"HOREHOUND” (2009)
EL LADO OSCURO DEL SR. WHITE
“Another Way To Die” es el nombre del que es, para muchos, el peor tema Bond de la historia (Tema Bond = canción perteneciente a alguna película de la saga del agente 007, James Bond), contenido en el film “Quantum of Solace” del año 2008. Pero si hay algo para lo que este verdaderamente olvidable tema de Jack White a dúo con Alicia Keys ha servido, fue para propiciar el reencuentro de White con el instrumento que supo tocar de niño: la batería. Entrañable instrumento que insistiría entonces en interpretar en su próximo proyecto alternativo, por entonces aún no conformado.
Nuestro prolífico amigo White estaba en aquellos años muy ocupado con dos bandas en actividad: la hoy ya legendaria The White Stripes, y su proyecto alternativo The Raconteurs, con quienes se encontraba de gira en compañía de la banda post punk e indie The Kills. Inesperadamente afectado por una bronquitis aguda en el medio de la gira (además del natural desgaste), White perdió su voz y The Raconteurs solicitó a Alisson Mosshart, cantante de The Kills, que colaborara interpretando algunas canciones, especialmente como voz principal en “Salute Your Solution” y “Steady As She Goes”. Los resultados agradaron y dieron lugar a que Jack, Allison y Jack Lawrence (bajista de The Raconteurs) se volvieran a juntar en el estudio Third Man Records para grabar una canción juntos y aprovechar la energía que se había desatado en el escenario. La idea original era grabar solo un single. De casualidad esa noche de enero de 2009 andaba por ahí el guitarrista Dean Fertita, miembro de los Queens Of The Stone Age, se armó una zapada improvisada entre los cuatro y se dieron cuenta que la química originada daba para mucho más que una canción. Así nació The Dead Weather, de una manera espontánea y natural, y su primer disco fue escrito y grabado en solo 21 días.
Hacia marzo de 2009 se presentaron por primera vez en vivo, en el ámbito de una fiesta privada para 150 personas, introduciendo al público al material del álbum debut a editarse en junio que se llamaría “Horehound”. Junto a las tarjetas, los afortunados invitados recibieron un single en vinilo del tema “Hang You From The Heavens” pintado a mano por los integrantes de la banda (digno material de colección). Con todo este background, la atención de la prensa estaba garantizada. “Hang You From The Heavens” es una excelente demostración de lo que TDW representa: “I’d like to grab you by the hair / And drag you to the devil”, composición de Mosshart y Lawrence. Blues rock con riff metalero, muy del estilo The Kills, banda claramente influenciada por Sonic Youth y PJ Harvey entre otros.
El siguiente corte adelanto fue la super furibunda “Treat Me Like Your Mother”, acompañado por el terapéutico video donde White y Allison descargan, recargan y vuelven a descargar y recargar para continuar acribillándose a quemarropa con sendas ametralladoras, a medida que la rola se va poniendo más frenética mientras deletrean a los gritos la palabra MANIPULATE en el supuesto contexto de una relación sádica con tintes edípicos. El video termina cuando ya no quedan más balas para disparar y Jack se retira hacia el horizonte atardeciendo, con los rayos del sol rellenando los agujeros provocados por los proyectiles.
Con todas estas simpatías precediéndolo, “Horehound” vería la luz en julio de 2009. Ruidoso y oscuro, podemos considerarlo el proyecto menos radio friendly de Jack White (aunque ninguno de sus proyectos, directamente, lo es). Los Kills boys aportaron tenebrosidad mientras que White arroja, como siempre, destellos de Hendrix, Zeppelin y progresiva setentosa en todo lo que toca.
Un excelente ejemplo de esto sería el tercer single de difusión “I Cut Like A Buffalo”, fusión entre el blues rock, la psicodelia progresiva y el dub: Rick Wakeman se da la mano con Peter Tosh. La psicodelia también sobrevuela a lo largo de “Bone House”, un himno a la posesión obsesiva post mortem, que se sustenta sobre una base de sintetizadores.
El disco alcanza su clímax de oscuridad opresiva con “Rocking Horse” y sus punteos demoníacos inspirados en algún western retorcido, momento inquietante que se prolonga con la versión que hace TDW del tema de Bob Dylan “New Pony”. Este pasaje del disco se continúa con el track instrumental “3 Birds”, que viene a traer cierta dosis mínima de calma hasta que en el minuto 1:50 White imprime nuevamente su huella con uno de sus ya acostumbrados cambios de ritmo, pero en un agradable ir y venir de la tensión hacia un deambular más popero. Ya más frescos, todo listo para dar lugar al siguiente tramo sombrío de la placa, la zeppelinezca “No Hassle Night”. Ya para cerrar, “Will There Be Enough Water?”, una balada hipnótica que representa un duelo entre JW y Allison, con remembranzas al encuentro entre PJ Harvey vs Nick Cave en “Henry Lee”.
Desde la portada, el disco transmite lobreguez. “¿Tenés el disco de The Dead Weather?” le pregunté a mi disquero amigo el día que fui a comprarlo; frunciendo el ceño, me respondió “¿Cuál, el que tiene una bruja en la tapa?”. Blues gótico sureño podría ser el resumen de la amalgama entre estos cuatro músicos unidos por el destino. Un álbum de espeso sonido que puede llegar a resultar claustrofóbico y angustiante para el oído liviano. Un folk marginal de escaso o nulo tinte comercial, que como curiosidad puede resultar patológicamente pegadizo. Una mezcla nada convencional que abrió el espacio para dos placas posteriores, la más reciente del año 2015. Aunque como algunos sugieren: The best shot is often the first shot. Algo indudablemente aplicable en el caso de “Horehound”.
jueves, 22 de agosto de 2019
viernes, 19 de julio de 2019
Music Corner n° 178 - Madonna
30 AÑOS DE “LIKE A PRAYER"
TRIBULACIONES DE UNA REINA NO IMAGINARIA
En febrero de 1989 el mundo esperaba ansioso frente a la pantalla de TV el nuevo comercial de Pepsi. Anunciado con la debida antelación, el estreno tendría lugar la noche de la entrega de los Grammys. No era un simple spot publicitario: se trataba del puntapié inicial del contrato entre la afamada gaseosa y la ya devenida reina del pop, Madonna. Ambas potencias se unían para mutuo beneficio: la canción “Like A Prayer” era la banda de sonido de la campaña de Pepsi, al mismo tiempo que anticipaba la llegada del 4° álbum de la diva. Como siempre, el escándalo se hizo presente por culpa del video que acompañó a la canción, y la campaña de Pepsi fue cancelada ante reiteradas protestas de grupos religiosos (si bien el spot comercial era bastante naif). Así comenzaba este nuevo round donde en una esquina se sentaba Madonna Louis Ciccone, y en la esquina opuesta la vapuleada Iglesia Católica.
Que a esa altura Madonna era la Reina del Pop mundial, era algo de lo que no cabía ya la más mínima duda. A lo sumo, podía haber una reina negra que era Whitney Houston, pero su perfil era otro, más inocente y más acotado a USA. Madonna, que solo unos años atrás competía con Cindy Lauper por el trono, había pulverizado a su contrincante y nadie le hacía sombra ya. Pero no solo por su performance en la industria de la música, sino también por su papel en la industria de la controversia. Con el disco anterior “True Blue” algunos miembros del clero habían sudado la gota gorda ante la proclama de una adolescente que defendía una maternidad natural en “Papa Don’t Preach”. ¿Y ahora? “Like A Prayer” mezclaba en su video erotismo interracial y Ku Klux Klan sin evadir las referencias a la fe católica. El éxtasis sexual y religioso entremezclados con una Maddy pecadora que se entrega en el altar a un Padre de raza negra y baila entre cruces ardiendo en llamas. Capaz que ahora esto no es nada pero en el ’89 la sociedad era más pacata.
Si la idea de Madonna era provocar (y ciertamente, lo era), logró su objetivo con creces. Pero atrás de todo eso, se había gestado una producción que daba sustento al fenómeno. No era un hecho fortuito ni pasajero: “Like A Prayer” era una bomba que mezclaba elementos del pop, rock, funk y góspel; un hit demoledor, una canción que a primera escuchada se apoderaba de tu cabeza y de ella no podrías expulsarla con facilidad. El single fue lanzado el 3 de marzo de 1989, y pese a su horripilante lado B se clavó en el número 1 de la mayoría de los países del mundo, y donde no llegó al #1 fue #2. Fue el mayor suceso comercial de Madonna a nivel singles en la década del ’80, y en toda su carrera solo sería superado un año después por “Vogue” (curiosa anécdota: “Vogue” pudo haber sido el lado B de “Keep It Together”. Habría sido soberano desperdicio). A los pocos días saldría a la calle el flamante y tan esperado nuevo álbum de Madonna, producido por Patrick Leonard, Stephen Bray en menor medida, y Prince en un tema a dúo con la diva. El disco abría con el tema que le daba nombre, y después… todo lo que venía después!
A través de sus muy cuidados videos, Madonna había tenido una llegada masiva que no dejó de usar para promocionar el nuevo disco, y tras el impacto de “Like A Prayer”, llegaría “Express Yourself”, que era el segundo track del disco. Que podemos decir del “Express” que ya no se haya dicho… un video impecable, provocativo y altamente erótico. En mi caso personal: si bien amaba a Madonna desde sus inicios, nunca me había despertado atracción física, hasta que vi el video del “Express” que mostraba a Maddy como la dama glamorosa, masoquista y encadenada que seducía a un ejército de modelos masculinos trabajadores y extremadamente musculosos. Desde que salió el álbum a la venta, caía de maduro que “Express Yourself” tenía que ser single, y tanto el video como su nueva versión del “Express” tan diferente a la del álbum estaban hechos para atrapar la atención del mundo. Empecemos por la versión del álbum: dance pop muy fiel a su época con abundante instrumentación de vientos y palmas, era irresistible en una pista de baile. Por otro lado, el video era mucho más oscuro, inspirado en el clásico film de Fritz Lang “Metropolis”, dirigido por el maestro David Fincher y presentaba la nueva versión de “Express Yourself” remixada por Shep Pettibone que era igualmente efectiva en el dancefloor.
