miércoles, 27 de diciembre de 2017

Music Corner n° 161 - George Harrison

GEORGE HARRISON – “CLOUD NINE” (1987): El regreso a las ligas comerciales

Después de la edición de “Gone Troppo” en 1982 (que comercialmente no caminó), George Harrison se relajó y pasó unos años de solaz, esparcimiento y escaso trabajo. Un tema para la película “Porky’s Revenge”, un trabajo para un álbum de Bob Dylan, conciertos de caridad, y una participación en el estrepitoso fracaso “Shanghai Surprise” (1986), patético film protagonizado por los tortolitos Madonna y Sean Penn para el cual Harrison compuso dos temas. Y no mucho más hasta inicios del ’87, cuando reingresaría a estudios de grabación.

Harrison se sentía apartado del sonido de los tiempos que corrían, así que solicitó la ayuda de Jeff Lynne (Electric Light Orchestra) para aggiornarse. Esta sociedad trabajó en las composiciones de “Shanghai Surprise” pero aportó también otras que formarían parte del primer álbum de George en cinco años. Las nuevas creaciones provendrían en gran parte del uso de la técnica conocida como overdubbing: se trata de escuchar grabaciones preexistentes con los auriculares mientras simultáneamente se toca con un instrumento una nueva línea de acompañamiento, la cual es grabada como una nueva base, combinando a veces la misma con segmentos de la pista original. Entre enero y marzo se grabaron 17 nuevos tracks que posteriormente fueron pulidos, para terminar con todo el trabajo hacia agosto de ese año. Durante estas grabaciones, desfilaron por el estudio Friar Park músicos de la talla de James Keltner (mítico baterista de sesión que en el futuro sería miembro de los Traveling Wilburys), Ringo Starr, Eric Clapton y Elton John. Entusiasmado por los resultados obtenidos, Harrison se preparaba para su gran regreso y se presentó en el Prince’s Trust Concert el 5 de junio de 1987 con una recordadísima versión de “While My Guitar Gently Weeps” junto a Clapton, Starr, Elton John, Jeff Lynne, Phil Collins, Mark King y Jools Holland. Era el ex guitarrista de los Beatles preparando el terreno para lo que vendría.

Curiosamente, el adelanto del disco sería un tema originalmente grabado en el año 1962 por James Ray (compuesto por Rudy Clark): Harrison compró una copia del disco de Ray en 1963 en una visita a USA. James Ray moriría por una sobredosis en 1964, pero más de dos décadas después, la versión de George Harrison de “Got My Mind Set On You” sería un éxito abrumador que llegaría al #1 en 18 países en todo el mundo. Fue lanzado como single el 12 de octubre de 1987, un mes antes que el álbum que lo contendría. Sería el tercer y último número 1 de Harrison en Estados Unidos, además de colocarse como tema #3 del año en el ranking Billboard de 1988 y de revalidar las credenciales de su intérprete como artista mainstream.

El 2 de noviembre se editaría “Cloud Nine” y sería alabado por la crítica: la revista Rolling Stone lo consideraría su mejor producción desde “All Things Must Pass” (1970). Fue una elaboración compacta y pulida, un regreso sobresaliente con 11 canciones puramente “harrisonianas” pero con agradables reminiscencias a ELO. Las condiciones de Harrison como compositor, cantante y guitarrista estaban intactas. Los siguientes cortes del disco, si bien no fueron éxitos comerciales de la talla de “Got My Mind Set On You”, si fueron excelentes elecciones: “When We Was Fab”, un autohomenaje a los años con The Beatles, y “This Is Love”, un anticipo del próximo megaproyecto The Traveling Wilburys que vería la luz en octubre de 1988. Varias otras canciones descollaban a lo largo del álbum, entre ellos: la excelsa balada “Someplace Else”, previamente incluida en la banda de sonido de “Shanghai Surprise”; “Devil’s Radio”, una rola muy ganchera que si bien no fue corte se lanzó como single promocional; o “Wreck Of The Hesperus”, otro de los momentos donde Clapton tuvo oportunidad de lucirse.

Sería este el penúltimo álbum de estudio de Harrison. Recién en el año 2002 saldría “Brainwashed” (su décimo álbum), el disco póstumo editado un año después de su fallecimiento a la edad de 58 años. “Cloud Nine” dejó una huella indeleble y se convirtió en una producción necesaria a la hora de repasar las mayores conquistas del magnífico Dark Horse.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Music Corner n° 160 - The Sex Pistols

NO ES MÚSICA: ES CAOS

Johnny Rotten describió el contexto social inglés en los años 70 como algo deprimente. Desempleo, basura en las calles, abandono, huelgas... Y en contraposición, la monarquía. Ese fue el caldo de cultivo del punk, que gracias a The Sex Pistols, tomaría a Londres por asalto e iniciaría el gran movimiento contracultural que marcaría a fuego su época ante los ojos escandalizados de la sociedad civil y la nobleza.

