cumplen 30 años de la edición de “Faith”, el disco que lo colocó en la cresta de la ola del pop mundial. Es uno de esos casos donde la vigencia de una obra supera al propio maestro que la ha creado retroalimentándose de su mito: es un hecho que el nombre de George Michael fue revalorizado con el correr de los años, y ha recibido el reconocimiento de todo tipo de fanáticos de la música de los más variados estilos y géneros, y de gente de todas las edades, nacionalidades y razas.

¿Qué fue lo que hizo posible un fenómeno como “Faith” en su momento, y qué fue lo que lo convirtió en un clásico incluso para generaciones que no lo vivieron cuando fue lanzado? Además del acontecimiento en sí, es necesario identificar los prejuicios que existen y existieron en todas las sociedades a lo largo de los tiempos, y que lo contrarestan. Cuando George Michael entrega esta obra maestra a fines de octubre de 1987, él mismo podía catalogarse como una estrella pop en ascenso tanto por sus composiciones como por su rol de sex symbol. El George bronceado, de barba casi dibujada y con chaqueta de cuero motoquera impactó visualmente en forma muy positiva, pero también generó reacciones negativas por tanto exceso de producción. Tras sus gafas de sol destilaba hormonas e incomodaba: el propio George renegaría años después de ese personaje que tan cuidadosamente armó para vender. Pero de algún modo, necesitaba hacer esto para romper con las cadenas que lo ataban a la imagen de Wham!. Y el sonido de ésta nueva etapa ya no era ya más el de Wham!, contra todos los pronósticos acerca de lo que George tenía que hacer para seguir manteniendo su éxito.

Si bien algunos pasajes de “Faith” pueden sonar hoy en día anacrónicos y excesivamente ochentosos, el disco en su generalidad logró una atemporalidad propia de los clásicos. Sin embargo, aquella impronta vintage es la que da ese toque de color a un álbum que también marcó a fuego el dance tan propio de su década. Por ejemplo a través de “I Want Your Sex”, que ofició como single adelanto al ser lanzado en junio de 1987 como parte de la banda de sonido de “Beverly Hills Cop II”. Tan irresistible invitación a la pista de baile ameritó un #2 en Estados Unidos y fue top 5 en varios países del mundo. Dado el tiempo transcurrido hasta que se editó el LP (30 de octubre de 1987), hubo lugar para un segundo adelanto que se convertiría en instant classic y que se coronaría como el single #1 del año 1988 para la revista Billboard: el homónimo del álbum, “Faith”. Una canción corta, simple, muy impregnada de la década del 50 y altamente efectiva. Verdaderamente algo inesperado, ya que cualquier entendido sobre cómo funcionaba el mercado en esos años, sabía que para lograr un éxito seguro George necesitaba solo una balada. Pero las baladas las dejó para después. Y por dios, que baladas…

“Faith” es un disco tan impecable y solo cuenta con 9 canciones, no existiendo desperdicios. Si insistiéramos en seleccionar un tema como el menos relevante, o más “flojo”, quizás elegiríamos “Look At Your Hands”, tal vez de aquellos que suena vintage pero que cuenta con una lírica tan actual como comprometida: la violencia contra la mujer. Honestamente, no hay modo de encontrar un defecto en este disco: lo que no desgarraba el alma desde las letras, nos transportaba a otra época como una máquina del tiempo, o nos obligaba a mover el esqueleto a morir. Los singles cortados luego de “Faith”, que da apertura al álbum, son un mazazo tras otro. “Father Figure” es una canción oscura de amor con tintes posesivos, cuyo video muestra un George que alimenta su imagen de macho duro manejando un taxi y jugando el rol de amante de una modelo que lo elige como fetiche. Porque hay que decirlo: MTV ayudó a construir esa percepción de un George recio. Tan recio, que en el video de “Faith” el mismo George reconoció que se colgó un collar de perlas del hombro de su chaqueta de cuero solo para ablandar un poco su figura.

Hablando de canciones desbordadas de sentimiento, introspectivas y destinadas a la cima de los charts, no existe mejor ejemplo que “One More Try”. Fue el cuarto corte y cierre de un lado A cargado con hits memorables y destinados a ser clásicos. “Cause teacher, there are things that I don’t want to learn / And the last one I had made me cry”: exuda pasión la lírica de un George inspirado como en sus mejores momentos, acompañada por un video donde el divo canta con el cuerpo y con el alma. El lado B era más simple y más efectivo, reservándose un cierre de lujo. “Hard Day” y “Hand To Mouth” eran frescas y bailables, aunque en el caso de “Hand To Mouth” se advertía una letra más dura y comprometida. Se trataba de una fuerte crítica al sueño americano desde la identificación con aquellos excluídos del mismo: “I believe in the gods of America, I believe in the land of the free / But no one told me that the gods believe in nothing / So with empty hands I pray”. De hecho, está canción estaba pensada para ser el corte posterior a “Faith”, pero ante el posible impacto negativo en Norteamérica, fue colocada como cara B de dicho single.

El siguiente tema era el ya mencionado “Look At Your Hands”, seguido por otro track de base netamente funk que sería próximo número 1 en USA, “Monkey”. Editado en julio de 1988 con una versión remezclada y un video que reflejaba escenas de la gira mundial de “Faith”, no había forma que este neo George con tiradores y sombrero adornando su jopo con reflejos no llegara directo a la cima. Y para cerrar la obra maestra, el tema que George se tenía guardado desde antes del último lanzamiento de Wham! Una balada suprema, minimalista y jazzera, que transporta a una década pasada y que constituye uno de los temas del disco que mejor maduró con el paso del tiempo. Una anécdota: “Kissing A Fool” iba a ser el nombre original del álbum, trastocando a último momento a “Faith”.