Continuemos la recorrida: el tercer track era el tan esperado trabajo que fusionaba a Madonna con Prince, dos íconos de la década del ’80. Había altas expectativas con una juntada de este nivel! Pero es un tema… de Prince. Y este es un disco de Madonna. O sea, no está mal, pero en este disco queda totalmente fuera de lugar: sería como un producto de Pitbull en un disco de Greta Van Fleet. Si lo ponían en “Sign ‘O’ The Times” de Prince, hubiera estado en el lugar preciso! Pero que se le puede reprochar a la Maddy de aquel entonces… si en la actualidad canta a dúo hasta con Maluma! La cuarta canción era, una vez más, autobiográfica: el romance y consecuente matrimonio de Madonna con Sean Penn había llegado a su fin, y “Till Death Do Us Apart” fue un alegato de aquella terminación tormentosa. Tan exitosa en su carrera como bipolar en el amor, Maddy esgrimía la amargura de otra relación rota donde el corazón destrozado era el de ella. Las cosas habían llegado al extremo: en diciembre de 1988 Madonna presentó cargos contra Sean Penn por entrar borracho a su casa en Malibu, golpearla y atarla. Según el propio oficial que tomó la declaración, difícilmente pudo reconocerla (se la veía desorientada, con el labio sangrando y en estado de shock) al momento de presentarse en la oficina del Sheriff. A los pocos días (5/01/1989), Madonna solicitó el divorcio por diferencias irreconciliables. Curiosamente, en el año 2015 Madonna despojó de toda culpa y cargo a Sean Penn, afirmando que nunca fue maltratada por él. Sin embargo, las líricas de “Till Death Do Us Apart” parecen contradecirla. ¿Por qué pretendería reescribir la historia? Un motivo puede ser para conservar una vieja amistad. Otro motivo sería que Sean Penn fue el amor de su vida. Para cerrar la primer cara del disco, una balada. “Promise to Try” es una sentida dedicatoria a su madre, un tema capaz de conmover hasta las lágrimas. Al igual que su madre, ella se llamó Madonna, una caricia que la acompañará toda su vida. Madonna madre murió a los 30 años de cáncer de mama, cuando su hija solo tenía 5 años. Y Madonna hija le canta a la niña que fue: “Little girl, don’t you forget her face / Laughing away your tears / When she was the one who felt all the pain”… Es la misma canción que suena en el documental “Truth Or Dare” cuando Madonna visita la tumba de su madre. Como dos caras de una misma moneda, de un lado del disco se encuentra “Promise to Try”, y del otro lado “Oh Father”, de la que hablaré más adelante.
“Cherish” es frescura, es agradecimiento, es esperanza. Es la contracara de “Till Death Do Us Apart”, ya que trata del amor que todavía sentía Madonna por su ex marido. Es la fe en que el amor todavía vive aún después de las peores rupturas, ya que siempre podemos rescatar aquello que valió la pena. Fuerte, positiva y especialmente pensada para la radio, “Cherish” fue el tercer single del álbum y en su video se metaforiza lo antedicho a partir de esa mutación de ser humano a sirena: ese nuevo amor que la espera en la orilla hacia el final. El continuo de optimismo nos lleva a “Dear Jessie”, una reflexión sobre las fantasías infantiles y la inocencia. Parece mentira que en el mismo disco donde hay temas tan fuertes y provocativos como la crítica a la religión, la libertad femenina, el maltrato infantil o el amor convertido en amargura, haya espacio para un contraste emocional de este tipo. Pero al fin y al cabo, no es total la desconexión: es la nostalgia de la diva por su propia infancia perdida. Está dedicada a la hija de Patrick Leonard (Jessie), con quien Madonna entabló una dulce relación. Con remembranzas a la psicodelia beatlemaníaca, la canción es básicamente encantadora. Fue el cuarto single europeo del álbum, alcanzando el top 5 en UK.
Llegamos a lo que para mí es una joyita oculta en este disco, si bien lo de “oculta” es relativo ya que fue editada como simple. Injustamente, fue el primer corte de Madonna en muchos años en no llegar al Top 10 de Billboard (apenas llegó al 20), pero para mi, es uno de los temas con mayor carga emotiva y donde se vuelcan sentimientos más íntimos y dolorosos sin ningún tipo de sobreactuación (algo para lo cual, reconozcamos, Maddy está creada a la perfección). Me refiero a “Oh Father”: un tema que saca a la luz un conflicto interno en su vida personal, un duelo inconcluso que recién (aparentemente) se cerraría más adelante según lo que se refleja en el documental “Truth Or Dare” (1991, patéticamente conocido en Argentina como “A la cama con Madonna”). Nuevamente es David Fincher quien dirige el video de “Oh Father”, dándole a la canción el tinte oscuro y dramático que la misma requiere. Focalizado en la muerte de su madre, la dificultosa relación con su padre en la infancia y los traumas que la misma generó en su adultez, el video traza un hilo conductor entre la niña inocente y un Edipo no resuelto que se refleja en la repetición de una historia con un novio violento, confundiendo por momentos si quien se encuentra en el lecho es o no su propio padre. MTV había solicitado que se remueva del video la escena de la madre muerta con los labios cocidos, pero aunque el requerimiento no tuvo lugar, se convirtió en video de alta rotación en Canadá. Si hay una canción que me ha llevado a través de los años a volver a escuchar “Like a Prayer”, esa canción es “Oh Father”.
En consonancia con la cuestión familiar, “Keep It Together” trata sobre los lazos de amor/odio en la propia familia, y la innegable importancia que ella le dio siempre. El tema fue un hit en los rankings Dance Club, y no por casualidad muchos encontraron alguna ligera referencia a “We Are Family” de Sister Sledge. De base funky, fue dedicada a la banda norteamericana de soul/funk Sly and the Family Stone. Los latinos amaban a Madonna, y ella lo sabía. Por eso, no dejaba de dar guiños cómplices en cada lanzamiento desde “True Blue”. Comenzando con la remera impresa con la frase “Italians Do It Better” en el video de “Papa Don’t Preach”, pasando por “La Isla Bonita” y su video españolizado, hasta el abuso en hits megacomerciales como “Who’s That Girl”. Ahora, se despachaba con “Spanish Eyes” y por supuesto, la acogida en la comunidad latina fue total. El romance con los hispanoparlantes seguiría a lo largo de toda la carrera de Madonna hasta la actualidad. Pero esta canción tiene raíces más profundas: el SIDA y la lucha de un ser querido, su profesor de danzas y mentor Christopher Flynn, quien falleció finalmente en octubre de 1990. Todo llega a su fin, en este caso es “Act Of Contriction” un delirio que toma por raíz una plegaria católica, la que va deteriorándose lentamente detrás de un asfixiante loop hasta terminar con un alarido de una furiosa Madonna a la cual se le ha cancelado una reserva en un restaurante.
La gira a la que dio lugar “Like A Prayer” junto con el siguiente disco de Madonna “I´m Breathless” fue la icónica “Blond Ambition World Tour”. Es considerada hoy en día una de las mejores giras de la década del 90 y por supuesto, fue tan altamente controversial como el principal álbum del cual se nutría. A 30 años de aquel lanzamiento que colocó a Madonna para muchos medios especializados (MTV o Billboard entre otros) como “Artista de la Década”, ningún elogio es excesivo. Un disco que reafirmó a Madonna en la cima del pop. Y a partir de ese instante, allí siguió eternamente. Fue “Como una plegaria”, si analizamos el disco en su conjunto: por los que estuvieron y partieron, por los que están y pelean, y por los que vendrán. Definitivamente, “Like A Prayer” está en mi Top 3 de álbumes favoritos de la Reina.
TRIBULACIONES DE UNA REINA NO IMAGINARIA
En febrero de 1989 el mundo esperaba ansioso frente a la pantalla de TV el nuevo comercial de Pepsi. Anunciado con la debida antelación, el estreno tendría lugar la noche de la entrega de los Grammys. No era un simple spot publicitario: se trataba del puntapié inicial del contrato entre la afamada gaseosa y la ya devenida reina del pop, Madonna. Ambas potencias se unían para mutuo beneficio: la canción “Like A Prayer” era la banda de sonido de la campaña de Pepsi, al mismo tiempo que anticipaba la llegada del 4° álbum de la diva. Como siempre, el escándalo se hizo presente por culpa del video que acompañó a la canción, y la campaña de Pepsi fue cancelada ante reiteradas protestas de grupos religiosos (si bien el spot comercial era bastante naif). Así comenzaba este nuevo round donde en una esquina se sentaba Madonna Louis Ciccone, y en la esquina opuesta la vapuleada Iglesia Católica.
Que a esa altura Madonna era la Reina del Pop mundial, era algo de lo que no cabía ya la más mínima duda. A lo sumo, podía haber una reina negra que era Whitney Houston, pero su perfil era otro, más inocente y más acotado a USA. Madonna, que solo unos años atrás competía con Cindy Lauper por el trono, había pulverizado a su contrincante y nadie le hacía sombra ya. Pero no solo por su performance en la industria de la música, sino también por su papel en la industria de la controversia. Con el disco anterior “True Blue” algunos miembros del clero habían sudado la gota gorda ante la proclama de una adolescente que defendía una maternidad natural en “Papa Don’t Preach”. ¿Y ahora? “Like A Prayer” mezclaba en su video erotismo interracial y Ku Klux Klan sin evadir las referencias a la fe católica. El éxtasis sexual y religioso entremezclados con una Maddy pecadora que se entrega en el altar a un Padre de raza negra y baila entre cruces ardiendo en llamas. Capaz que ahora esto no es nada pero en el ’89 la sociedad era más pacata.
Si la idea de Madonna era provocar (y ciertamente, lo era), logró su objetivo con creces. Pero atrás de todo eso, se había gestado una producción que daba sustento al fenómeno. No era un hecho fortuito ni pasajero: “Like A Prayer” era una bomba que mezclaba elementos del pop, rock, funk y góspel; un hit demoledor, una canción que a primera escuchada se apoderaba de tu cabeza y de ella no podrías expulsarla con facilidad. El single fue lanzado el 3 de marzo de 1989, y pese a su horripilante lado B se clavó en el número 1 de la mayoría de los países del mundo, y donde no llegó al #1 fue #2. Fue el mayor suceso comercial de Madonna a nivel singles en la década del ’80, y en toda su carrera solo sería superado un año después por “Vogue” (curiosa anécdota: “Vogue” pudo haber sido el lado B de “Keep It Together”. Habría sido soberano desperdicio). A los pocos días saldría a la calle el flamante y tan esperado nuevo álbum de Madonna, producido por Patrick Leonard, Stephen Bray en menor medida, y Prince en un tema a dúo con la diva. El disco abría con el tema que le daba nombre, y después… todo lo que venía después!
A través de sus muy cuidados videos, Madonna había tenido una llegada masiva que no dejó de usar para promocionar el nuevo disco, y tras el impacto de “Like A Prayer”, llegaría “Express Yourself”, que era el segundo track del disco. Que podemos decir del “Express” que ya no se haya dicho… un video impecable, provocativo y altamente erótico. En mi caso personal: si bien amaba a Madonna desde sus inicios, nunca me había despertado atracción física, hasta que vi el video del “Express” que mostraba a Maddy como la dama glamorosa, masoquista y encadenada que seducía a un ejército de modelos masculinos trabajadores y extremadamente musculosos. Desde que salió el álbum a la venta, caía de maduro que “Express Yourself” tenía que ser single, y tanto el video como su nueva versión del “Express” tan diferente a la del álbum estaban hechos para atrapar la atención del mundo. Empecemos por la versión del álbum: dance pop muy fiel a su época con abundante instrumentación de vientos y palmas, era irresistible en una pista de baile. Por otro lado, el video era mucho más oscuro, inspirado en el clásico film de Fritz Lang “Metropolis”, dirigido por el maestro David Fincher y presentaba la nueva versión de “Express Yourself” remixada por Shep Pettibone que era igualmente efectiva en el dancefloor.