Sex Pistols se formó en Londres en 1975, pero para cuando llegó la hora de editar su primer y único álbum en octubre de 1977, la formación original ya había mutado: así de caótica y desenfrenada fue la breve historia de esta banda, pero no por eso menos relevante. Malcolm McLaren sería el carismático manager de los Pistols. Los próceres del estallido fueron John Lydon (alias Johnny Rotten, voz), Steve Jones (guitarra y bajo), Paul Cook (batería), Glen Matlock (bajo), y por supuesto, ese mamarracho conocido como Sid Vicious (también bajo). Este último personaje ya había formado filas en otras bandas del ambiente punk de aquel entonces como Siouxsie & The Banshees y The Flowers of Romance. Su corta pero deslumbrante presencia en The Sex Pistols fue como uno de esos rayos que ilumina el cielo durante una cargada tormenta eléctrica, desatando un trueno que hace vibrar los mismos cimientos del planeta Tierra.

Johnny Rotten tampoco era precisamente un personaje de una película de Disney: el día que Bernard Rhodes (colaborador de Malcolm McLaren y futuro manager de The Clash) conoció a Johnny, el mismo vestía una remera de Pink Floyd adulterada, donde arriba del nombre de la banda había escrito “I Hate” (Yo odio a), con los ojos de los integrantes de PF perforados. Rotten tenía el pelo teñido de verde y cuando empezó a hablar, a Rhodes le pareció un auténtico imbécil. Pero con una cara y una actitud muy particular: todo cerraba. Antes de llegar a las bateas de las disquerías, Sex Pistols contaba con varios seguidores entre los que se contaban Siouxsie Sioux o Billy Idol. También fueron una influencia fundamental para Howard Devoto y Pete Shelley, que después de haber asistido a un show de los Pistols fundaron la mítica banda Buzzcocks, o para Joe Strummer (futuro líder de The Clash). Por el contrario, Johnny Rotten no solo no reconoció sino que encima bastardeó a un disco fundacional del punk como fue el debut de los Ramones en abril de 1976: cosa de megalómanos. Para agregar más notas de color a tan particular historia, Steve Jones declaró en la primera reseña que le dedicó New Musical Express a la banda: “Actually we’re not into music: we’re into chaos”. Y no mintió: todo era un despelote.

En este contexto, sale a la calle en noviembre de 1976 el primer single “Anarchy In The U.K.”: anarquía entendida como destrucción, un verdadero llamado a las armas, fiel al estilo de vida que desarrollaban estos trastornados muchachos. A comienzos del año siguiente la discográfica EMI rompe contrato con los Pistols después de una serie de blasfemias por parte de Steve Jones en una entrevista televisiva que causó alto revuelo. Firman contrato con A&M Records para lanzar su segundo single. En esos días se incorporaría Sid Vicious a la banda tras la partida de Matlock en febrero. Lo curioso es que Vicious era baterista y no sabía tocar el bajo… pero era amigo de Johnny Rotten, así que con eso era suficiente! Nadie asegura que alguna vez aprendiera a tocarlo: básicamente era un incompetente. De hecho, para cuando se grabó el disco, Matlock fue invitado a tocar el bajo como músico de sesión, además de Jones que tocó guitarra y bajo: todo para tapar los pifies de Vicious. Para mayo del ‘77 salía como simple “God Save The Queen” y ahí ya llegarían al puesto #2 en el UK singles chart, pese a ser prohibida su difusión por la BBC y por varias radios. En julio saldría “Pretty Vacant”, con otro alboroto por culpa de la forma en que el buen Johnny pronunciaba la palabra “Vacant”, que fonéticamente hacía sonar la sílaba “cant” como “cunt” (vagina en inglés vulgar). Los 4 cortes del disco saldrían antes que “Never Mind The Bollocks, Here’s The Sex Pistols”, que finalmente se editaría el 28 de octubre de 1977. Ya de por sí usar la palabra “bollocks” (testículos) para el título de un álbum, era una cachetada al buen gusto. Rotten explicó el título de la placa como una expresión de la clase trabajadora para decir “Dejá de hablar pavadas”. Hubiera sido mejor que usaran el título que originalmente se pensaba, “God Save Sex Pistols”.

Aunque “mejor” según lo que decimos acá, ya que de todas formas el disco llegó al número 1 del ranking inglés. Con toda la conmoción generada cada vez que los Pistols hacían un show, una entrevista en una revista o un programa de televisión, no paraban de garantizar que los medios se la pasen hablando de ellos criticándolos, y logrando de esa forma que la banda tuviera cada vez más éxito. Pero muy poco sobrevivirían los Pistols a su primer y único disco. Las giras estaban cargadas de peleas internas, drogas en exceso y un público combativo como pocos que aseguraba siempre que todo terminara en una batalla campal. Rotten se llevaba cada vez peor con Jones y Cook, y Sid Vicious era ya un adicto a la heroína junto a su novia la groupie Nancy Spungen. La banda se separaría a comienzos de 1978, tras finalizar a duras penas su gira norteamericana. Fue prácticamente una profecía autocumplida: ellos solo proclamaban anarquía y destrucción, era lógico que la vorágine que iniciaron terminara fagocitándolos a ellos mismos. Al fin y al cabo, de eso se trata el punk! Pero no se puede negar que el legado de Sex Pistols trascendió por años luz a su corta vida como banda activa.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Music Corner n° 159 - INXS

INXS – “KICK” (1987): Una patada a la australiana

Un amigo heterosexual me dijo una vez: “El único hombre del cual podría enamorarme es Michael Hutchence. Es perfecto en todo sentido!”. Es cierto que Hutchence tenía un magnetismo escénico difícil de describir con palabras, y definitivamente no se puede decir que INXS haya sido una “boys band” en el sentido tradicional que se le da al término, pero la sensualidad y el carisma de su cantante fueron factores fundamentales para entender la razón de su éxito. También es cierto que los chicos carilindos vendieron siempre y que INXS perdió por muy poco la batalla por la conquista de Norteamérica contra Duran Duran. Solo porque Duran sacó una obra imprescindible y monumental como “Rio” unos 5 años antes de que INXS llegara al súmmum de su potencial comercial con “Kick”.