El resto de la historia es conocida: “Faith” arrasó los charts y los premios correspondientes al año 1988, es considerado hoy uno de los mejores discos de todos los tiempos por distintos medios especializados, y fue número 1 en decenas de países alrededor de todo el mundo certificando ventas por más de 25 millones de copias. La vida de su autor cambió radicalmente después de esta placa, pero la genialidad de George Michael se mantendría intacta y llegarían en el futuro obras de la misma calidad o incluso superior. Pero si se trata de recordar un año a partir de la música que lo marcó, 1988 fue el año de “Faith”.

lunes, 23 de octubre de 2017

Music Corner n° 157 - U2

U2 en el Estadio Único de La Plata, 10/10/2017

NOCHE DE GOLES Y DISCOS QUE SON AMORES

¿Fútbol + rock en un estadio con casi 50 mil personas? Nunca me había pasado algo similar en mi prolongada peregrinación recitalera, y eso en parte fue lo que hizo más especial esta experiencia. Pero no solo eso. El despliegue visual y la posibilidad de ver por primera vez temas que jamás había visto en vivo, constituyeron el otro factor determinante (y fundamental) para que este show revista características de único e irrepetible.

Primero lo primero. Si, otra vez U2 en La Plata, y esta vez en una gira homenaje a la obra que hace 30 años le dio a la banda reconocimiento a nivel mundial: “The Joshua Tree” (TJT). La última vez que estuve en este Estadio llovió durante horas pero hoy las expectativas eran mejores a nivel climático…un poco al menos. A las 19.30 hs se presenta el perfecto aperitivo: Noel Gallagher sale a escena para hacer una presentación corta pero efectiva donde no faltaron los clásicos de Oasis, destacados hits junto a su banda High Flying Birds y hasta un tema nuevo, “Holy Mountain”. El mismo Noel es consciente del partido que se viene, y se retira 20.25 hs antes de ser abucheado (conociendo la pasión futbolera argenta, no me cabe duda que así hubiera sido). Y 20.30 hs empieza el partido Argentina-Ecuador, ultima fecha de las eliminatorias sudamericanas para el Mundial Rusia 2018, y un país al borde del infarto ante la posibilidad de quedarse afuera de tan imprescindible cita deportiva. Si había chilenos en el Estadio, la deben haber pasado bastante mal, pero no es nuestro problema ahora. Solo basta mencionar que el resultado fue el que la inmensa mayoría deseaba, y que la multitud que colmaba el recinto quedó a punto caramelo para que lo que venía hiciera de esta una noche inolvidable.

Lights out para dar lugar a la irrupción de ese redoblante que tan bien conocemos y que no es otro que el de la base de “Sunday Bloody Sunday”, dando arranque al show mientras nuestros cuatro amigos irlandeses aparecen y hacen estallar al público ya cebado por obra y gracia del fútbol. Como buenos irlandeses, simpatizan con la selección argentina gracias a nuestra eterna rivalidad con Inglaterra (algo que Noel Gallagher no compartiría). Pero el fútbol queda atrás, o la euforia generada por los goles de Messi se fusiona con estos clásicos del rock en su más puro estado… quien sabe. Lo importante se que ya se dio el puntapié inicial a la primera parte del espectáculo, sobrecargado con otros 3 demoledores hitazos: “New Year’s Day” es el segundo tema, luego “Bad” (ya el primer snippet de Bowie se hace presente: Bono canta algunos versos de “Heroes”) y “Pride” a continuación. No puedo evitar comentarle al amigo que me acompaña “Si esto empieza así, ¿cómo van a hacer para que no nos embolemos con el lado B de The Joshua Tree?”. No imaginé que había una gran sorpresa dentro de la galera: versiones mejoradas que hicieron que temas buenos del disco pasen a ser excelentes, como veremos en un momento. Por lo pronto, estamos cerrando esta primera parte.

La pantalla de fondo con el contorno del famoso árbol empieza a adquirir un tinte rojizo hasta tornarse incandescente mientras suenan los primeros acordes de “Where The Streets Have No Name”, iniciando el hat-trick de una de las mejores aperturas para un álbum en la década del 80. Las imágenes en pantalla son perfectas, evocativas e inspiradoras, ideales para acompañar la banda de sonido de este increíble álbum. Luego de los más grandes hits de U2 en USA, o sea “I Still Haven’t Found What I’m Looking For” y “With Or Without You”, viene la primera gran rola rockera de The Joshua Tree: la arrasadora “Bullet The Blue Sky” (tan arrasadora que hasta Sepultura ha hecho un cover de este tema), y las imágenes que reflejan una vez más la constante crítica a la mecánica de las primeras potencias mundiales de mantener guerras en países tercermundistas (más en boga aún en plena Guerra Fría, contexto de TJT). Bono no para de hacer política en todo el show, y eso puede ser un punto negativo en algunos momentos, más allá que uno esté o no de acuerdo con el tema puntual del que trate. Se cierra el primer capítulo de TJT con “Running To Stand Hill”, dando lugar a una apertura del lado B distinta, con una nueva versión de “Red Hill Minning Town” recientemente lanzada para el Record Store Day 2017. El que originalmente había sido pensado como segundo single de TJT pero fue reemplazado a último momento por “I Still Haven’t Found”, tiene ahora su digna revancha. Continuamos, como la lógica lo indica, con “In God’s Country”, “Trip Through Your Wires” (excelente versión) y “One Three Hill”, donde en todo momento la banda no deja de hacer honor al concepto que dicho álbum irradia: la admiración por la cultura yankee de la que Bono es víctima incondicional. Y llega entonces otra de las que para mí fue una versión satisfactoriamente sorprendente: la de “Exit”, con una energía cuasi punk, una merecida mayor duración que permite mostrar un Bono más exaltado y filoso, y que da un primerísimo plano de su rostro ante la pantalla gigante, dejando ver que los años han pasado pero que los mismos benefician con toda la experiencia a aquel que sabe absorberla y hacerla carne. Llegamos al final de TJT con el tema que le da cierre. Bono, hábil demagogo, ensalza a los argentinos y nos augura un futuro brillante si trabajamos juntos. Y pretende eliminar la antinomia izquierda-derecha (en pleno auge de “la grieta” argentina), pero lo hace con una canción que dista de ser neutral en sus intenciones. ¿Desconocimiento por parte de Bono del folklore local? Lo dudo. Fin de la segunda parte.