Continuemos la recorrida: el tercer track era el tan esperado trabajo que fusionaba a Madonna con Prince, dos íconos de la década del ’80. Había altas expectativas con una juntada de este nivel! Pero es un tema… de Prince. Y este es un disco de Madonna. O sea, no está mal, pero en este disco queda totalmente fuera de lugar: sería como un producto de Pitbull en un disco de Greta Van Fleet. Si lo ponían en “Sign ‘O’ The Times” de Prince, hubiera estado en el lugar preciso! Pero que se le puede reprochar a la Maddy de aquel entonces… si en la actualidad canta a dúo hasta con Maluma! La cuarta canción era, una vez más, autobiográfica: el romance y consecuente matrimonio de Madonna con Sean Penn había llegado a su fin, y “Till Death Do Us Apart” fue un alegato de aquella terminación tormentosa. Tan exitosa en su carrera como bipolar en el amor, Maddy esgrimía la amargura de otra relación rota donde el corazón destrozado era el de ella. Las cosas habían llegado al extremo: en diciembre de 1988 Madonna presentó cargos contra Sean Penn por entrar borracho a su casa en Malibu, golpearla y atarla. Según el propio oficial que tomó la declaración, difícilmente pudo reconocerla (se la veía desorientada, con el labio sangrando y en estado de shock) al momento de presentarse en la oficina del Sheriff. A los pocos días (5/01/1989), Madonna solicitó el divorcio por diferencias irreconciliables. Curiosamente, en el año 2015 Madonna despojó de toda culpa y cargo a Sean Penn, afirmando que nunca fue maltratada por él. Sin embargo, las líricas de “Till Death Do Us Apart” parecen contradecirla. ¿Por qué pretendería reescribir la historia? Un motivo puede ser para conservar una vieja amistad. Otro motivo sería que Sean Penn fue el amor de su vida. Para cerrar la primer cara del disco, una balada. “Promise to Try” es una sentida dedicatoria a su madre, un tema capaz de conmover hasta las lágrimas. Al igual que su madre, ella se llamó Madonna, una caricia que la acompañará toda su vida. Madonna madre murió a los 30 años de cáncer de mama, cuando su hija solo tenía 5 años. Y Madonna hija le canta a la niña que fue: “Little girl, don’t you forget her face / Laughing away your tears / When she was the one who felt all the pain”… Es la misma canción que suena en el documental “Truth Or Dare” cuando Madonna visita la tumba de su madre. Como dos caras de una misma moneda, de un lado del disco se encuentra “Promise to Try”, y del otro lado “Oh Father”, de la que hablaré más adelante.
“Cherish” es frescura, es agradecimiento, es esperanza. Es la contracara de “Till Death Do Us Apart”, ya que trata del amor que todavía sentía Madonna por su ex marido. Es la fe en que el amor todavía vive aún después de las peores rupturas, ya que siempre podemos rescatar aquello que valió la pena. Fuerte, positiva y especialmente pensada para la radio, “Cherish” fue el tercer single del álbum y en su video se metaforiza lo antedicho a partir de esa mutación de ser humano a sirena: ese nuevo amor que la espera en la orilla hacia el final. El continuo de optimismo nos lleva a “Dear Jessie”, una reflexión sobre las fantasías infantiles y la inocencia. Parece mentira que en el mismo disco donde hay temas tan fuertes y provocativos como la crítica a la religión, la libertad femenina, el maltrato infantil o el amor convertido en amargura, haya espacio para un contraste emocional de este tipo. Pero al fin y al cabo, no es total la desconexión: es la nostalgia de la diva por su propia infancia perdida. Está dedicada a la hija de Patrick Leonard (Jessie), con quien Madonna entabló una dulce relación. Con remembranzas a la psicodelia beatlemaníaca, la canción es básicamente encantadora. Fue el cuarto single europeo del álbum, alcanzando el top 5 en UK.
Llegamos a lo que para mí es una joyita oculta en este disco, si bien lo de “oculta” es relativo ya que fue editada como simple. Injustamente, fue el primer corte de Madonna en muchos años en no llegar al Top 10 de Billboard (apenas llegó al 20), pero para mi, es uno de los temas con mayor carga emotiva y donde se vuelcan sentimientos más íntimos y dolorosos sin ningún tipo de sobreactuación (algo para lo cual, reconozcamos, Maddy está creada a la perfección). Me refiero a “Oh Father”: un tema que saca a la luz un conflicto interno en su vida personal, un duelo inconcluso que recién (aparentemente) se cerraría más adelante según lo que se refleja en el documental “Truth Or Dare” (1991, patéticamente conocido en Argentina como “A la cama con Madonna”). Nuevamente es David Fincher quien dirige el video de “Oh Father”, dándole a la canción el tinte oscuro y dramático que la misma requiere. Focalizado en la muerte de su madre, la dificultosa relación con su padre en la infancia y los traumas que la misma generó en su adultez, el video traza un hilo conductor entre la niña inocente y un Edipo no resuelto que se refleja en la repetición de una historia con un novio violento, confundiendo por momentos si quien se encuentra en el lecho es o no su propio padre. MTV había solicitado que se remueva del video la escena de la madre muerta con los labios cocidos, pero aunque el requerimiento no tuvo lugar, se convirtió en video de alta rotación en Canadá. Si hay una canción que me ha llevado a través de los años a volver a escuchar “Like a Prayer”, esa canción es “Oh Father”.
En consonancia con la cuestión familiar, “Keep It Together” trata sobre los lazos de amor/odio en la propia familia, y la innegable importancia que ella le dio siempre. El tema fue un hit en los rankings Dance Club, y no por casualidad muchos encontraron alguna ligera referencia a “We Are Family” de Sister Sledge. De base funky, fue dedicada a la banda norteamericana de soul/funk Sly and the Family Stone. Los latinos amaban a Madonna, y ella lo sabía. Por eso, no dejaba de dar guiños cómplices en cada lanzamiento desde “True Blue”. Comenzando con la remera impresa con la frase “Italians Do It Better” en el video de “Papa Don’t Preach”, pasando por “La Isla Bonita” y su video españolizado, hasta el abuso en hits megacomerciales como “Who’s That Girl”. Ahora, se despachaba con “Spanish Eyes” y por supuesto, la acogida en la comunidad latina fue total. El romance con los hispanoparlantes seguiría a lo largo de toda la carrera de Madonna hasta la actualidad. Pero esta canción tiene raíces más profundas: el SIDA y la lucha de un ser querido, su profesor de danzas y mentor Christopher Flynn, quien falleció finalmente en octubre de 1990. Todo llega a su fin, en este caso es “Act Of Contriction” un delirio que toma por raíz una plegaria católica, la que va deteriorándose lentamente detrás de un asfixiante loop hasta terminar con un alarido de una furiosa Madonna a la cual se le ha cancelado una reserva en un restaurante.
La gira a la que dio lugar “Like A Prayer” junto con el siguiente disco de Madonna “I´m Breathless” fue la icónica “Blond Ambition World Tour”. Es considerada hoy en día una de las mejores giras de la década del 90 y por supuesto, fue tan altamente controversial como el principal álbum del cual se nutría. A 30 años de aquel lanzamiento que colocó a Madonna para muchos medios especializados (MTV o Billboard entre otros) como “Artista de la Década”, ningún elogio es excesivo. Un disco que reafirmó a Madonna en la cima del pop. Y a partir de ese instante, allí siguió eternamente. Fue “Como una plegaria”, si analizamos el disco en su conjunto: por los que estuvieron y partieron, por los que están y pelean, y por los que vendrán. Definitivamente, “Like A Prayer” está en mi Top 3 de álbumes favoritos de la Reina.
lunes, 3 de junio de 2019
Music Corner n° 177 - New Order
"TECHNIQUE” (1989)
HOOKED ON A FEELING
El quinto álbum de New Order fue claramente distinto a su predecesor “Brotherhood”, del que se distanciaba cronológicamente por 2 años y monedas. Empecemos destacando dos características en esta nueva producción: existe una serie de temas que conlleva la esencia de raíces tradicionalmente post punk, pero se da lugar a otra tanda de canciones notablemente influenciada por la escena Acid House que estaba arrasando Europa en aquellas épocas.
El disco fue lanzado el 30 de enero de 1989, con el anticipo del single “Fine Time” en noviembre del año anterior. Este adelanto era Acid House de la más pura cepa y se abría a todo un moderno abanico de posibilidades, dándole a la banda un sonido mucho más fresco que el under donde se había encasillado en algún otro momento, lo que algunos fundamentalistas encontraron como un crimen. Desde este punto de vista, el cambio es radical: la oscuridad se había disipado por completo en lo instrumental, más no así en las letras, lo que permitió gestar variados climas a lo largo de sus 9 canciones. Mientras “Technique” se iba gestando, Bernard Sumner estaba transitando el proceso de divorcio de su primera esposa. Esto quedó plasmado en diversos pasajes del disco: “I spent a lifetime working for you / And you won’t even talk to me” (“Love Less”), o también en “Vanishing Point”: “My life ain’t no holiday / I’ve been through the point of no return”. Teniendo en cuenta que New Order era la banda continuadora de la melancólica Joy Division con su lírica plagada de opacidad y depresión, la actual formación acarreaba esa herencia que se plasmaba con mayor evidencia en la padeciente persona de Bernard. Con una pesada historia personal, Sumner reflejó siempre en sus composiciones esa oscuridad latente y eso era lo que hacía aún más interesante a “Technique”, donde se contrastaban dichas huellas del pasado con la música club baleárica (o Ibiza House), exaltada y voluptuosa.
Estamos entonces ante un disco ecléctico y conciliador de diversas tendencias, estados de ánimo e historias agridulces. La música será obviamente el factor que armonizará en forma mágica todos los elementos que conforman este trabajo en su conjunto. Si hay algo para destacar en el sonido de “Technique” es la preponderancia del bajo de Peter Hook, que adquiriría protagonismo desde entonces y durante los próximos lanzamientos de New Order. Empecinado en mantener a New Order dentro de los carriles de una banda de rock, Hook define su titánica tarea como una batalla épica entre él y los secuenciadores, acontecimiento que saludamos con alegría. El segundo corte de difusión “Round & Round” es una de las pruebas más acabadas de esta afirmación de Hook, aunque más que una batalla parece un romance: rítmico hasta la médula, las líneas de bajo se pliegan gentilmente al objetivo final del tema y su compromiso con la pista de baile. Curiosamente, “Round & Round” trataría sobre la intensa y en aquellos momentos amarga relación del grupo con Tony Wilson, el dueño de Factory Records (la discográfica que lo editó). Algunas versiones sostienen que el tema “Vanishing Point” remarcaría el mismo conflicto.
Los tiempos cambian. El camino iniciado junto a Ian Curtis y su constante pesimismo nato se fue ramificando y abriendo espacios al humor, como en el caso de “Mr Disco” (inimaginable título para una creación de Joy Division), o al acid dance más auténtico como en la irresistible “Vanishing Point”, synth-pop del más alto nivel. La coloración fuerte también supo teñir todo lo relacionado con “Technique”, sus simples y 12 pulgadas: las tonalidades flúo y saturadas contrastan de plano con todo el arte de las producciones previas de Sumner y compañía. Tal vez no sea casualidad: eran los años donde se gestaba la explosión que significaría la “movida de Manchester”. Alrededor de la historia de Joy Division y New Order, orbitaban Tony Wilson como epicentro de Factory Records y el mítico club nocturno The Hacienda, y los ascendentes Happy Mondays. Y todo el descontrol lisérgico que eso implicaba se filtró en distintos recovecos del álbum. Por otro lado, los fans de más larga data encontraban refugio en rolas como “All The Way”, tan “the curesco” y fiel al estilo imprimado en placas como “Brotherhood” o anteriores. Lo mismo sucede en los casos de “Guilty Partner” o “Run”.