Cuenta la leyenda que en algún momento de 1987 y a punto de volar a Honk Kong para reunirse con sus compañeros, el guitarrista Andrew Farriss estaba en la puerta de su hotel esperando el taxi que lo llevaría al aeropuerto, cuando se le cruzó por la cabeza un gran riff. Le pidió al taxista que lo espere porque se había olvidado algo, subió a su habitación y grabó el riff en un cassette (despertando la ira del tachero, que tuvo que esperarlo un largo rato). Cuando llegó a Honk Kong, le mostró la pista a Michael Hutchence y el mismo escribió una letra en 10 minutos. Este demo se convertiría en el adelanto del próximo álbum, se editaría en septiembre de 1987 y llegaría al #1 en Estados Unidos: estamos hablando de “Need You Tonight”. Cabe acotar que el single recién sería un éxito tras ser reeditado luego de la salida de “Kick”.

“Kick” sería editado el 19 de octubre de 1987, y se convertiría en una placa esencial de los años 80. INXS estaba en su plenitud y había terminado de asimilar la madurez que venía gestando desde el álbum “Listen Like Thieves”, que también había sido producido por Chris Thomas. Auspiciosa apertura con “Guns In The Sky” como muestra de los tensos riffs de guitarra que darán energía a varios pasajes del disco. A continuación, una ráfaga de hits: primero “New Sensation”, pop funk estilizado de alto nivel y “Devil Inside” un dance rock de tinte oscuro muy apropiado para el mainstream de su época. En cuarto lugar, el primer sencillo y más grande hit de INXS. Cabe mencionar que el video de “Need You Tonight” recibió altísima rotación en MTV contribuyendo el éxito masivo del single. El mismo era generalmente emitido junto al tema “Mediate” a continuación (al igual que en el disco), cuyo video es un claro homenaje a “Subterranean Homesick Blues” de Bob Dylan (también referenciado años después por Radiohead), donde la letra de la canción es acompañada por láminas de cartón que van siendo descartadas por los distintos miembros del grupo. Para cerrar el lado A, otra rola rockera que es “The Loved One”.

Del otro lado no había tantos hits singles como en la cara A, pero si una calidad que no decae ni un ápice. “Wild Life” es otra fusión de rock y funk, modesta apertura para dar lugar a esa excelsa balada llamada “Never Tear Us Apart”: una belleza que hace honores a un moderno vals vienés por el tiempo en el que fue escrita, con un Kirk Pengilly inspiradísimo en el solo de saxo, y promocionada con un video filmado en Praga. Y a continuación, un máximo exponente de la dupla Andrew Farriss- Michael Hutchence como autores de la música y la letra (respectivamente) de grandes clásicos: “Mystify” fue el quinto corte de “Kick”, pero para mi gusto debió haber sido cortada en segundo lugar al menos (calculo que en aquella época, se habrá especulado con mantener por más tiempo el álbum vivo en los rankings, postergando un single impostergable). Nunca dejó de sorprenderme la versatilidad de Hutchence para cantar “All veils and misty streets of blue / Almond looks that child divine” y el resto del primer párrafo, de una forma completamente distinta e igualmente ganchera en el puente de la canción. Se necesita una fuerte dosis de inspiración para duplicar dicha de belleza compositiva y unirla con un simple “Mystify, mystify me” como nexo. Para cerrar, “Kick”, “Calling All Nations” y “Tiny Daggers”, más prototipos del rock alternativo de su época, elegantemente logrados para habilitar la reproducción en cualquier radio universitaria.

“Kick” fue un éxito comercial sin precedentes para la banda, y la crítica lo alabó por haber logrado amalgamar el rock más duro que venía de “Listen Like Thieves” con los ganchos más masivos propios de “The Swing”. INXS continuaría mutando y experimentando con excelentes resultados en discos posteriores, pero fue “Kick” el producto que los ubicó en las grandes ligas y lo alejó de ser solo un simple fenómeno local australiano.

lunes, 30 de octubre de 2017

Music Corner n° 158 - George Michael

GEORGE MICHAEL – “FAITH” (1987): Top Of The World

A poco menos de un año de la triste e irreparable pérdida que significó la partida de George Michael, se cumplen 30 años de la edición de “Faith”, el disco que lo colocó en la cresta de la ola del pop mundial. Es uno de esos casos donde la vigencia de una obra supera al propio maestro que la ha creado retroalimentándose de su mito: es un hecho que el nombre de George Michael fue revalorizado con el correr de los años, y ha recibido el reconocimiento de todo tipo de fanáticos de la música de los más variados estilos y géneros, y de gente de todas las edades, nacionalidades y razas.