Por supuesto, la última parte del show debía incluir hits de la era post-Joshua Tree (así como la primer parte solo incluyó temas previos). Que mejor que atacar con un “Beautiful Day” que incluya un pasaje de “Starman” de Bowie…no, si no somos tontos. Pegado a esto, dos clásicos que tienen particular llegada al público argentino. El primero es “Elevation”, seguramente ganchero en estas latitudes como cualquier tema que tenga un estribillo muy coreable. Y luego, “Vertigo”, (con “Rebel Rebel”, el tercer de snippet de Bowie esta noche) donde las partes en castellano hacen a las delicias de la concurrencia (y Bono lo sabe, y nos dice: “¿Quieren recibir lecciones de español de una banda irlandesa?”. Qué jugador!). No sé si es necesario aclarar que Bono es un frontman sin igual, su carisma se refleja en un manejo del escenario que cualquier político de alto vuelo envidiaría. Se da el lujo incluso de hacer un extraordinario manejo de cámaras, tanto aquella que permanece fija en el centro del escenario, como otra que hábilmente maneja él mismo a su antojo. Continuamos con el gran estreno de la noche: “You’re The Best Thing About Me” es el single adelanto del próximo álbum “Songs Of Experience”.

Para la despedida, alguito del gran ausente de la noche hasta ahora: “Achtung Baby!”. De esa placa, U2 nos regala dos delicias. La primera es la fantástica “Ultra Violet”, con una sentida dedicatoria a todas las mujeres luchadoras, pero excesivamente politizada a la hora de seleccionar las féminas cuyas imágenes aparecieron en pantalla. Y ahora si, hemos llegado al final, y que mejor que un himno como “One”, aquella oda a la reunificación alemana post caída del Muro de Berlín, aplicable al aquí y ahora de cualquier sociedad como la nuestra. Un adiós con un fuerte mensaje de pluralidad e integración, tan justo y necesario hoy en día. Y tan acertado. Una noche donde un partido de fútbol y unos señores irlandeses que abogan por la eterna reconciliación, nos hicieron olvidar por algunas horas todas nuestras diferencias y disfrutar en comunión una bendición tan grande como es la vida misma. Solo nos faltó el Gracias! (y hasta mañana, para quienes tuvieron la suerte).

jueves, 19 de octubre de 2017

Music Corner n° 156 - Michael Jackson

¿EL NEGRO MALO?

Había una vez un muchachito de raza negra llamado Michael Joseph que tenía ocho hermanos que sabían cantar como él (o capaz que no tan bien, pero no importa), y un padre que los explotaba y maltrataba. De hecho, el fuerte complejo que arrastró por años Michael con su nariz venía de las mofas de su padre, que le atribuía al pequeño una nariz gorda (Michael se ocuparía durante sus años de transformación de afinarla y respingarla). Obediente y sumiso al mandato paterno, formó con sus hermanos un grupo llamado The Jackson Brothers (más conocido en el futuro como The Jackson 5), uno de los primeros grupos de cantantes negros antes de que existieran The Temptations o The Four Tops. Esos fueron los primeros pasos de Michael Jackson, un fenómeno que ni él, ni su padre ni sus hermanos podrían haber predicho.

20 años después del debut con The Jackson 5, era espeluznante el éxito alcanzado por “Thriller”, el disco más vendido de la historia tanto en Estados Unidos como a nivel mundial. El mundo había caído rendido a los pies de Michael Jackson y todos los records le pertenecían: 8 premios Grammy, otros tantos American Music Awards y un total de 37 semanas en el número 1 del Billboard Chart, además de llegar a la cima en casi todos los países del planeta en donde se elaborara un ranking. En diciembre de 2015, “Thriller” certificó 30 discos multiplatino por sus ventas en Estados Unidos y contribuyó a demoler cualquier barrera racial que existiera contra un artista negro en un país históricamente racista.

Estos años de gloria le valieron a Jackson el apodo de “Rey del Pop”, apelativo que fue construyendo desde noviembre de 1982, cuando fue editado “Thriller”, hasta digamos 1985 con la edición del single “We Are The World”, canción de carácter humanitario co-escrita con Lionel Richie y producida por Quincy Jones (de quien hablaremos en breve). Durante ese lapso se produjeron algunos hitos inolvidables en la historia la música pop. Uno de ellos fue el festejo del 25° Aniversario del sello Motown, que hizo estallar la “jacksonmanía” cuando un Michael vestido con una chaqueta negra con lentejuelas y un guante blanco con diamantes, cantó y bailó “Billie Jean” ante los ojos deslumbrados del mundo, que sucumbió ante su “moonwalk” (el paso de baile que supo inmortalizar). Otro hito fue el lanzamiento del video musical para promocionar el single “Thriller”, donde se homenajea al género de películas de terror de zombies, y que se considera al día de hoy el video musical visto por mayor cantidad de gente, además de hacerse con el premio Grammy al mejor video y consagrar a Jackson como una suerte de Dios: nadie bailaba como él.