La respuesta del público a “Technique” fue la esperable en las islas británicas: se convirtió en el primer disco de New Order en llegar a la cima del chart inglés. Nunca se habían conjugado a tal grado de perfección todas las capacidades de New Order como banda como sucedió en esta producción. Sin soltarle la mano a su esencia dance-rock ni a la rumia del dolor constante y los conflictos arraigados que sangran de la pluma de Bernard Sumner, el disco fue un éxito en los chart de Hot Dance de Billboard, logrando un reconocimiento mainstream al que la banda no había accedido hasta hacía muy poco en USA con “True Faith”. Volviendo a la cuestión de Peter Hook y su rol protagónico en esta placa, creo que se trata del hilo conductor a lo largo de este camino de casi 40 minutos. Hook se traduce al castellano como “gancho”, y creo que ese es el quid de la cuestión: “Technique” fue un crisol de sonidos y estados de ánimo como nunca hasta entonces lo había logrado otra obra de New Order. Recién con el paso de los años recibió todo el reconocimiento que merecía.
HOOKED ON A FEELING
El quinto álbum de New Order fue claramente distinto a su predecesor “Brotherhood”, del que se distanciaba cronológicamente por 2 años y monedas. Empecemos destacando dos características en esta nueva producción: existe una serie de temas que conlleva la esencia de raíces tradicionalmente post punk, pero se da lugar a otra tanda de canciones notablemente influenciada por la escena Acid House que estaba arrasando Europa en aquellas épocas.
El disco fue lanzado el 30 de enero de 1989, con el anticipo del single “Fine Time” en noviembre del año anterior. Este adelanto era Acid House de la más pura cepa y se abría a todo un moderno abanico de posibilidades, dándole a la banda un sonido mucho más fresco que el under donde se había encasillado en algún otro momento, lo que algunos fundamentalistas encontraron como un crimen. Desde este punto de vista, el cambio es radical: la oscuridad se había disipado por completo en lo instrumental, más no así en las letras, lo que permitió gestar variados climas a lo largo de sus 9 canciones. Mientras “Technique” se iba gestando, Bernard Sumner estaba transitando el proceso de divorcio de su primera esposa. Esto quedó plasmado en diversos pasajes del disco: “I spent a lifetime working for you / And you won’t even talk to me” (“Love Less”), o también en “Vanishing Point”: “My life ain’t no holiday / I’ve been through the point of no return”. Teniendo en cuenta que New Order era la banda continuadora de la melancólica Joy Division con su lírica plagada de opacidad y depresión, la actual formación acarreaba esa herencia que se plasmaba con mayor evidencia en la padeciente persona de Bernard. Con una pesada historia personal, Sumner reflejó siempre en sus composiciones esa oscuridad latente y eso era lo que hacía aún más interesante a “Technique”, donde se contrastaban dichas huellas del pasado con la música club baleárica (o Ibiza House), exaltada y voluptuosa.
Estamos entonces ante un disco ecléctico y conciliador de diversas tendencias, estados de ánimo e historias agridulces. La música será obviamente el factor que armonizará en forma mágica todos los elementos que conforman este trabajo en su conjunto. Si hay algo para destacar en el sonido de “Technique” es la preponderancia del bajo de Peter Hook, que adquiriría protagonismo desde entonces y durante los próximos lanzamientos de New Order. Empecinado en mantener a New Order dentro de los carriles de una banda de rock, Hook define su titánica tarea como una batalla épica entre él y los secuenciadores, acontecimiento que saludamos con alegría. El segundo corte de difusión “Round & Round” es una de las pruebas más acabadas de esta afirmación de Hook, aunque más que una batalla parece un romance: rítmico hasta la médula, las líneas de bajo se pliegan gentilmente al objetivo final del tema y su compromiso con la pista de baile. Curiosamente, “Round & Round” trataría sobre la intensa y en aquellos momentos amarga relación del grupo con Tony Wilson, el dueño de Factory Records (la discográfica que lo editó). Algunas versiones sostienen que el tema “Vanishing Point” remarcaría el mismo conflicto.
Los tiempos cambian. El camino iniciado junto a Ian Curtis y su constante pesimismo nato se fue ramificando y abriendo espacios al humor, como en el caso de “Mr Disco” (inimaginable título para una creación de Joy Division), o al acid dance más auténtico como en la irresistible “Vanishing Point”, synth-pop del más alto nivel. La coloración fuerte también supo teñir todo lo relacionado con “Technique”, sus simples y 12 pulgadas: las tonalidades flúo y saturadas contrastan de plano con todo el arte de las producciones previas de Sumner y compañía. Tal vez no sea casualidad: eran los años donde se gestaba la explosión que significaría la “movida de Manchester”. Alrededor de la historia de Joy Division y New Order, orbitaban Tony Wilson como epicentro de Factory Records y el mítico club nocturno The Hacienda, y los ascendentes Happy Mondays. Y todo el descontrol lisérgico que eso implicaba se filtró en distintos recovecos del álbum. Por otro lado, los fans de más larga data encontraban refugio en rolas como “All The Way”, tan “the curesco” y fiel al estilo imprimado en placas como “Brotherhood” o anteriores. Lo mismo sucede en los casos de “Guilty Partner” o “Run”.
La respuesta del público a “Technique” fue la esperable en las islas británicas: se convirtió en el primer disco de New Order en llegar a la cima del chart inglés. Nunca se habían conjugado a tal grado de perfección todas las capacidades de New Order como banda como sucedió en esta producción. Sin soltarle la mano a su esencia dance-rock ni a la rumia del dolor constante y los conflictos arraigados que sangran de la pluma de Bernard Sumner, el disco fue un éxito en los chart de Hot Dance de Billboard, logrando un reconocimiento mainstream al que la banda no había accedido hasta hacía muy poco en USA con “True Faith”. Volviendo a la cuestión de Peter Hook y su rol protagónico en esta placa, creo que se trata del hilo conductor a lo largo de este camino de casi 40 minutos. Hook se traduce al castellano como “gancho”, y creo que ese es el quid de la cuestión: “Technique” fue un crisol de sonidos y estados de ánimo como nunca hasta entonces lo había logrado otra obra de New Order. Recién con el paso de los años recibió todo el reconocimiento que merecía.
lunes, 18 de marzo de 2019
Music Corner n° 176 - Milli Vanilli
OTRA GRAN ESTAFA DEL ROCK N’ ROLL
Fue exactamente hace 30 años cuando de pronto nos empezaron a taladrar imágenes de un video con 2 muy simpáticos danzarines morochos ex breakdancers (en cuyos curriculums se acreditaban como ex bailarines de la cantante pop italiana Sabrina Salerno) que vestían anchas hombreras y zapatos payasescos. Sus nombres eran Fab Morvan (de origen francés) y Rob Pilatus (alemán el muchacho), y de fondo sonaba un tema muy ganchero, muy adictivo: su primer single “Girl You Know It’s True”. Si bien el single fue lanzado a mediados de 1988 en Europa, la fama mundial llegaría luego de que el álbum debut fuera lanzado en Estados Unidos en enero de 1989 y Milli Vanilli se convirtiera en un fenómeno masivo.
Simulemos por un instante que no sabemos nada sobre todo este asunto. El single “Girl You Know It’s True” ya había llegado al número 3 en Inglaterra, y no tardó en llegar al 2° puesto en USA, abriendo la puerta para un año inolvidable (en todo sentido) para el dúo de Munich. Aprovechando el impulso de este primer hit, en USA el disco salió con el nombre del single debut (en Europa se llamaba “All Or Nothing”, nombre por el que se lo conoció también por Sudamérica). A partir de ahí, clinc caja!: 30 millones de singles y 14 millones de álbumes vendidos. La idea prometía y alcanzó sus objetivos: el productor germano era Frank Farian, que ya había logrado éxito con Boney M. (tal vez por eso se incluyó un cover de “Ma Baker” en este disco) y ahora se jugaba a mezclar el pop europeo con el rap más arraigado en Norteamérica.
Convertidos en poco tiempo en una sensación mundial, el camino quedó allanado para que Fab y Rob cosecharan 3 hits #1 consecutivos en el American Top 40. Los singles eran “Baby, Don’t Forget My Number”, “Girl I´m Gonna Miss You” y “Blame It On The Rain”. ¿La imagen lo es todo? Digamos que no, porque su música cumplía con todos los requerimientos para sonar una y otra vez en las radios de aquella época. Dance europeo, R&B, y algo de hip hop metidos en la batidora del pop, y todos felices. Pero la cuidada apariencia de estos dos modelos de raza negra, las voces que representaban tan bien, los ojos celestes de Rob Pilatus y los looks meticulosamente elaborados, vendidos a través de videos muy bien producidos, arrojaron los resultados que las discográficas tanto buscan en artistas pop con estas características: sex symbols que hacen delirar a fans enardecidas.
La primera señal de que no todo lo que brilla es oro se destapó en un concierto en la ciudad de Bristol, Connecticut, en julio de 1989. Mientras sonaba “Girl You Know It´s True”, la pista de audio comenzó a saltar y repetirse en el medio del show. Según el mismo Fab describió en el documental de MTV “Behind The Music”, tanto él como Rob entraron en pánico al quedar descubierta la farsa: se trataba de un playback. Aun así, intentaron manejar la situación y lo cierto es que al público poco le importó este desliz. Pero para los críticos el episodio no pasó desapercibido y comenzaron los cuestionamientos. No era menor el hecho de que en el lanzamiento europeo del álbum se mencionaba a Fab y Rob como integrantes del grupo pero no se especificaba que los mismos fueran los intérpretes de los temas, crédito que sí se le daba a ambos en la edición yankee. Y como bien saben (y a los que no lo saben, les cuento), Fab Morvan y Rob Pilatus no cantaban ni una nota en este disco: ellos habían sido contratados solo como las caras visibles de un proyecto al que se buscó imponer desde lo visual. Y en eso, no fallaron, pero fueron partícipes de un fraude. En diciembre de 1989, Charles Shaw (uno de los cantantes reales de Milli Vanilli), enfurecido por los créditos dados a Morvan y Pilatus en la edición norteamericana, reveló que los mismos eran unos impostores. Frank Farian le pagó a Shaw 150.000 dólares para que se retracte de sus dichos, pero aun así la bola ya había empezado a correr.
Ahora bien: ¿por qué los medios se ensañaron con tanta furia contra Milli Vanilli? ¿Será que no pudieron soportar haber sido engañados con tanta facilidad, sin haber sospechado nada desde el inicio? Casos como Technotronic o Black Box, por mencionar algunos de la misma época, también vendieron videos de poderosos hits #1 bailables usando la imagen de una modelo que no era quien realmente cantaba. Claro, Milli Vanilli llegó más lejos que nadie por su nivel de ventas y por haber levantado premios American Music Awards o Grammy. Ahí es donde el engaño no pudo ser tolerado. El Comité de los Grammy le retiró a Milli Vanilli el premio a Mejor Artista Revelación otorgado en 1990; no fue así con los American Music Awards que había ganado el dúo como revelación R&B y por Pop/Rock single, ya que el criterio usado se relaciona en ese caso más con una decisión de los consumidores que en la fidelidad del trabajo realizado por los artistas. Como sea, la condena social fue acompañada por la de toda la industria discográfica, que pasó de mimarlos a considerarlos villanos indignos de perdón alguno cuando Frank Farian contó en noviembre de 1990 la verdad y nada más que la verdad: todo lo que habían hecho Fab y Rob era “lip sync” (más conocido como playback) de pistas pregrabadas, tanto en los videos como en los conciertos u otras presentaciones. Era un completo fraude.