¿Qué fue lo que hizo posible un fenómeno como “Faith” en su momento, y qué fue lo que lo convirtió en un clásico incluso para generaciones que no lo vivieron cuando fue lanzado? Además del acontecimiento en sí, es necesario identificar los prejuicios que existen y existieron en todas las sociedades a lo largo de los tiempos, y que lo contrarestan. Cuando George Michael entrega esta obra maestra a fines de octubre de 1987, él mismo podía catalogarse como una estrella pop en ascenso tanto por sus composiciones como por su rol de sex symbol. El George bronceado, de barba casi dibujada y con chaqueta de cuero motoquera impactó visualmente en forma muy positiva, pero también generó reacciones negativas por tanto exceso de producción. Tras sus gafas de sol destilaba hormonas e incomodaba: el propio George renegaría años después de ese personaje que tan cuidadosamente armó para vender. Pero de algún modo, necesitaba hacer esto para romper con las cadenas que lo ataban a la imagen de Wham!. Y el sonido de ésta nueva etapa ya no era ya más el de Wham!, contra todos los pronósticos acerca de lo que George tenía que hacer para seguir manteniendo su éxito.

Si bien algunos pasajes de “Faith” pueden sonar hoy en día anacrónicos y excesivamente ochentosos, el disco en su generalidad logró una atemporalidad propia de los clásicos. Sin embargo, aquella impronta vintage es la que da ese toque de color a un álbum que también marcó a fuego el dance tan propio de su década. Por ejemplo a través de “I Want Your Sex”, que ofició como single adelanto al ser lanzado en junio de 1987 como parte de la banda de sonido de “Beverly Hills Cop II”. Tan irresistible invitación a la pista de baile ameritó un #2 en Estados Unidos y fue top 5 en varios países del mundo. Dado el tiempo transcurrido hasta que se editó el LP (30 de octubre de 1987), hubo lugar para un segundo adelanto que se convertiría en instant classic y que se coronaría como el single #1 del año 1988 para la revista Billboard: el homónimo del álbum, “Faith”. Una canción corta, simple, muy impregnada de la década del 50 y altamente efectiva. Verdaderamente algo inesperado, ya que cualquier entendido sobre cómo funcionaba el mercado en esos años, sabía que para lograr un éxito seguro George necesitaba solo una balada. Pero las baladas las dejó para después. Y por dios, que baladas…

“Faith” es un disco tan impecable y solo cuenta con 9 canciones, no existiendo desperdicios. Si insistiéramos en seleccionar un tema como el menos relevante, o más “flojo”, quizás elegiríamos “Look At Your Hands”, tal vez de aquellos que suena vintage pero que cuenta con una lírica tan actual como comprometida: la violencia contra la mujer. Honestamente, no hay modo de encontrar un defecto en este disco: lo que no desgarraba el alma desde las letras, nos transportaba a otra época como una máquina del tiempo, o nos obligaba a mover el esqueleto a morir. Los singles cortados luego de “Faith”, que da apertura al álbum, son un mazazo tras otro. “Father Figure” es una canción oscura de amor con tintes posesivos, cuyo video muestra un George que alimenta su imagen de macho duro manejando un taxi y jugando el rol de amante de una modelo que lo elige como fetiche. Porque hay que decirlo: MTV ayudó a construir esa percepción de un George recio. Tan recio, que en el video de “Faith” el mismo George reconoció que se colgó un collar de perlas del hombro de su chaqueta de cuero solo para ablandar un poco su figura.

Hablando de canciones desbordadas de sentimiento, introspectivas y destinadas a la cima de los charts, no existe mejor ejemplo que “One More Try”. Fue el cuarto corte y cierre de un lado A cargado con hits memorables y destinados a ser clásicos. “Cause teacher, there are things that I don’t want to learn / And the last one I had made me cry”: exuda pasión la lírica de un George inspirado como en sus mejores momentos, acompañada por un video donde el divo canta con el cuerpo y con el alma. El lado B era más simple y más efectivo, reservándose un cierre de lujo. “Hard Day” y “Hand To Mouth” eran frescas y bailables, aunque en el caso de “Hand To Mouth” se advertía una letra más dura y comprometida. Se trataba de una fuerte crítica al sueño americano desde la identificación con aquellos excluídos del mismo: “I believe in the gods of America, I believe in the land of the free / But no one told me that the gods believe in nothing / So with empty hands I pray”. De hecho, está canción estaba pensada para ser el corte posterior a “Faith”, pero ante el posible impacto negativo en Norteamérica, fue colocada como cara B de dicho single.

El siguiente tema era el ya mencionado “Look At Your Hands”, seguido por otro track de base netamente funk que sería próximo número 1 en USA, “Monkey”. Editado en julio de 1988 con una versión remezclada y un video que reflejaba escenas de la gira mundial de “Faith”, no había forma que este neo George con tiradores y sombrero adornando su jopo con reflejos no llegara directo a la cima. Y para cerrar la obra maestra, el tema que George se tenía guardado desde antes del último lanzamiento de Wham! Una balada suprema, minimalista y jazzera, que transporta a una década pasada y que constituye uno de los temas del disco que mejor maduró con el paso del tiempo. Una anécdota: “Kissing A Fool” iba a ser el nombre original del álbum, trastocando a último momento a “Faith”.