Por eso, tras un éxito tan masivo y abrumador, Michael Jackson pensó que su siguiente trabajo debería tener un perfil más bajo, más íntimo... Jajaja, mentira! Jacko redobló la apuesta y preparó un disco que apuntaba a conquistar cualquier lugar del universo al que su imagen aun no hubiera llegado. Y lo hizo con una producción mucho más funk y dance que su predecesor, y en algunos aspectos más experimental, pero usando al mismo co-productor con el que ya venía trabajando desde “Off The Wall”: el irremplazable Quincy Jones, y decimos irremplazable porque, curiosamente, co-produjo los reconocidos como mejores discos del mítico “Negro Blanco”. La trilogía “Off The Wall”/”Thriller”/”Bad” marcó a fuego la década del 80 y consolidó a Michael como el indiscutido Rey del Pop.

Estamos en estos días festejando el 30° aniversario de la publicación de “Bad”, que fue lanzado el 31 de agosto de 1987. Si algo le faltó conquistar a Michael Jackson con “Thriller”, “Bad” saldó todas las cuentas pendientes. El single más “flojo” fue el que sirvió de adelanto “I Just Can’t Stop Loving You” a dúo con Siedah Garrett, que por más que hubiera sido la canción más espantosa de la historia, era un hit obligado ante la voraz expectativa que generaba la sola mención de “lo nuevo de Michael Jackson”. Tras ese adelanto, lo que siguió fue un mazazo tras otro. El single “Bad” es hoy recordado como un ícono pop de los 80´s, especialmente por su video dirigido por Martin Scorsese y co-protagonizado por Jacko y Wesley Snipes. Michael se autoproclamaba malo…pero lo que empezábamos a notar, es que ya no era tan negro! Luego vendrían “The Way You Make Me Feel”, “Man In The Mirror” y “Dirty Diana” (en total, cinco números uno consecutivos en el American Top 40). Mientras tanto, en Disneyworld se exhibía en forma exclusiva su cortometraje “Captain Eo”, y para fines de 1988, se estrenaría en los cines de todo el mundo la película “Moonwalker”, una antología musical donde más que una narración continua, se concatenaban una serie de videos cortos inspirados por las canciones de “Bad”. Incluidos los que en aquellos momentos serían sus temas de difusión en USA (“Smooth Criminal”) y en UK (“Leave Me Alone”, que solo se encontraba en la versión CD de “Bad”). El álbum llegaría a cortar 9 singles, o sea que casi todos los temas del disco (salvo 2) serían singles. Este noveno corte contaría en su video con un despilfarro de estrellas del momento, entre las que se encontraban Brigitte Nielsen, Whoopi Goldberg, Jackie Collins, Steven Spielberg, Debbie Gibson, David Copperfield, Dan Aykroyd y John Travolta entre muchísimos otros.

Serían esos sus años dorados. Si bien su siguiente álbum “Dangerous” tuvo una acogida impresionante a nivel mundial y su primer corte “Black Or White” se convertiría en todo un acontecimiento en lo que al video musical refiere (algo a lo que Jackson ya nos tenía acostumbrados), el sonido ya era otro y la influencia que supieron tener sus predecesores no fue la misma. Pero sí desfilaron muchos invitados relevantes, especialmente en los videos que promocionaron el álbum. Es destacable que Michael ya no era el negro malo del disco anterior, sino mas bien un ser algo blanquecino y bueno que se preocupaba no solo por los niños hambrientos sino ahora también por las ballenas. Pero los personajes oscuros e introspectivos de tinte mafioso, misterioso y suburbano como los vistos en “Billie Jean” o “Smooth Criminal” continuaban omnipresentes ahora en “Who Is It”. Y las guitarras rockeras de “Beat It” o “Dirty Diana” ahora estaban en manos de Slash en la rola “Give In To Me”. Muchas fórmulas exitosas se repitieron una y otra vez.

Los escándalos de su vida personal aplacarían la estrella de Michael Jackson hacia fines de los 90’s y 00’s, pero nunca lograrían apagarla. Para el momento de su trágica e inesperada muerte, el “Negro Blanco” estaba preparando un regreso triunfal con la gira “This Is It” que iniciaría en julio de 2009. Pero implacable, la muerte encontró a Jackson el 25 de junio, pocos días antes del lanzamiento de un tour que prometía ser histórico. Sus últimos años no fueron fáciles tras recibir acusaciones de abuso de menores, y su imagen cayó notablemente, siendo incluso objeto de bromas y ridiculizaciones de todo tipo. El legado de Michael Jackson fue más allá de todo esto. Si bien en los juicios por abuso fue declarado inocente, la opinión pública siempre dejó abierta la duda sobre dicha cuestión. Lo cierto es que en muchos aspectos, nos referimos a una persona muy sufrida, introvertida y acomplejada. Podemos permitirnos bromear con sus cirugías, el cambio de su color de piel y los múltiples desatinos de su vida privada… Pero tras su partida y con el paso de los años, la balanza se sigue inclinando cada vez más hacia el lado de sus logros, su influencia y su carisma sin igual. Fue una pena perderlo con tan solo 50 años.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Music Corner n° 155 - The Verve

THE VERVE – “URBAN HYMNS” (1997): La fábula agridulce

Cuando Oasis reinaba sobre Inglaterra, cualquier cosa que salía de la boca o la escritura de Noel Gallagher merecía como mínimo un análisis detallado. Y que pudo ser mayor espaldarazo para Richard Ashcroft que recibir una dedicatoria dentro del disco que hacía furor en 1995, “(What’s The Story) Morning Glory?”. La referencia corresponde a la canción “Cast No Shadow”, y dice Noel que cuando se la cantó por primera vez, Richard se emocionó al borde de las lágrimas. Oasis había sido telonero de The Verve en 1994 y dos años después habían pasado al frente.