No hubo recuperación posible para Milli Vanilli: ni para los auténticos, ni para los truchos. Frank Farian intentó en 1991 relanzar a los cantantes originales bajo el nombre de The Real Milli Vanilli en un nuevo álbum titulado “Moment of Truth”, pero aun lanzando 3 singles de difusión con un sonido fiel al primer L.P., el intento hizo agua. Por el otro lado, Morvan y Pilatus se convirtieron en Rob & Fab, proyecto en el cual cantaron con sus mismísimas voces. Pero el disco contó con poca publicidad y mala distribución, lo que sumado al escándalo nunca superado, contribuyó al fracaso de una placa que solo vendió unas pocas copias en 1993. Era mayormente cantado por Fab Morvan y digámoslo sin tapujos: la calidad del primer lanzamiento de Milli Vanilli estaba muy por encima de este burdo intento comercial donde se copiaban todos los clichés de los artistas R&B de principios de los 90’s. “We Can Get It On” fue el nombre del flojo primer corte de promoción. Habría lugar para un último manotazo de ahogado en 1997, cuando Farian acordó con Fab y Rob la realización de una nueva producción de Milli Vanilli con las voces de los ahora tan menospreciados chavales. La nueva producción iba a llamarse “Back and In Attack”, y contaría incluso con algunos de los cantantes de estudio del exitoso “Girl You Know It’s True”. Se programó también una gira de promoción para el nuevo material. Pero Rob Pilatus había caído hacía unos años en una profunda depresión y se había convertido en un drogadicto y en un delicuente, lo que lo condujo a ser sentenciado a 3 meses de prisión y 6 meses de rehabilitación por su adicción. Farian intentó rescatarlo pero ya era demasiado tarde: el 2 de abril de 1998 Rob fue encontrado muerto en una habitación de hotel en Frankfurt. Se determinó que la causa de la muerte había sido por sobredosis de alcohol y drogas. Luego de esto, se canceló tanto la edición del nuevo álbum como la gira.
¿Y Fab Morvan? Siguió con proyectos que nunca lograron trascendencia, incluso llevó adelante un proyecto como solista en 2003, llamado “Love Revolution”. El mismo se vuelca definitivamente a un estilo más identificado con Lenny Kravitz y fue calificado con 4.5/5 por los usuarios de AllMusic Guide, lo que no es poca cosa. Y ya hubo proyectos (truncados hasta hoy) para hacer una película con la apasionante historia de Milli Vanilli: en algún momento se hará realidad. Lamentablemente, el título de “La Gran Estafa” ya ha sido tomado!
Fue exactamente hace 30 años cuando de pronto nos empezaron a taladrar imágenes de un video con 2 muy simpáticos danzarines morochos ex breakdancers (en cuyos curriculums se acreditaban como ex bailarines de la cantante pop italiana Sabrina Salerno) que vestían anchas hombreras y zapatos payasescos. Sus nombres eran Fab Morvan (de origen francés) y Rob Pilatus (alemán el muchacho), y de fondo sonaba un tema muy ganchero, muy adictivo: su primer single “Girl You Know It’s True”. Si bien el single fue lanzado a mediados de 1988 en Europa, la fama mundial llegaría luego de que el álbum debut fuera lanzado en Estados Unidos en enero de 1989 y Milli Vanilli se convirtiera en un fenómeno masivo.
Simulemos por un instante que no sabemos nada sobre todo este asunto. El single “Girl You Know It’s True” ya había llegado al número 3 en Inglaterra, y no tardó en llegar al 2° puesto en USA, abriendo la puerta para un año inolvidable (en todo sentido) para el dúo de Munich. Aprovechando el impulso de este primer hit, en USA el disco salió con el nombre del single debut (en Europa se llamaba “All Or Nothing”, nombre por el que se lo conoció también por Sudamérica). A partir de ahí, clinc caja!: 30 millones de singles y 14 millones de álbumes vendidos. La idea prometía y alcanzó sus objetivos: el productor germano era Frank Farian, que ya había logrado éxito con Boney M. (tal vez por eso se incluyó un cover de “Ma Baker” en este disco) y ahora se jugaba a mezclar el pop europeo con el rap más arraigado en Norteamérica.
Convertidos en poco tiempo en una sensación mundial, el camino quedó allanado para que Fab y Rob cosecharan 3 hits #1 consecutivos en el American Top 40. Los singles eran “Baby, Don’t Forget My Number”, “Girl I´m Gonna Miss You” y “Blame It On The Rain”. ¿La imagen lo es todo? Digamos que no, porque su música cumplía con todos los requerimientos para sonar una y otra vez en las radios de aquella época. Dance europeo, R&B, y algo de hip hop metidos en la batidora del pop, y todos felices. Pero la cuidada apariencia de estos dos modelos de raza negra, las voces que representaban tan bien, los ojos celestes de Rob Pilatus y los looks meticulosamente elaborados, vendidos a través de videos muy bien producidos, arrojaron los resultados que las discográficas tanto buscan en artistas pop con estas características: sex symbols que hacen delirar a fans enardecidas.
La primera señal de que no todo lo que brilla es oro se destapó en un concierto en la ciudad de Bristol, Connecticut, en julio de 1989. Mientras sonaba “Girl You Know It´s True”, la pista de audio comenzó a saltar y repetirse en el medio del show. Según el mismo Fab describió en el documental de MTV “Behind The Music”, tanto él como Rob entraron en pánico al quedar descubierta la farsa: se trataba de un playback. Aun así, intentaron manejar la situación y lo cierto es que al público poco le importó este desliz. Pero para los críticos el episodio no pasó desapercibido y comenzaron los cuestionamientos. No era menor el hecho de que en el lanzamiento europeo del álbum se mencionaba a Fab y Rob como integrantes del grupo pero no se especificaba que los mismos fueran los intérpretes de los temas, crédito que sí se le daba a ambos en la edición yankee. Y como bien saben (y a los que no lo saben, les cuento), Fab Morvan y Rob Pilatus no cantaban ni una nota en este disco: ellos habían sido contratados solo como las caras visibles de un proyecto al que se buscó imponer desde lo visual. Y en eso, no fallaron, pero fueron partícipes de un fraude. En diciembre de 1989, Charles Shaw (uno de los cantantes reales de Milli Vanilli), enfurecido por los créditos dados a Morvan y Pilatus en la edición norteamericana, reveló que los mismos eran unos impostores. Frank Farian le pagó a Shaw 150.000 dólares para que se retracte de sus dichos, pero aun así la bola ya había empezado a correr.
Ahora bien: ¿por qué los medios se ensañaron con tanta furia contra Milli Vanilli? ¿Será que no pudieron soportar haber sido engañados con tanta facilidad, sin haber sospechado nada desde el inicio? Casos como Technotronic o Black Box, por mencionar algunos de la misma época, también vendieron videos de poderosos hits #1 bailables usando la imagen de una modelo que no era quien realmente cantaba. Claro, Milli Vanilli llegó más lejos que nadie por su nivel de ventas y por haber levantado premios American Music Awards o Grammy. Ahí es donde el engaño no pudo ser tolerado. El Comité de los Grammy le retiró a Milli Vanilli el premio a Mejor Artista Revelación otorgado en 1990; no fue así con los American Music Awards que había ganado el dúo como revelación R&B y por Pop/Rock single, ya que el criterio usado se relaciona en ese caso más con una decisión de los consumidores que en la fidelidad del trabajo realizado por los artistas. Como sea, la condena social fue acompañada por la de toda la industria discográfica, que pasó de mimarlos a considerarlos villanos indignos de perdón alguno cuando Frank Farian contó en noviembre de 1990 la verdad y nada más que la verdad: todo lo que habían hecho Fab y Rob era “lip sync” (más conocido como playback) de pistas pregrabadas, tanto en los videos como en los conciertos u otras presentaciones. Era un completo fraude.
No hubo recuperación posible para Milli Vanilli: ni para los auténticos, ni para los truchos. Frank Farian intentó en 1991 relanzar a los cantantes originales bajo el nombre de The Real Milli Vanilli en un nuevo álbum titulado “Moment of Truth”, pero aun lanzando 3 singles de difusión con un sonido fiel al primer L.P., el intento hizo agua. Por el otro lado, Morvan y Pilatus se convirtieron en Rob & Fab, proyecto en el cual cantaron con sus mismísimas voces. Pero el disco contó con poca publicidad y mala distribución, lo que sumado al escándalo nunca superado, contribuyó al fracaso de una placa que solo vendió unas pocas copias en 1993. Era mayormente cantado por Fab Morvan y digámoslo sin tapujos: la calidad del primer lanzamiento de Milli Vanilli estaba muy por encima de este burdo intento comercial donde se copiaban todos los clichés de los artistas R&B de principios de los 90’s. “We Can Get It On” fue el nombre del flojo primer corte de promoción. Habría lugar para un último manotazo de ahogado en 1997, cuando Farian acordó con Fab y Rob la realización de una nueva producción de Milli Vanilli con las voces de los ahora tan menospreciados chavales. La nueva producción iba a llamarse “Back and In Attack”, y contaría incluso con algunos de los cantantes de estudio del exitoso “Girl You Know It’s True”. Se programó también una gira de promoción para el nuevo material. Pero Rob Pilatus había caído hacía unos años en una profunda depresión y se había convertido en un drogadicto y en un delicuente, lo que lo condujo a ser sentenciado a 3 meses de prisión y 6 meses de rehabilitación por su adicción. Farian intentó rescatarlo pero ya era demasiado tarde: el 2 de abril de 1998 Rob fue encontrado muerto en una habitación de hotel en Frankfurt. Se determinó que la causa de la muerte había sido por sobredosis de alcohol y drogas. Luego de esto, se canceló tanto la edición del nuevo álbum como la gira.
¿Y Fab Morvan? Siguió con proyectos que nunca lograron trascendencia, incluso llevó adelante un proyecto como solista en 2003, llamado “Love Revolution”. El mismo se vuelca definitivamente a un estilo más identificado con Lenny Kravitz y fue calificado con 4.5/5 por los usuarios de AllMusic Guide, lo que no es poca cosa. Y ya hubo proyectos (truncados hasta hoy) para hacer una película con la apasionante historia de Milli Vanilli: en algún momento se hará realidad. Lamentablemente, el título de “La Gran Estafa” ya ha sido tomado!
viernes, 28 de diciembre de 2018
Music Corner n° 175 - Placebo
“WITHOUT YOU I´M NOTHING" - 20 AÑOS
BIPOLARIDAD CONDUCTORA
Tras un promisorio debut y con un primer corte Top 5 en el UK Chart con “Nancy Boy”, Placebo era una banda que empezaba a generar interés público a mediados de los 90’s. Entre aquellos que se sintieron atraídos resultó estar nada menos que David Bowie, con quien Placebo tuvo el lujo de tocar en varios conciertos durante el año 1996, hasta incluso para el cumpleaños n° 50 del Duke en el Madison Square Garden. El espíritu de Bowie continuó haciéndose carne en Placebo, ya que el siguiente paso del trío consistió en su participación con un cover de “20th Century Boy” en la banda de sonido de la película “Velvet Goldmine” inspirada en la escena Glam Rock de los años 70´s (y directamente relacionada con las vidas de Bowie e Iggy Pop). Esta fue toda la previa al segundo álbum de Placebo, que ya se estaba gestando.