El resto de la historia es conocida: “Faith” arrasó los charts y los premios correspondientes al año 1988, es considerado hoy uno de los mejores discos de todos los tiempos por distintos medios especializados, y fue número 1 en decenas de países alrededor de todo el mundo certificando ventas por más de 25 millones de copias. La vida de su autor cambió radicalmente después de esta placa, pero la genialidad de George Michael se mantendría intacta y llegarían en el futuro obras de la misma calidad o incluso superior. Pero si se trata de recordar un año a partir de la música que lo marcó, 1988 fue el año de “Faith”.

lunes, 23 de octubre de 2017

Music Corner n° 157 - U2

U2 en el Estadio Único de La Plata, 10/10/2017

NOCHE DE GOLES Y DISCOS QUE SON AMORES

¿Fútbol + rock en un estadio con casi 50 mil personas? Nunca me había pasado algo similar en mi prolongada peregrinación recitalera, y eso en parte fue lo que hizo más especial esta experiencia. Pero no solo eso. El despliegue visual y la posibilidad de ver por primera vez temas que jamás había visto en vivo, constituyeron el otro factor determinante (y fundamental) para que este show revista características de único e irrepetible.

Primero lo primero. Si, otra vez U2 en La Plata, y esta vez en una gira homenaje a la obra que hace 30 años le dio a la banda reconocimiento a nivel mundial: “The Joshua Tree” (TJT). La última vez que estuve en este Estadio llovió durante horas pero hoy las expectativas eran mejores a nivel climático…un poco al menos. A las 19.30 hs se presenta el perfecto aperitivo: Noel Gallagher sale a escena para hacer una presentación corta pero efectiva donde no faltaron los clásicos de Oasis, destacados hits junto a su banda High Flying Birds y hasta un tema nuevo, “Holy Mountain”. El mismo Noel es consciente del partido que se viene, y se retira 20.25 hs antes de ser abucheado (conociendo la pasión futbolera argenta, no me cabe duda que así hubiera sido). Y 20.30 hs empieza el partido Argentina-Ecuador, ultima fecha de las eliminatorias sudamericanas para el Mundial Rusia 2018, y un país al borde del infarto ante la posibilidad de quedarse afuera de tan imprescindible cita deportiva. Si había chilenos en el Estadio, la deben haber pasado bastante mal, pero no es nuestro problema ahora. Solo basta mencionar que el resultado fue el que la inmensa mayoría deseaba, y que la multitud que colmaba el recinto quedó a punto caramelo para que lo que venía hiciera de esta una noche inolvidable.

Lights out para dar lugar a la irrupción de ese redoblante que tan bien conocemos y que no es otro que el de la base de “Sunday Bloody Sunday”, dando arranque al show mientras nuestros cuatro amigos irlandeses aparecen y hacen estallar al público ya cebado por obra y gracia del fútbol. Como buenos irlandeses, simpatizan con la selección argentina gracias a nuestra eterna rivalidad con Inglaterra (algo que Noel Gallagher no compartiría). Pero el fútbol queda atrás, o la euforia generada por los goles de Messi se fusiona con estos clásicos del rock en su más puro estado… quien sabe. Lo importante se que ya se dio el puntapié inicial a la primera parte del espectáculo, sobrecargado con otros 3 demoledores hitazos: “New Year’s Day” es el segundo tema, luego “Bad” (ya el primer snippet de Bowie se hace presente: Bono canta algunos versos de “Heroes”) y “Pride” a continuación. No puedo evitar comentarle al amigo que me acompaña “Si esto empieza así, ¿cómo van a hacer para que no nos embolemos con el lado B de The Joshua Tree?”. No imaginé que había una gran sorpresa dentro de la galera: versiones mejoradas que hicieron que temas buenos del disco pasen a ser excelentes, como veremos en un momento. Por lo pronto, estamos cerrando esta primera parte.

La pantalla de fondo con el contorno del famoso árbol empieza a adquirir un tinte rojizo hasta tornarse incandescente mientras suenan los primeros acordes de “Where The Streets Have No Name”, iniciando el hat-trick de una de las mejores aperturas para un álbum en la década del 80. Las imágenes en pantalla son perfectas, evocativas e inspiradoras, ideales para acompañar la banda de sonido de este increíble álbum. Luego de los más grandes hits de U2 en USA, o sea “I Still Haven’t Found What I’m Looking For” y “With Or Without You”, viene la primera gran rola rockera de The Joshua Tree: la arrasadora “Bullet The Blue Sky” (tan arrasadora que hasta Sepultura ha hecho un cover de este tema), y las imágenes que reflejan una vez más la constante crítica a la mecánica de las primeras potencias mundiales de mantener guerras en países tercermundistas (más en boga aún en plena Guerra Fría, contexto de TJT). Bono no para de hacer política en todo el show, y eso puede ser un punto negativo en algunos momentos, más allá que uno esté o no de acuerdo con el tema puntual del que trate. Se cierra el primer capítulo de TJT con “Running To Stand Hill”, dando lugar a una apertura del lado B distinta, con una nueva versión de “Red Hill Minning Town” recientemente lanzada para el Record Store Day 2017. El que originalmente había sido pensado como segundo single de TJT pero fue reemplazado a último momento por “I Still Haven’t Found”, tiene ahora su digna revancha. Continuamos, como la lógica lo indica, con “In God’s Country”, “Trip Through Your Wires” (excelente versión) y “One Three Hill”, donde en todo momento la banda no deja de hacer honor al concepto que dicho álbum irradia: la admiración por la cultura yankee de la que Bono es víctima incondicional. Y llega entonces otra de las que para mí fue una versión satisfactoriamente sorprendente: la de “Exit”, con una energía cuasi punk, una merecida mayor duración que permite mostrar un Bono más exaltado y filoso, y que da un primerísimo plano de su rostro ante la pantalla gigante, dejando ver que los años han pasado pero que los mismos benefician con toda la experiencia a aquel que sabe absorberla y hacerla carne. Llegamos al final de TJT con el tema que le da cierre. Bono, hábil demagogo, ensalza a los argentinos y nos augura un futuro brillante si trabajamos juntos. Y pretende eliminar la antinomia izquierda-derecha (en pleno auge de “la grieta” argentina), pero lo hace con una canción que dista de ser neutral en sus intenciones. ¿Desconocimiento por parte de Bono del folklore local? Lo dudo. Fin de la segunda parte.