Lamentablemente The Verve no estaba pasando por su mejor momento a nivel humano, pese a las críticas positivas y el apoyo de los fans. Tras la publicación de su segundo álbum “A Northern Soul” (la canción que da título al disco sería una devolución de gentilezas de Richard Ashcroft a Noel Gallagher), la banda se separaría por tres meses. Ashcroft se dio cuenta que no podían desperdiciar la oportunidad que se les estaba presentando: el sonido del cual habían sido en parte precursores, estaba arrasando en Gran Bretaña y la ola parecía no detenerse. Por ese motivo se esmeró en volver a unir a la banda, pero la negativa de Nick McCabe pareció ser terminante. Ni lerdo ni perezoso, Richard juntó a lo que quedaba del grupo e incorporó a Simon Tong en reemplazo de Nick en la guitarra. En el medio de la grabación del siguiente álbum, McCabe volvió a sumarse al grupo sin que Tong se retirara, y así dieron forma entre todos (junto a Simon Jones en bajo y Peter Salisbury en batería) a su obra “Urban Hymns”.

El 16 de junio de 1997 saldría como adelanto el hit que le representó a The Verve un éxito sin precedentes y que alcanzó ambos lados del Atlántico: la inmortal “Bitter Sweet Symphony” sigue siendo hoy en día una de esas melodías que puede agradar a cualquier oído y que el paso del tiempo no desgasta. La controversia que generó tampoco había tenido semejanzas: el riff en el que estaba basada “Bitter Sweet Symphony” provenía de uno muy similar del tema “The Last Time” de The Rolling Stones (1965). Si bien se había solicitado permiso para su uso, los poseedores de los derechos entendieron que se había ejercido un abuso y la cuestión llegó a la corte. Finalmente, aunque la canción había sido escrita por Richard Ashcroft en su totalidad, se dispuso que los créditos se compartieran con Mick Jagger y Keith Richards. Todo esto resultó anecdótico a la hora de medir las puertas que este sencillo abrió para The Verve. El siguiente corte, la conmovedora e intensa “The Drugs Don’t Work”, fue el primer hit #1 de The Verve en el chart británico, lanzado unos días antes de que el nuevo álbum viera la luz.

Con estos antecedentes, “Urban Hymns” se mantuvo en la cima del UK chart durante 12 semanas. El disco es extraordinario desde su inicio. Abriendo con “Bitter Sweet Symphony”, las expectativas son inmejorables, y de hecho, los primeros 4 temas conforman una de las más sobresalientes aperturas en la historia del rock alternativo. El segundo track es la balada mid-tempo “Sonnet” y con una estructura de base similar a “The Drugs Don’t Work” en cuanto al uso de guitarra acústica y eléctrica, y la presencia de una sección de cuerdas (principalmente de violines). Una canción bellísima. A continuación, una rola asombrosa y bien cargada de un poder eléctrico rockero que la primera vez que escuché me trajo reminiscencias a Ozzy Osbourne: la hipnótica y saturada “The Rolling People”. Y para cerrar el cuarteto de bienvenida, la ya conocida “Drugs Don’t Work”: un clásico instantáneo. El disco no puede evitar tener una ligera caída luego de este despliegue, pero la misma es insignificante siendo que el paisaje sonoro se expande en diversos momentos como “Weeping Willow”, “One Day” o el tercer single “Lucky Man”, alcanzando picos notables que nos permiten llegar intactos el magnífico cierre que nos brinda “Come On”, palpitante y empapada de esas guitarras rockeras que tan bien supo imprimir The Verve.

Era el disco que conjugaba a la perfección todo el sonido que habían luchado por conseguir desde los mismos inicios como grupo. Y el reconocimiento no fue mezquino, ya que en 1998 The Verve se alzó con los dos premios mayores en los Brit Awards: Mejor Grupo Británico y Mejor Álbum (venciendo a pesos pesados del momento como Oasis y Radiohead), y la bienvenida al mercado norteamericano incluyendo una nominación al Grammy para “Bitter Sweet Symphony”. Pero la banda no pudo soportar el trajín del éxito masivo, y sobrevino la separación por segunda vez. Richard Ashcroft se embarcó en su primer álbum solista, y Simon Jones junto a Simon Tong formaron un supergrupo llamado The Shining en compañía de John Squire (ex guitarrista de The Stone Roses). The Verve tardaría 8 años en volver a juntarse para grabar “Forth”, un digno sucesor del hoy clásico “Urban Hymns” que cumple 20 años este 29 de septiembre.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Music Corner n° 154 - Primal Scream

PRIMAL SCREAM – “VANISHING POINT” (1997): Una experiencia envolvente y lisérgica.