Contar en la producción con el entonces ascendente Steve Osborne (ya tenía en su cartera trabajos con U2, Happy Mondays o Lush) no fue un tema menor, y aunque la relación que tuvo el mismo con la banda fue bastante conflictiva, los resultados no dejaron de ser óptimos. Aun así, temas icónicos de la placa en cuestión como “Pure Morning” (primer single cortado) contaron, como otros temas, con la producción de Phil Vinall. Sorprendería a más de uno enterarse que “Pure Morning” fue originalmente concebido como un cara B de algún futuro single, pero el resultado final daba obviamente para mucho más que eso. Junto a “Never Let Me Down Again” de Depeche Mode, podemos considerarla una de las más grandes odas a la amistad, y al igual que el tema de Depeche, es oscuro, envolvente y adictivo. Ideal para dar apertura a sus respectivos álbumes. Así fue como el adelanto del nuevo disco, que ya estaba terminado, fue justamente un tema que se metió por la ventana. “Pure Morning” fue lanzado el 3 de agosto de 1998, alcanzando el #4 en el UK singles chart. El sombrío video en cámara lenta muestra a Brian Molko amenazando suicidarse desde el borde de un edificio londinense, para terminar caminando por las paredes en lugar de caer al vacío. Androginia y desafío de leyes físicas en un mismo acto.
La consigna de este segundo disco era mostrar el lado más netamente glam rock de Placebo con ribetes de electro-punk similares al Sonic Youth o Pixies que supieron sacudir la escena under a comienzos de aquella década. Un pasaje furibundo como “Brick Shithouse” da cuenta de esta cólera desatada, que se complementa con saturaciones y acoples en otros tracks desbordantes de contundencia como “Every You Every Me” o “Scared Of Girls”. Incluso en el hidden track “Evil Dildo”. Pareciera que los puntos más elevados se encuentran en esos arrebatos, pero la violencia en Placebo se sublima en los momentos de mayor profundidad emocional que reside, con natural peculiaridad, en sus producciones más lentas, lúgubres y melancólicas. El tipo de amor que se describe en una letra como “Without You I´m Nothing” es aquel que desgarra, que no permite vivir, que arrastra a la desesperación del saber que no hay salida más que el abismo. Ese tipo de situaciones se describen una y otra vez a lo largo de exquisitos 65 minutos. Así como el momento bisexual de Molko entonando la romántica y sufrida “My Sweet Prince” (no “Princess”) con estrofas como “Never thought I’d get any higher / Never thought you’d fuck with my brain”. Así es medio difícil que las cosas funcionen, diría un tradicionalista! By The Way, yo entiendo que es un gran honor que David Bowie quiera grabar una canción a dúo con tu banda, pero realmente me quedo con la versión del álbum antes que con la del single “Without You I´m Nothing” con la voz de Bowie grabada encima. Te quiero Duke, te amo: no me odies desde el más allá por decir esto!
Para darle empuje comercial al disco, la rola elegida como segundo corte fue la simpática y bailable “You Don’t Care About Us”, que también logró ser top 5 en Inglaterra. Con dos hits en el bolsillo el álbum fue bien recibido por la crítica y Placebo pudo ampliar su universo de fans, lo que sirvió para una aún mejor performance de su obra posterior “Black Market Music”. En una escena musical mundial donde artistas como Marilyn Manson pisaban fuerte, una concepción como la de “Brick Shithouse” puede parecer menos extrema que lo que realmente es: una persona asesinada viendo desde el más allá a su novia acostándose con otro hombre mientras le canta algo tan intimidante como “I’ll be watching when he’s around”. Creepy. Tampoco resulta tan revolucionario ya (ni lo era en 1998) pegarle a la Iglesia en un tema como “Allergic (To Thoughts of Mother Earth)”. De modo que nada de lo que aquí se dijera resultaba escandaloso, pero si en muchos aspectos movilizador con momentos creativos.
Como sea, “Without You I’m Nothing” es un disco que no se molesta en evitar mostrar una completa inestabilidad emocional. Un sube y baja desbocado es la línea que caracteriza toda la obra: de “The Crawl” saltamos a “Every You Every Me”; de la deliciosa melodía de “Summer’s Gone” pasamos a la tormentosa “Scared Of Girls”. Tal vez sea “Every You Every Me” la canción que resume todo aquello que somos y que sentimos: todos tenemos algo viejo y algo nuevo, todos tenemos algo prestado y algo triste. Todos podemos ser egoístas o crueles. Todos podemos ser Placebo. Me encantan este tipo de discos donde, pese a la bipolaridad, hay un hilo conductor que hace que nada desentone. Ese es el pilar: abusar de ese placer que siente el oído del sufriente ante los altibajos. Frenesí y abatimiento en una constante ida y vuelta, todo por un mismo precio. No se puede pedir más: por algo es esta la producción que mejor representa a Placebo.
BIPOLARIDAD CONDUCTORA
Tras un promisorio debut y con un primer corte Top 5 en el UK Chart con “Nancy Boy”, Placebo era una banda que empezaba a generar interés público a mediados de los 90’s. Entre aquellos que se sintieron atraídos resultó estar nada menos que David Bowie, con quien Placebo tuvo el lujo de tocar en varios conciertos durante el año 1996, hasta incluso para el cumpleaños n° 50 del Duke en el Madison Square Garden. El espíritu de Bowie continuó haciéndose carne en Placebo, ya que el siguiente paso del trío consistió en su participación con un cover de “20th Century Boy” en la banda de sonido de la película “Velvet Goldmine” inspirada en la escena Glam Rock de los años 70´s (y directamente relacionada con las vidas de Bowie e Iggy Pop). Esta fue toda la previa al segundo álbum de Placebo, que ya se estaba gestando.
Contar en la producción con el entonces ascendente Steve Osborne (ya tenía en su cartera trabajos con U2, Happy Mondays o Lush) no fue un tema menor, y aunque la relación que tuvo el mismo con la banda fue bastante conflictiva, los resultados no dejaron de ser óptimos. Aun así, temas icónicos de la placa en cuestión como “Pure Morning” (primer single cortado) contaron, como otros temas, con la producción de Phil Vinall. Sorprendería a más de uno enterarse que “Pure Morning” fue originalmente concebido como un cara B de algún futuro single, pero el resultado final daba obviamente para mucho más que eso. Junto a “Never Let Me Down Again” de Depeche Mode, podemos considerarla una de las más grandes odas a la amistad, y al igual que el tema de Depeche, es oscuro, envolvente y adictivo. Ideal para dar apertura a sus respectivos álbumes. Así fue como el adelanto del nuevo disco, que ya estaba terminado, fue justamente un tema que se metió por la ventana. “Pure Morning” fue lanzado el 3 de agosto de 1998, alcanzando el #4 en el UK singles chart. El sombrío video en cámara lenta muestra a Brian Molko amenazando suicidarse desde el borde de un edificio londinense, para terminar caminando por las paredes en lugar de caer al vacío. Androginia y desafío de leyes físicas en un mismo acto.
La consigna de este segundo disco era mostrar el lado más netamente glam rock de Placebo con ribetes de electro-punk similares al Sonic Youth o Pixies que supieron sacudir la escena under a comienzos de aquella década. Un pasaje furibundo como “Brick Shithouse” da cuenta de esta cólera desatada, que se complementa con saturaciones y acoples en otros tracks desbordantes de contundencia como “Every You Every Me” o “Scared Of Girls”. Incluso en el hidden track “Evil Dildo”. Pareciera que los puntos más elevados se encuentran en esos arrebatos, pero la violencia en Placebo se sublima en los momentos de mayor profundidad emocional que reside, con natural peculiaridad, en sus producciones más lentas, lúgubres y melancólicas. El tipo de amor que se describe en una letra como “Without You I´m Nothing” es aquel que desgarra, que no permite vivir, que arrastra a la desesperación del saber que no hay salida más que el abismo. Ese tipo de situaciones se describen una y otra vez a lo largo de exquisitos 65 minutos. Así como el momento bisexual de Molko entonando la romántica y sufrida “My Sweet Prince” (no “Princess”) con estrofas como “Never thought I’d get any higher / Never thought you’d fuck with my brain”. Así es medio difícil que las cosas funcionen, diría un tradicionalista! By The Way, yo entiendo que es un gran honor que David Bowie quiera grabar una canción a dúo con tu banda, pero realmente me quedo con la versión del álbum antes que con la del single “Without You I´m Nothing” con la voz de Bowie grabada encima. Te quiero Duke, te amo: no me odies desde el más allá por decir esto!
Para darle empuje comercial al disco, la rola elegida como segundo corte fue la simpática y bailable “You Don’t Care About Us”, que también logró ser top 5 en Inglaterra. Con dos hits en el bolsillo el álbum fue bien recibido por la crítica y Placebo pudo ampliar su universo de fans, lo que sirvió para una aún mejor performance de su obra posterior “Black Market Music”. En una escena musical mundial donde artistas como Marilyn Manson pisaban fuerte, una concepción como la de “Brick Shithouse” puede parecer menos extrema que lo que realmente es: una persona asesinada viendo desde el más allá a su novia acostándose con otro hombre mientras le canta algo tan intimidante como “I’ll be watching when he’s around”. Creepy. Tampoco resulta tan revolucionario ya (ni lo era en 1998) pegarle a la Iglesia en un tema como “Allergic (To Thoughts of Mother Earth)”. De modo que nada de lo que aquí se dijera resultaba escandaloso, pero si en muchos aspectos movilizador con momentos creativos.
Como sea, “Without You I’m Nothing” es un disco que no se molesta en evitar mostrar una completa inestabilidad emocional. Un sube y baja desbocado es la línea que caracteriza toda la obra: de “The Crawl” saltamos a “Every You Every Me”; de la deliciosa melodía de “Summer’s Gone” pasamos a la tormentosa “Scared Of Girls”. Tal vez sea “Every You Every Me” la canción que resume todo aquello que somos y que sentimos: todos tenemos algo viejo y algo nuevo, todos tenemos algo prestado y algo triste. Todos podemos ser egoístas o crueles. Todos podemos ser Placebo. Me encantan este tipo de discos donde, pese a la bipolaridad, hay un hilo conductor que hace que nada desentone. Ese es el pilar: abusar de ese placer que siente el oído del sufriente ante los altibajos. Frenesí y abatimiento en una constante ida y vuelta, todo por un mismo precio. No se puede pedir más: por algo es esta la producción que mejor representa a Placebo.
jueves, 13 de diciembre de 2018
Music Corner n° 174 - Muse
“SIMULATION THEORY"
FICCIÓN DISTÓPICA RETROFUTURISTA
Los genios como Matt Bellamy tienen estas cosas: muchas veces resultan incomprendidos. Las críticas sobre la última producción de Muse vienen siendo en algunos casos un poco injustas, y he visto ejércitos de opinólogos rasgarse las vestiduras proclamando a viva voz la absoluta e irreversible decadencia de Muse, afirmando que el octavo disco del trío es un fiel reflejo de dicha catástrofe, y añorando el regreso a las buenas y sagradas épocas de “Origin of Symmetry”, que era cuando Bellamy, Wolstenholme y Howard conformaban una banda vanguardista que te “volaba el marulo” según la jerga rioplatense. Tratemos de corrernos por un momento de algunas obviedades.