Por supuesto, la última parte del show debía incluir hits de la era post-Joshua Tree (así como la primer parte solo incluyó temas previos). Que mejor que atacar con un “Beautiful Day” que incluya un pasaje de “Starman” de Bowie…no, si no somos tontos. Pegado a esto, dos clásicos que tienen particular llegada al público argentino. El primero es “Elevation”, seguramente ganchero en estas latitudes como cualquier tema que tenga un estribillo muy coreable. Y luego, “Vertigo”, (con “Rebel Rebel”, el tercer de snippet de Bowie esta noche) donde las partes en castellano hacen a las delicias de la concurrencia (y Bono lo sabe, y nos dice: “¿Quieren recibir lecciones de español de una banda irlandesa?”. Qué jugador!). No sé si es necesario aclarar que Bono es un frontman sin igual, su carisma se refleja en un manejo del escenario que cualquier político de alto vuelo envidiaría. Se da el lujo incluso de hacer un extraordinario manejo de cámaras, tanto aquella que permanece fija en el centro del escenario, como otra que hábilmente maneja él mismo a su antojo. Continuamos con el gran estreno de la noche: “You’re The Best Thing About Me” es el single adelanto del próximo álbum “Songs Of Experience”.

Para la despedida, alguito del gran ausente de la noche hasta ahora: “Achtung Baby!”. De esa placa, U2 nos regala dos delicias. La primera es la fantástica “Ultra Violet”, con una sentida dedicatoria a todas las mujeres luchadoras, pero excesivamente politizada a la hora de seleccionar las féminas cuyas imágenes aparecieron en pantalla. Y ahora si, hemos llegado al final, y que mejor que un himno como “One”, aquella oda a la reunificación alemana post caída del Muro de Berlín, aplicable al aquí y ahora de cualquier sociedad como la nuestra. Un adiós con un fuerte mensaje de pluralidad e integración, tan justo y necesario hoy en día. Y tan acertado. Una noche donde un partido de fútbol y unos señores irlandeses que abogan por la eterna reconciliación, nos hicieron olvidar por algunas horas todas nuestras diferencias y disfrutar en comunión una bendición tan grande como es la vida misma. Solo nos faltó el Gracias! (y hasta mañana, para quienes tuvieron la suerte).

jueves, 19 de octubre de 2017

Music Corner n° 156 - Michael Jackson

¿EL NEGRO MALO?

Había una vez un muchachito de raza negra llamado Michael Joseph que tenía ocho hermanos que sabían cantar como él (o capaz que no tan bien, pero no importa), y un padre que los explotaba y maltrataba. De hecho, el fuerte complejo que arrastró por años Michael con su nariz venía de las mofas de su padre, que le atribuía al pequeño una nariz gorda (Michael se ocuparía durante sus años de transformación de afinarla y respingarla). Obediente y sumiso al mandato paterno, formó con sus hermanos un grupo llamado The Jackson Brothers (más conocido en el futuro como The Jackson 5), uno de los primeros grupos de cantantes negros antes de que existieran The Temptations o The Four Tops. Esos fueron los primeros pasos de Michael Jackson, un fenómeno que ni él, ni su padre ni sus hermanos podrían haber predicho.

20 años después del debut con The Jackson 5, era espeluznante el éxito alcanzado por “Thriller”, el disco más vendido de la historia tanto en Estados Unidos como a nivel mundial. El mundo había caído rendido a los pies de Michael Jackson y todos los records le pertenecían: 8 premios Grammy, otros tantos American Music Awards y un total de 37 semanas en el número 1 del Billboard Chart, además de llegar a la cima en casi todos los países del planeta en donde se elaborara un ranking. En diciembre de 2015, “Thriller” certificó 30 discos multiplatino por sus ventas en Estados Unidos y contribuyó a demoler cualquier barrera racial que existiera contra un artista negro en un país históricamente racista.

Estos años de gloria le valieron a Jackson el apodo de “Rey del Pop”, apelativo que fue construyendo desde noviembre de 1982, cuando fue editado “Thriller”, hasta digamos 1985 con la edición del single “We Are The World”, canción de carácter humanitario co-escrita con Lionel Richie y producida por Quincy Jones (de quien hablaremos en breve). Durante ese lapso se produjeron algunos hitos inolvidables en la historia la música pop. Uno de ellos fue el festejo del 25° Aniversario del sello Motown, que hizo estallar la “jacksonmanía” cuando un Michael vestido con una chaqueta negra con lentejuelas y un guante blanco con diamantes, cantó y bailó “Billie Jean” ante los ojos deslumbrados del mundo, que sucumbió ante su “moonwalk” (el paso de baile que supo inmortalizar). Otro hito fue el lanzamiento del video musical para promocionar el single “Thriller”, donde se homenajea al género de películas de terror de zombies, y que se considera al día de hoy el video musical visto por mayor cantidad de gente, además de hacerse con el premio Grammy al mejor video y consagrar a Jackson como una suerte de Dios: nadie bailaba como él.