Aquel 24 de abril de 1998 nos encaminamos con un grupo de amigos a Museum, en San Telmo. Yo no dominaba mucho el material de Primal Scream por aquel entonces, pero si los había oído nombrar con frecuencia. Visto a la distancia, puedo parecer peligrosamente poco culto por confesar que en abril del ‘98 aún no había escuchado entero “Screamadelica”, pero nadie es perfecto. Puedo decir a mi favor que después de experimentar a Primal Scream en vivo aquella noche, al día siguiente no dudé en ir corriendo a mi disquería de cabecera (por aquellas épocas, “El Oasis” en Belgrano) a adquirir mi ejemplar de “Vanishing Point”. Años después caería en la cuenta de que de las veces que tocaron en Buenos Aires, aquel fue el mejor show ofrecido y tenía mucho que ver con que probablemente la banda presentó el mejor álbum en su haber. Sí, creo que “Vanishing Point” es mejor que “Screamadelica”, y si tuviera que hacerlo competir por el primer puesto con alguno de sus otros discos, sería con el demoledor “XTRMNTR” que lo sucedería.

Bobby Gillespie y sus muchachos se lucieron en esta ocasión. Tras considerar seriamente la disolución luego del fracaso del decepcionante “Give Out But Don’t Give Up” (1994), y con algunos cambios de formación (Gary “Mani” Mounfield, ex Stone Roses, en el bajo y Paul Mulreany en batería), “Vanishing Point” es lanzado en julio de 1997. El single adelanto había salido en mayo y significó el regreso del grupo al Top 10 británico: “Kowalski”, una hipnótica rola trip-hopera que incluye samples de “Halleluhwah” de CAN y “Get Off Your Ass and Jam” de Funkadelic. Densa, oscura y atrapante, permitió al flamante integrante Mani lucirse con una línea de bajo grandiosa. “Kowalski” fue promocionada con un video que se jactaba de contar con la presencia estelar de la supermodelo Kate Moss. A decir verdad, el adelanto más temprano había sido un año antes, cuando acertadamente Primal participó en la banda de sonido de “Trainspotting”, una de las más exitosas de 1996, y ni más ni menos que con el tema que daba nombre al film.

El quinto álbum de Primal Scream es una elegante combinación de distintos géneros como el ambient, el dub y el krautrock, felizmente orientados hacia el club dance londinense de aquellos años. De modo que se supieron rescatar algunas fusiones que ya se habían destacado en “Screamadelica”. La reverberación en el sonido de las guitarras y los teclados psicodélicos imprimen a la obra una resonancia envolvente y lisérgica, bien trippy como las tendencias del bullicio under supieron imponer. Optima apertura del disco con “Burning Wheel” y nuevamente Mani en primer plano con una canción de ritmo marcado, toques dub y reminiscencias al pop de los 60’s. Tras el hit “Kowalski”, sobreviene el momento más exquisitamente sinestésico de la placa que es “If They Move, Kill ‘Em”, sin desmerecer la narcótica “Stuka”, otro espacio magnético con tufillo a raga rock promediando la mitad la producción. No falta un instante extremadamente “rolinga” como “Medication” para quebrar tanto éxtasis, que emula al hit “Rocks” de su lanzamiento anterior, pero a no asustarse: en la dosis justa cae bien. “Motorhead” es el típico dance rock track donde Primal se da el lujo de saturar guitarras sobre un ritmo adictivo. Entremezclados con los referidos remolinos de acid rock, se encuentran momentos calmos e instrumentales como “Get Duffy” o la ya mencionada “Trainspotting” para equilibrar: un pasaje cannábico en el medio de tanta electrónica acida.

Las críticas fueron positivas tanto del público como de la crítica especializada. NME lo consideró un disco brillante. Llegó incluso a ser incorporado en el libro “1001 Albums You Must Hear Before You Die” (2005). Alcanzó el puesto número 2 en el ranking británico, certificando Oro tanto en UK como en Japón. Lo más significativo es que Primal Scream revalidó con esta producción todo el crédito que se creía dilapidado años antes. “Vanishing Point” pudo haber sido para el futuro de la banda lo que su nombre literalmente indica, pero fue lo contrario. Ironías de la vida.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Music Corner n° 153 - Muse

LA ULTIMA GRAN BANDA DE ROCK

Supermasivos llegaron a ser, a todos sorprendieron y tuvieron con qué hacerlo. Una banda que alcanza popularidad en plena intrascendencia globalista del nuevo milenio y lo logra ejecutando un rock indie/alternativo que por momentos rinde tributo a la música progresiva que tanto supo enriquecer los años 70 salpicándola con pasajes de rock espacial y electrónica, algo debe aportar. La evolución de Muse es digna de ser destacada. Hay bandas que hacen siempre lo mismo: algunas de ellas son criticadas por eso, y curiosamente otras son alabadas por la misma razón. El verdadero desafío consiste en crecer profesionalmente, darse el lujo de reflejar ese avance en cada nueva producción, y para colmo recibir con el tiempo la aprobación de cada vez más público alrededor del mundo.

Se conserva aún la furia propia de sus primeros EP’s y de “Showbiz” (1999), y pese a los años transcurridos algunos himnos como “Unintended” o “Uno” no pierden vigencia ni dejan de ser momentos tremendamente festejados al ser revividos en un show. Contemporáneo de una época donde la adolescencia se sufría como un desgarro de soledad y perspectivas oscuras ante un futuro incierto, su segundo álbum “Origin Of Symmetry” (2001) profundizó el camino de un estilo lírico que fácilmente podría identificarse con la movida Emo que por aquellos años sabía incorporar cada vez más jóvenes a sus filas. Sin embargo, la melancolía y oscuridad que supo imprimir Matt Bellamy a sus composiciones distan de estar emparentadas exclusivamente a una tribu urbana. Con el transcurrir de los años y los discos, sobrevinieron tres obras maestras: “Absolution” (2003), “Black Holes And Revelations” (2006) y “The Resistance” (2009), donde los límites de cada integrante en particular y de la banda en su conjunto parecen expandirse hasta lo inimaginable. Así quedaría plasmado en su placa en vivo “HAARP” (2008). Inalterables en su esencia, sus dos últimos lanzamientos “The 2nd Law” (2012) y “Drones” (2015) supieron mantener el nivel alcanzado previamente.