Por empezar, Muse nunca volverá a ser la banda que fue en “Origin of Symmetry” o mucho menos “Showbiz”. Nadie le hubiera pedido a Pink Floyd que después de hacer “The Wall” volviera a hacer un “Atom Heart Mother”, ¿no? It´s evolution, baby, como nos supo enseñar Pearl Jam, para bien o para mal. Muse maduró, creció como banda y cada uno de sus miembros como músico. Cada uno de ellos fue nombrado Doctor Honoris Causa en el año 2008 por la Universidad de Plymouth, solo para mencionar algunos créditos. En segundo lugar, lo que en otros tiempos era bien visto, que era la experimentación, hoy en día es percibida por una parcialidad como carencia de ideas: el concepto de “banda que no se puede encasillar” pasó a ser un delirio megalómano de Matt Bellamy... En fin, no a todos tiene necesariamente que gustarnos el nuevo rumbo: pero de ahí a proclamar decrepitud, hay una gran distancia.
“Simulation Theory” amenazaba ser una caja de pandora que algunos temían abrir. Los adelantos de los últimos meses no habían sido muy alentadores con ejemplos como “Something Human”, pero en mi caso personal, hubo algunos temas como “Dig Down” que, al mejor estilo de un buen vino añejado, maduraron bien con el tiempo. Veamos más en detalle cómo nos fueron llegando estos anticipos. Todo empezó en el año 2017, cuando hacia mayo se lanzó “Dig Down”, una mezcla de synth pop con glam rock que resultó interesante como primer adelanto. Hubo que esperar a los inicios de 2018 para conocer la siguiente novedad, “Thought Contagion”, donde se reiteraba la orientación al rock electrónico pero ya se empezaba a perfilar el concepto que hilvanaba los distintos singles, y que confirmamos con la salida en julio del mismo año del polémico “Something Human” y su correspondiente video. Los sintetizadores comenzaban a entremezclarse con algo de space rock, y si se observa la estética de los covers de cada sencillo junto a la línea de producción de los videos, había una idea rectora.
En todos los casos se evidencian ineludibles alusiones a películas y clips de los años 80’s. El director en todos los casos es Lance Drake, y las referencias son icónicas: Max Headroom (en “Dig Down”), el video de “Thriller” de Michael Jackson (en “Thought Contagion”), el culto al VHS y “Back To The Future” (en “Something Human”), y los video juegos “Cyberpunk 2020” y “Grand Theft Auto: Vice City” (en “The Dark Side”, continuación de “Something Human”). Tanta cultura pop retrofuturista se extendió hasta el video de “Pressure” y su remembranza de la escena del baile de graduación de “Back To The Future”. Hablar de todo esto y mencionar la serie de TV para cuarentones melancólicos “Stranger Things” es como decir que todo queda en familia: más cuando el arte de tapa de “Simulation Theory” fue diseñado por Kyle Lambert, artista visual que trabajó precisamente en “Stranger Things”.
Habiendo mencionado todas estas simpáticas referencias, es menester focalizar un poco en la materia musical propiamente dicha. La placa abre con “Algorithm”, agradable sorpresa ya que en lo que refiere a grandes aperturas de sus discos, Muse continúa manteniendo el nivel épico característico. El segundo track es “The Dark Side”, que era el mejor single de los editados como adelanto, así que nada nuevo para el fan (que lo seguirá disfrutando) pero si un gran tema por descubrir para los neófitos: synth pop noventoso que se nutre del sonido original de Muse y de la impronta que la banda ha decidido imprimir en ésta placa. Se continúa con otro de esos hits propios de Muse con estribillos muy pegadizos que terminan siendo adictivos con el tiempo: el efectivo “Pressure”. La simulación en su apogeo, donde a través de una canción alegre se transmiten mensajes de sofocación como “I´m grinding it out / The pressure’s growing exponentially”. En cuarto lugar llega “Propaganda”, una suerte de “Supermassive Black Hole” remozado y con un solo de guitarra muy Black Rebel Motorcycle Club. Aquel touch funky de “Panic Station” (de “The 2nd Law”) sigue vivo. Cinco productores colaboraron en este tema, incluido el nunca bien ponderado Timbaland, pero afortunadamente aquí los resultados fueron óptimos.
Si vamos a hablar de rolas adictivas que invitan a sacudir la cabeza al mejor heavy metal style o mínimamente seguir el ritmo con el pie, “Break It To Me” es un inmejorable ejemplo. Cualquier DJ principiante lograría con facilidad un enganche perfecto entre este hitazo y “Bulls On Parade” de Rage Against The Machine ¿es acaso un homenaje a una banda que supo inspirar a Muse en sus inicios? Como sea, Tom Morello levanta sus pulgares aprobando. Veníamos genial, era todo 9 puntos para arriba, hasta que llegamos a…
“Something Human”. Ok, si hay que nombrar un tema que haya levantado polvareda en la carrera de Muse, es precisamente este. Desde que lo escuché por primera vez, y aún hoy, me sigo acordando de “A Little Respect” de Erasure. Lo que no es un problema porque lo amo, pero esto es Muse. Otros han llegado a encontrar aquí plagios a George Michael o hasta a Christina Aguilera (si, “Genie In a Bottle”, algo tiene de eso). Es un folk pop muy cheesy que podría tocar REO Speedwagon pero no Muse, o al menos no debería, y por algo no la están haciendo actualmente en la gira. Voy a ser totalmente honesto: de tanto machacarla, ha terminado agradándome. Pero aun así, en el medio de este disco o de cualquier otro disco de Muse, esto no tiene, literalmente, un pedo que ver. Y gran parte de la culpa por algunas críticas destructivas que le han hecho a “Simulation Theory”, la tiene este track perdido en la nebulosa.
Para evitar la hecatombe, llega justo a tiempo “Thought Contagion”, otro de los temas que ya conocíamos, y que dicen que en vivo suena de la ostia. Si bien Bellamy ha sido acusado de querer sonar aquí como Imagine Dragons, el tema es muy efectivo. La lírica es la más fiel a la línea de Muse y su constante paranoia: pensamientos invasivos y contagiosos como virus nos atacan todos los días. Hábilmente representado en un video con coreografías onda Michael Jackson donde todos se convierten en cyber vampiros punk que se mueven como zombies. Divertidísimo! “Get Up and Fight” es el octavo tema. Nuevamente se repite una fórmula ya usada en el pasado (clara referencia a “Mercy”) y que a muchos molesta. Tampoco es novedad la temática tratada: “estamos siendo oprimidos, tú lo sabes, y por eso te pido que te unas a nuestra lucha porque sin ti no podemos”. Listo, pongámosle unos coritos de Tove Lo (artista sueca de la que me hice fan con su álbum “Queen of The Clouds” en el 2014) para hacerlo aún más pop, y cartón lleno. La rebeldía adolescente fluye a borbotones, Matt imprime un tinte romántico con su piano, y aun así es un momento flojo del disco y lleva tiempo asimilarlo. “Blockades” es el tema Muse de manual, y por eso no puede no gustarle a nadie que ya sea seguidor. Los que extrañan “Origin Of Symmetry” o “Absolution” tienen aquí un pequeño oasis, ya que este track es una mezcla de “Bliss”, “Stockholm Syndrome” y varias otras cosas buenísimas del pasado. Luego viene “Dig Down”, que nos pilló a los oyentes en un momento en que estábamos ávidos de nuevo material, y tal vez por eso ha tenido buena acogida y nos simpatiza. Y así llegamos al último tema. Así como “Algorithm” es la típica apertura, “The Void” es el típico cierre al mejor estilo “Exogenesis”. Pero en este caso, con un aire a Jean-Michel Jarré meets Giorgio Moroder, metidos en la batidora Muse. Espectacular. Como plus hay versiones alternativas de casi todos los temas en las 2 ediciones deluxe, destacando entre ellas la Alternate Reality Version de “The Dark Side”, tremendamente conmovedora.
El álbum ha tenido buena recepción del público, y ya fue #1 en varios países europeos incluyendo Inglaterra. La crítica, como ya vimos, es variada: un medio como Metacritic, le asignó un promedio de 63/100. Así de peleada está la cosa. Vivimos en una simulación virtual de la realidad digna de The Matrix, y desde ese concepto quiso partir la banda para darle forma a este trabajo. Me gustó que para manifestarlo, hayan recurrido a la estética sci-fi propia de los años 80’s. Y respecto a las canciones, encuentro en general muy buen material, salvo honrosas excepciones. Aquel que se sienta decepcionado, puede dar por seguro que, gracias a la constante pasión innovadora de Matt Bellamy, el próximo disco nos sorprenderá con algo completamente imprevisible.
FICCIÓN DISTÓPICA RETROFUTURISTA
Los genios como Matt Bellamy tienen estas cosas: muchas veces resultan incomprendidos. Las críticas sobre la última producción de Muse vienen siendo en algunos casos un poco injustas, y he visto ejércitos de opinólogos rasgarse las vestiduras proclamando a viva voz la absoluta e irreversible decadencia de Muse, afirmando que el octavo disco del trío es un fiel reflejo de dicha catástrofe, y añorando el regreso a las buenas y sagradas épocas de “Origin of Symmetry”, que era cuando Bellamy, Wolstenholme y Howard conformaban una banda vanguardista que te “volaba el marulo” según la jerga rioplatense. Tratemos de corrernos por un momento de algunas obviedades.
Por empezar, Muse nunca volverá a ser la banda que fue en “Origin of Symmetry” o mucho menos “Showbiz”. Nadie le hubiera pedido a Pink Floyd que después de hacer “The Wall” volviera a hacer un “Atom Heart Mother”, ¿no? It´s evolution, baby, como nos supo enseñar Pearl Jam, para bien o para mal. Muse maduró, creció como banda y cada uno de sus miembros como músico. Cada uno de ellos fue nombrado Doctor Honoris Causa en el año 2008 por la Universidad de Plymouth, solo para mencionar algunos créditos. En segundo lugar, lo que en otros tiempos era bien visto, que era la experimentación, hoy en día es percibida por una parcialidad como carencia de ideas: el concepto de “banda que no se puede encasillar” pasó a ser un delirio megalómano de Matt Bellamy... En fin, no a todos tiene necesariamente que gustarnos el nuevo rumbo: pero de ahí a proclamar decrepitud, hay una gran distancia.
“Simulation Theory” amenazaba ser una caja de pandora que algunos temían abrir. Los adelantos de los últimos meses no habían sido muy alentadores con ejemplos como “Something Human”, pero en mi caso personal, hubo algunos temas como “Dig Down” que, al mejor estilo de un buen vino añejado, maduraron bien con el tiempo. Veamos más en detalle cómo nos fueron llegando estos anticipos. Todo empezó en el año 2017, cuando hacia mayo se lanzó “Dig Down”, una mezcla de synth pop con glam rock que resultó interesante como primer adelanto. Hubo que esperar a los inicios de 2018 para conocer la siguiente novedad, “Thought Contagion”, donde se reiteraba la orientación al rock electrónico pero ya se empezaba a perfilar el concepto que hilvanaba los distintos singles, y que confirmamos con la salida en julio del mismo año del polémico “Something Human” y su correspondiente video. Los sintetizadores comenzaban a entremezclarse con algo de space rock, y si se observa la estética de los covers de cada sencillo junto a la línea de producción de los videos, había una idea rectora.