Por eso, tras un éxito tan masivo y abrumador, Michael Jackson pensó que su siguiente trabajo debería tener un perfil más bajo, más íntimo... Jajaja, mentira! Jacko redobló la apuesta y preparó un disco que apuntaba a conquistar cualquier lugar del universo al que su imagen aun no hubiera llegado. Y lo hizo con una producción mucho más funk y dance que su predecesor, y en algunos aspectos más experimental, pero usando al mismo co-productor con el que ya venía trabajando desde “Off The Wall”: el irremplazable Quincy Jones, y decimos irremplazable porque, curiosamente, co-produjo los reconocidos como mejores discos del mítico “Negro Blanco”. La trilogía “Off The Wall”/”Thriller”/”Bad” marcó a fuego la década del 80 y consolidó a Michael como el indiscutido Rey del Pop.

Estamos en estos días festejando el 30° aniversario de la publicación de “Bad”, que fue lanzado el 31 de agosto de 1987. Si algo le faltó conquistar a Michael Jackson con “Thriller”, “Bad” saldó todas las cuentas pendientes. El single más “flojo” fue el que sirvió de adelanto “I Just Can’t Stop Loving You” a dúo con Siedah Garrett, que por más que hubiera sido la canción más espantosa de la historia, era un hit obligado ante la voraz expectativa que generaba la sola mención de “lo nuevo de Michael Jackson”. Tras ese adelanto, lo que siguió fue un mazazo tras otro. El single “Bad” es hoy recordado como un ícono pop de los 80´s, especialmente por su video dirigido por Martin Scorsese y co-protagonizado por Jacko y Wesley Snipes. Michael se autoproclamaba malo…pero lo que empezábamos a notar, es que ya no era tan negro! Luego vendrían “The Way You Make Me Feel”, “Man In The Mirror” y “Dirty Diana” (en total, cinco números uno consecutivos en el American Top 40). Mientras tanto, en Disneyworld se exhibía en forma exclusiva su cortometraje “Captain Eo”, y para fines de 1988, se estrenaría en los cines de todo el mundo la película “Moonwalker”, una antología musical donde más que una narración continua, se concatenaban una serie de videos cortos inspirados por las canciones de “Bad”. Incluidos los que en aquellos momentos serían sus temas de difusión en USA (“Smooth Criminal”) y en UK (“Leave Me Alone”, que solo se encontraba en la versión CD de “Bad”). El álbum llegaría a cortar 9 singles, o sea que casi todos los temas del disco (salvo 2) serían singles. Este noveno corte contaría en su video con un despilfarro de estrellas del momento, entre las que se encontraban Brigitte Nielsen, Whoopi Goldberg, Jackie Collins, Steven Spielberg, Debbie Gibson, David Copperfield, Dan Aykroyd y John Travolta entre muchísimos otros.

Serían esos sus años dorados. Si bien su siguiente álbum “Dangerous” tuvo una acogida impresionante a nivel mundial y su primer corte “Black Or White” se convertiría en todo un acontecimiento en lo que al video musical refiere (algo a lo que Jackson ya nos tenía acostumbrados), el sonido ya era otro y la influencia que supieron tener sus predecesores no fue la misma. Pero sí desfilaron muchos invitados relevantes, especialmente en los videos que promocionaron el álbum. Es destacable que Michael ya no era el negro malo del disco anterior, sino mas bien un ser algo blanquecino y bueno que se preocupaba no solo por los niños hambrientos sino ahora también por las ballenas. Pero los personajes oscuros e introspectivos de tinte mafioso, misterioso y suburbano como los vistos en “Billie Jean” o “Smooth Criminal” continuaban omnipresentes ahora en “Who Is It”. Y las guitarras rockeras de “Beat It” o “Dirty Diana” ahora estaban en manos de Slash en la rola “Give In To Me”. Muchas fórmulas exitosas se repitieron una y otra vez.

Los escándalos de su vida personal aplacarían la estrella de Michael Jackson hacia fines de los 90’s y 00’s, pero nunca lograrían apagarla. Para el momento de su trágica e inesperada muerte, el “Negro Blanco” estaba preparando un regreso triunfal con la gira “This Is It” que iniciaría en julio de 2009. Pero implacable, la muerte encontró a Jackson el 25 de junio, pocos días antes del lanzamiento de un tour que prometía ser histórico. Sus últimos años no fueron fáciles tras recibir acusaciones de abuso de menores, y su imagen cayó notablemente, siendo incluso objeto de bromas y ridiculizaciones de todo tipo. El legado de Michael Jackson fue más allá de todo esto. Si bien en los juicios por abuso fue declarado inocente, la opinión pública siempre dejó abierta la duda sobre dicha cuestión. Lo cierto es que en muchos aspectos, nos referimos a una persona muy sufrida, introvertida y acomplejada. Podemos permitirnos bromear con sus cirugías, el cambio de su color de piel y los múltiples desatinos de su vida privada… Pero tras su partida y con el paso de los años, la balanza se sigue inclinando cada vez más hacia el lado de sus logros, su influencia y su carisma sin igual. Fue una pena perderlo con tan solo 50 años.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Music Corner n° 155 - The Verve