Y es que Muse ha sabido plasmar influencias de una forma tan natural como excelsa, y procesarlas de un modo exquisito para instaurar así un sonido que hoy podemos considerar propio. Nunca olvidaré la primera vez que escuché al maravilloso trío de Teignmouth: fue en febrero del año 2000. En aquellas épocas existía en una radio FM una repetidora de la BBC de Londres que solía hacer un repaso del British Chart de la semana y mencionaba algunos nuevos lanzamientos. Allí fue donde presentaron a Muse y ni bien oí los pianos introductorios de “Sunburn” (el primer tema que escuché de Muse en mi vida) supe al instante que se trataba de algo distinto, y promediando el tema estaba convencido de que estaba ante la presencia de los nuevos Radiohead. Matt Bellamy comenzó a tocar el piano a los 6 años y la guitara a los 11. En cuanto al piano, el influjo de Sergei Rachmaninoff y de otros compositores clásicos del romanticismo (Chopin, Liszt) se percibe en múltiples pasajes a lo largo de su carrera, desde “Space Dementia” (2001), pasando por “I Belong To You” (2009) y hasta “Explorers” (2012), entre tantos otros ejemplos. La habilidad con que Bellamy maneja la guitarra merece un capítulo aparte, siendo reconocido por medios especializados como uno de los mejores guitarristas de los últimos 15 años. Adicionemos a estas cualidades la del rango vocal de un tenor (incluidos sus famosos vibratos y falsetes) y la excentricidad de un frontman excepcional.

Habiendo hecho un paneo de lo que a la cuestión musical refiere, el otro factor descomunal en la holística de Muse es la temática de sus letras. El clamor constante por la libertad, el libre albedrío, la necesidad de romper las cadenas de un sistema autoritario que nos engaña y nos deglute, y una constante denuncia contra las teorías conspirativas. Odas contra la corrupción y el deseo del ardor eterno para quienes la ejercen en “Take A Bow”, proclamaciones de victoria contra el control imperante y la opresión en “Uprising”, llamados de atención sobre el tiempo para emanciparnos que está llegando a su fin en “Supremacy”. Solo ejemplos de la impronta que Muse transmite desde sus creaciones. Canciones introspectivas que reflejan la soledad, insignificancia y alienación del individuo y las dificultades de las relaciones humanas, fueron más propias de los primeros tiempos, para tornar con posterioridad hacia la política, las guerras catastróficas y el Apocalipsis. La influencia de la obra de George Orwell (por ejemplo, en “Citizen Erased” o “Resistance”) se hace constantemente presente ante la disyuntiva opresión/levantamiento, y el lavado de cerebros como herramienta del poder. “Kill yourself, come on and do us all a favour”, le pedimos a todos los psicópatas del mundo en la canción “Animals”.

Casi dejamos a propósito para el final la mención de un detalle: los compañeros de ruta de Matt Bellamy son Chris Wolstenholme (bajo, teclados y voz) y Dominic Howard (batería y percusión). Si bien la gran mayoría de las composiciones corresponden a Bellamy, sus compadres han sabido dar el toque justo para convertir a Muse en la banda que es hoy, gracias a su particular capacidad interpretativa y virtuosismo. Los tres recibieron el reconocimiento por su trabajo en el campo de la música en el año 2008: la Universidad de Plymouth nombró Doctor Honoris Causa a cada uno de ellos. ¿Premio exagerado? Así lo consideraron los beneficiarios, mas algunos creemos que no lo es.

De este modo llegamos a una actualidad con mucho futuro. Recientemente editado el single “Dig Down”, una suerte de “Madness” reciclada cuyo objetivo es contrarrestar la negatividad brindando optimismo y esperanza, se anticipa un nuevo álbum para el 2018. Demasiado tiempo para los fans. Necesitamos más poesía paranoica, arrogante y densa musicalizada con deslumbrantes arpegios, arreglos orquestales finos y riffs apasionados dentro de monumentales sinfonías posmodernas. Esperemos ser bendecidos con otra obra de categoría, y por qué no, con otra gira que nos incluya en su itinerario.

viernes, 21 de julio de 2017

Music Corner n° 152 - Guns n' Roses

"UN PARAISO ATEMPORAL"

Siempre había sido un niño pop pero mis pequeños oídos guardaban cierta simpatía por el metal, o por lo que a modo general se colocara en la gran bolsa del metal. Los años 80´s habían ofrecido un interminable bagaje de bandas de muchachos carilindos con peinados que abusaban del spray y se excedían de maquillaje. Eran las épocas donde las chicas miraban con desconfianza a bandas como Whitesnake o Def Leppard, pero caían enamoradas ante cualquier balada que entonaran estos pelilargos. Uno se hacía entonces a cierta idea de cómo debía “pintar” una bandita metalera en los años en que Bon Jovi dominaba comercialmente dicha escena.