THE VERVE – “URBAN HYMNS” (1997): La fábula agridulce

Cuando Oasis reinaba sobre Inglaterra, cualquier cosa que salía de la boca o la escritura de Noel Gallagher merecía como mínimo un análisis detallado. Y que pudo ser mayor espaldarazo para Richard Ashcroft que recibir una dedicatoria dentro del disco que hacía furor en 1995, “(What’s The Story) Morning Glory?”. La referencia corresponde a la canción “Cast No Shadow”, y dice Noel que cuando se la cantó por primera vez, Richard se emocionó al borde de las lágrimas. Oasis había sido telonero de The Verve en 1994 y dos años después habían pasado al frente.

Lamentablemente The Verve no estaba pasando por su mejor momento a nivel humano, pese a las críticas positivas y el apoyo de los fans. Tras la publicación de su segundo álbum “A Northern Soul” (la canción que da título al disco sería una devolución de gentilezas de Richard Ashcroft a Noel Gallagher), la banda se separaría por tres meses. Ashcroft se dio cuenta que no podían desperdiciar la oportunidad que se les estaba presentando: el sonido del cual habían sido en parte precursores, estaba arrasando en Gran Bretaña y la ola parecía no detenerse. Por ese motivo se esmeró en volver a unir a la banda, pero la negativa de Nick McCabe pareció ser terminante. Ni lerdo ni perezoso, Richard juntó a lo que quedaba del grupo e incorporó a Simon Tong en reemplazo de Nick en la guitarra. En el medio de la grabación del siguiente álbum, McCabe volvió a sumarse al grupo sin que Tong se retirara, y así dieron forma entre todos (junto a Simon Jones en bajo y Peter Salisbury en batería) a su obra “Urban Hymns”.

El 16 de junio de 1997 saldría como adelanto el hit que le representó a The Verve un éxito sin precedentes y que alcanzó ambos lados del Atlántico: la inmortal “Bitter Sweet Symphony” sigue siendo hoy en día una de esas melodías que puede agradar a cualquier oído y que el paso del tiempo no desgasta. La controversia que generó tampoco había tenido semejanzas: el riff en el que estaba basada “Bitter Sweet Symphony” provenía de uno muy similar del tema “The Last Time” de The Rolling Stones (1965). Si bien se había solicitado permiso para su uso, los poseedores de los derechos entendieron que se había ejercido un abuso y la cuestión llegó a la corte. Finalmente, aunque la canción había sido escrita por Richard Ashcroft en su totalidad, se dispuso que los créditos se compartieran con Mick Jagger y Keith Richards. Todo esto resultó anecdótico a la hora de medir las puertas que este sencillo abrió para The Verve. El siguiente corte, la conmovedora e intensa “The Drugs Don’t Work”, fue el primer hit #1 de The Verve en el chart británico, lanzado unos días antes de que el nuevo álbum viera la luz.

Con estos antecedentes, “Urban Hymns” se mantuvo en la cima del UK chart durante 12 semanas. El disco es extraordinario desde su inicio. Abriendo con “Bitter Sweet Symphony”, las expectativas son inmejorables, y de hecho, los primeros 4 temas conforman una de las más sobresalientes aperturas en la historia del rock alternativo. El segundo track es la balada mid-tempo “Sonnet” y con una estructura de base similar a “The Drugs Don’t Work” en cuanto al uso de guitarra acústica y eléctrica, y la presencia de una sección de cuerdas (principalmente de violines). Una canción bellísima. A continuación, una rola asombrosa y bien cargada de un poder eléctrico rockero que la primera vez que escuché me trajo reminiscencias a Ozzy Osbourne: la hipnótica y saturada “The Rolling People”. Y para cerrar el cuarteto de bienvenida, la ya conocida “Drugs Don’t Work”: un clásico instantáneo. El disco no puede evitar tener una ligera caída luego de este despliegue, pero la misma es insignificante siendo que el paisaje sonoro se expande en diversos momentos como “Weeping Willow”, “One Day” o el tercer single “Lucky Man”, alcanzando picos notables que nos permiten llegar intactos el magnífico cierre que nos brinda “Come On”, palpitante y empapada de esas guitarras rockeras que tan bien supo imprimir The Verve.

Era el disco que conjugaba a la perfección todo el sonido que habían luchado por conseguir desde los mismos inicios como grupo. Y el reconocimiento no fue mezquino, ya que en 1998 The Verve se alzó con los dos premios mayores en los Brit Awards: Mejor Grupo Británico y Mejor Álbum (venciendo a pesos pesados del momento como Oasis y Radiohead), y la bienvenida al mercado norteamericano incluyendo una nominación al Grammy para “Bitter Sweet Symphony”. Pero la banda no pudo soportar el trajín del éxito masivo, y sobrevino la separación por segunda vez. Richard Ashcroft se embarcó en su primer álbum solista, y Simon Jones junto a Simon Tong formaron un supergrupo llamado The Shining en compañía de John Squire (ex guitarrista de The Stone Roses). The Verve tardaría 8 años en volver a juntarse para grabar “Forth”, un digno sucesor del hoy clásico “Urban Hymns” que cumple 20 años este 29 de septiembre.