Pero llegaron estos chicos algo distintos. Recuerdo que en mi primer viaje a Miami en febrero de 1988, fanático del Top 40 Americano, obtenía fácilmente en los kioscos algo que en Argentina tanto había que patear para conseguir: la revista Billboard. Botín en mano, me subí al auto de mis viejos y la hojeaba con apetito (aún no por la destrucción), hasta que llegué a la contratapa y vi… a estos chicos. Algo distintos. De hecho, me chocaron un poquitito, y pensé “¿Quiénes son estos???? Están hechos mie***!!!!”. Era la publicidad de “Appetite For Destruction”, y no sabía que estaba viendo el primer indicio de algo que en pocas semanas me iba a partir la cabeza.

Estos chicos eran Steven Adler, Duff McKagan, Saul Hudson (más conocido como Slash), y los fundadores del grupo Izzy Stradlin y Axl Rose. Obtendrían fama mundial como Guns n’Roses, banda que se había formado en 1985 en Los Angeles, California, con ex miembros de otras dos bandas: L.A.Guns y Hollywood Rose. Estos chicos también habían seguido el camino marcado por Bonjo en un principio… aunque solo a nivel imagen. El primer video que MTV difundió había sido “Welcome To The Jungle”, con un Axl Rose más maquillado y con el pelo rubio y más inflado que Alex, el león de Madagascar. Claro, solo eso, porque musicalmente, “Welcome To The Jungle” tenía más energía que 20 “Living On A Prayer” juntos. Eran definitivamente más sucios que lo mainstream de aquella época y menos aptos para la cima de los charts que muchachos como los de Poison o Warrant. Traían una imagen más mugrosa, callejera y sin maquillaje, características de lo que se conocería como sleaze rock. Pero tranquilos, iban a llegar.

En momentos donde la pelota del #1 en USA se pasaba de Rick Astley a Michael Jackson o de Debbie Gibson a George Michael, “Sweet Child O’Mine” alcanzó la cima. Fue en septiembre de 1988, durante dos semanas, y se convertiría en un clásico para toda la eternidad. Mientras esto sucedía, Axl Rose y su banda hacían lo que toda verdadera banda de rock debe hacer: quilombo a mansalva. Durante sus giras con The Cult y posteriormente con Mötley Crue, Slash destruyó una habitación de hotel en Dallas, Axl se arrojó del escenario para trompearse con un guardia de seguridad en Los Angeles, Steven y Duff fueron expulsados tras una pelea en un bar en Michigan, y por supuesto, los problemas con alcohol y drogas eran una constante. Pero nada de esto detenía el ascenso de Guns n’ Roses, cuya siguiente gira sería con el mítico Alice Cooper.

La razón primordial de semejante éxito era que “Appetite”, el álbum debut de la banda, era uno de los mejores álbumes no solo de ese año, sino de la década en lo que a hard rock refiere. Lo curioso es que el éxito masivo llegó más de un año después de la salida de la placa, que había sido editada el 21 de julio de 1987. El primer single “It’s So Easy” fue el anticipo, publicado en junio de ese año, y “Welcome To The Jungle” salió en octubre, pero ambos pasaron desapercibidos en los charts (“Welcome” sería reeditado con éxito un año más tarde). Aun así, las canciones de “Appetite” calaron hondo y hoy en día son conocidas casi en su mayoría por rockeros de todo el mundo. Las letras trataban sobre disconformidad social, problemas con la ley y por supuesto, alcohol, drogas y mujeres. Como “Nightrain”, un himno a un vino barato que solían beber cuando no había otra cosa. O “Out Ta Get Me”, sobre la rivalidad de Axl con la justicia durante su adolescencia. O “Mr Brownstone” que describe los problemas de la banda con la heroína. Y por supuesto, existen muchas anécdotas divertidas alrededor de la composición de algunos temas, como la de “Paradise City”. Slash cuenta que dicha canción fue escrita en una camioneta alquilada para una gira mientras bebían, y Axl súbitamente cantó “Take me down to the Paradise City”, lo que Slash continuó con un muy gracioso “Where the girls are fat and they got big titties”, línea que posteriormente fue cambiada por la que hoy en día todos conocemos: “Where the grass is green and the girls are pretty”.

La idiosincrasia de aquella época hizo que, en apariencia, los Guns se vieran como una banda de vagos esmerados en romper con la corrección política y permanentemente se metieran en dificultades y conflictos más allá de sus excesos provocados por sustancias y cuestiones de personalidad. Pareció una característica de su forma de proceder el lograr el escándalo o la prohibición. Por ejemplo, desde el cover mismo del álbum, que originalmente mostraba la imagen de una mujer que acababa de ser violada por un robot monstruoso. Dicha tapa fue cambiada por la posteriormente conocida que mostraba la cruz latina y las calaveras que representaban a los 5 miembros de la banda. Por supuesto, dicha portada no pudo evitar verse adornada por el tan conocido sello de “Parental Advisory/Explicit Content”.

El álbum supo plasmar las influencias de bandas como Led Zeppelin o Aerosmith, y mezcló elementos del hard rock con el glam y el heavy metal. Gracias a la popularidad de este álbum, muchas bandas de garage rock se formarían y algunas otras alcanzarían el éxito, como L.A.Guns (rebooteada), Skid Row o Faster Pussycat, hasta que el grunge y el indie rock llegarían con dureza implacable para arrebatar el trono a toda esta movida. Por su lado, Guns n’ Roses viviría tiempos de gloria y vendería con los años más de 150 millones de discos en todo el mundo. “Appetite For Destruction” cumple 30 años este mes de julio, y aunque pasen las décadas, los clásicos quedan. Como un ideal, como un sueño: una ciudad Paraíso en la que el tiempo no transcurre.