En todos los casos se evidencian ineludibles alusiones a películas y clips de los años 80’s. El director en todos los casos es Lance Drake, y las referencias son icónicas: Max Headroom (en “Dig Down”), el video de “Thriller” de Michael Jackson (en “Thought Contagion”), el culto al VHS y “Back To The Future” (en “Something Human”), y los video juegos “Cyberpunk 2020” y “Grand Theft Auto: Vice City” (en “The Dark Side”, continuación de “Something Human”). Tanta cultura pop retrofuturista se extendió hasta el video de “Pressure” y su remembranza de la escena del baile de graduación de “Back To The Future”. Hablar de todo esto y mencionar la serie de TV para cuarentones melancólicos “Stranger Things” es como decir que todo queda en familia: más cuando el arte de tapa de “Simulation Theory” fue diseñado por Kyle Lambert, artista visual que trabajó precisamente en “Stranger Things”.
Habiendo mencionado todas estas simpáticas referencias, es menester focalizar un poco en la materia musical propiamente dicha. La placa abre con “Algorithm”, agradable sorpresa ya que en lo que refiere a grandes aperturas de sus discos, Muse continúa manteniendo el nivel épico característico. El segundo track es “The Dark Side”, que era el mejor single de los editados como adelanto, así que nada nuevo para el fan (que lo seguirá disfrutando) pero si un gran tema por descubrir para los neófitos: synth pop noventoso que se nutre del sonido original de Muse y de la impronta que la banda ha decidido imprimir en ésta placa. Se continúa con otro de esos hits propios de Muse con estribillos muy pegadizos que terminan siendo adictivos con el tiempo: el efectivo “Pressure”. La simulación en su apogeo, donde a través de una canción alegre se transmiten mensajes de sofocación como “I´m grinding it out / The pressure’s growing exponentially”. En cuarto lugar llega “Propaganda”, una suerte de “Supermassive Black Hole” remozado y con un solo de guitarra muy Black Rebel Motorcycle Club. Aquel touch funky de “Panic Station” (de “The 2nd Law”) sigue vivo. Cinco productores colaboraron en este tema, incluido el nunca bien ponderado Timbaland, pero afortunadamente aquí los resultados fueron óptimos.
Si vamos a hablar de rolas adictivas que invitan a sacudir la cabeza al mejor heavy metal style o mínimamente seguir el ritmo con el pie, “Break It To Me” es un inmejorable ejemplo. Cualquier DJ principiante lograría con facilidad un enganche perfecto entre este hitazo y “Bulls On Parade” de Rage Against The Machine ¿es acaso un homenaje a una banda que supo inspirar a Muse en sus inicios? Como sea, Tom Morello levanta sus pulgares aprobando. Veníamos genial, era todo 9 puntos para arriba, hasta que llegamos a…
“Something Human”. Ok, si hay que nombrar un tema que haya levantado polvareda en la carrera de Muse, es precisamente este. Desde que lo escuché por primera vez, y aún hoy, me sigo acordando de “A Little Respect” de Erasure. Lo que no es un problema porque lo amo, pero esto es Muse. Otros han llegado a encontrar aquí plagios a George Michael o hasta a Christina Aguilera (si, “Genie In a Bottle”, algo tiene de eso). Es un folk pop muy cheesy que podría tocar REO Speedwagon pero no Muse, o al menos no debería, y por algo no la están haciendo actualmente en la gira. Voy a ser totalmente honesto: de tanto machacarla, ha terminado agradándome. Pero aun así, en el medio de este disco o de cualquier otro disco de Muse, esto no tiene, literalmente, un pedo que ver. Y gran parte de la culpa por algunas críticas destructivas que le han hecho a “Simulation Theory”, la tiene este track perdido en la nebulosa.
Para evitar la hecatombe, llega justo a tiempo “Thought Contagion”, otro de los temas que ya conocíamos, y que dicen que en vivo suena de la ostia. Si bien Bellamy ha sido acusado de querer sonar aquí como Imagine Dragons, el tema es muy efectivo. La lírica es la más fiel a la línea de Muse y su constante paranoia: pensamientos invasivos y contagiosos como virus nos atacan todos los días. Hábilmente representado en un video con coreografías onda Michael Jackson donde todos se convierten en cyber vampiros punk que se mueven como zombies. Divertidísimo! “Get Up and Fight” es el octavo tema. Nuevamente se repite una fórmula ya usada en el pasado (clara referencia a “Mercy”) y que a muchos molesta. Tampoco es novedad la temática tratada: “estamos siendo oprimidos, tú lo sabes, y por eso te pido que te unas a nuestra lucha porque sin ti no podemos”. Listo, pongámosle unos coritos de Tove Lo (artista sueca de la que me hice fan con su álbum “Queen of The Clouds” en el 2014) para hacerlo aún más pop, y cartón lleno. La rebeldía adolescente fluye a borbotones, Matt imprime un tinte romántico con su piano, y aun así es un momento flojo del disco y lleva tiempo asimilarlo. “Blockades” es el tema Muse de manual, y por eso no puede no gustarle a nadie que ya sea seguidor. Los que extrañan “Origin Of Symmetry” o “Absolution” tienen aquí un pequeño oasis, ya que este track es una mezcla de “Bliss”, “Stockholm Syndrome” y varias otras cosas buenísimas del pasado. Luego viene “Dig Down”, que nos pilló a los oyentes en un momento en que estábamos ávidos de nuevo material, y tal vez por eso ha tenido buena acogida y nos simpatiza. Y así llegamos al último tema. Así como “Algorithm” es la típica apertura, “The Void” es el típico cierre al mejor estilo “Exogenesis”. Pero en este caso, con un aire a Jean-Michel Jarré meets Giorgio Moroder, metidos en la batidora Muse. Espectacular. Como plus hay versiones alternativas de casi todos los temas en las 2 ediciones deluxe, destacando entre ellas la Alternate Reality Version de “The Dark Side”, tremendamente conmovedora.
El álbum ha tenido buena recepción del público, y ya fue #1 en varios países europeos incluyendo Inglaterra. La crítica, como ya vimos, es variada: un medio como Metacritic, le asignó un promedio de 63/100. Así de peleada está la cosa. Vivimos en una simulación virtual de la realidad digna de The Matrix, y desde ese concepto quiso partir la banda para darle forma a este trabajo. Me gustó que para manifestarlo, hayan recurrido a la estética sci-fi propia de los años 80’s. Y respecto a las canciones, encuentro en general muy buen material, salvo honrosas excepciones. Aquel que se sienta decepcionado, puede dar por seguro que, gracias a la constante pasión innovadora de Matt Bellamy, el próximo disco nos sorprenderá con algo completamente imprevisible.
miércoles, 24 de octubre de 2018
Music Corner n° 173 - Pale Waves
“MY MIND MAKES NOISES"
GOTHIC POP PARA NIÑOS FELICES
¡Nos mintieron y me encantó! Los pronósticos indicaban que hasta el 2019 no aparecería el primer full álbum de Pale Waves, más siendo que el EP “All The Things I Never Said” había sido lanzado en febrero por internet y en vinilo el 16 de marzo de este año. Con eso los fans estarían sosegados ¿si? Pues no, y Pale Waves lo sabía. Por eso ya fue lanzada la preventa del ansiado debut hace más de un mes, y el 14 de septiembre el álbum titulado “My Mind Make Noises” fue compartido en Spotify para delirio y satisfacción de los seguidores.
Como la misma banda lo describe, este álbum es una colección de historias: vida, muerte, amor, sexo, amistad, ansiedad, familia. Pop masivo, pero verdaderas joyas del pop. Para ello, la formula sigue siendo efectiva desde el inicio: Ciara Dolan (batería) escribe principalmente la música, y Heather Baron-Gracie las letras. Ciara acompaña en la producción a otros como Jonathan Gilmore, que siempre ha trabajado en proyectos geniales con otras bandas: The 1975, Wolf Alice, Nothing But Thieves, Twenty One Pilots, etc. Heather siempre ha destacado que sin Ciara nunca habría existido Pale Waves como banda, sino algún disco solista y acústico de Heather Baron-Gracie. Y sin dejar de rescatar los aportes y la participación de sus otros dos bandmates: Hugo Silvani (guitarra) y Charlie Wood (bajo y teclados). ¿Y de dónde viene el nombre del disco? Es la primera estrofa del tema “Noises”, pero más allá de esta obviedad, es una frase que tiene tatuada Ciara en un brazo. ¿Ayudan estos “ruidos” a componer mejor? Parece que sí!
El disco abre con la fabulosa “Eighteen”, tema bien orientado al ser adolescente y lo que es enamorarse por primera vez, la nueva sensación de sentir mariposas en el estómago. Fue el quinto single del disco, lanzado el 24 de julio de 2018 y primer corte en rankear fuera de Europa: un suceso moderado en Japón. Buen pop electrónico para empezar. “This city depresses me” es la línea de apertura, tan representativo de lo que es Pale Waves y a lo que apunta: huir de aquello que sentimos como opresión, a través del amor, pero sin olvidar sufrir muchísimo en el intermedio. Perfectamente representado con el video, en que la protagonista escapa por una ruta hacia un bosque, hacia un lago, buscando una salida. Luego sigue “There’s a Honey”, que fue el single debut de Pale Waves: una canción sobre revestir con un manto de duda a quien se ama. Llega en tercer lugar otro hit contundente: “Noises”. Primera apuesta comprometida donde Heather se atreve a hablar de una condición mental, de un estado que podría indicar un trastorno límite de personalidad, pero que la autora describe como su letra más personal. Heather escribió esta canción con un tinte autobiográfico en un momento difícil de su vida, viéndose a sí misma como una chica con baja autoestima y sobreexigente consigo misma, permanentemente expuesta a la crítica y obsesionada con su cuerpo y con la imagen que mostraba a los demás. Dramática en su cierre repitiendo como un lamento: “Look at me, look at me, look at me…”. Según Heather, es una canción por la que ha recibido muchísimos agradecimientos de sus fans, por la identificación que la misma produce. “Ojalá alguien hubiera escrito una canción así cuando yo tenía 17 años”, supo decir.
“Come In Close” llega en el momento preciso del disco para introducir un poco de frenesí con una prerrogativa dance pop, y la propuesta de avanzar y confiar cuando el amor nos llama. Un tema bien arriba para equilibrar pero sin perder el nivel: europop de aire ochentoso, y del bueno. Es el paso previo a “Loveless Girl”, un midtempo sobre un reencuentro con un amor (tal vez) no concretado en el pasado. Nuevo relato autobiográfico de Heather, que solía ser percibida por su entorno como una chica algo fría y distante durante su adolescencia. “Drive” es lo que sigue: puede ser definida como una segunda parte de “Noises”: “Is it all in my head, what they said? I´m not feeling too good, I´m feeling misunderstood” reza un estribillo de una canción con una base muy poderosa. También autobiográfica, Heather describe sus años de colegio como solitarios y en donde su gran compañía era la música. Y al mismo tiempo, “Drive” refiere al sentimiento de vacío y contrarrestar el mismo: “Manejo rápido así puedo sentir algo”, twitteó Baron-Gracie oportunamente como anticipo de lo que sería esta emotiva canción. Suena injusto pero debo decir que el sonido me trajo remembranzas de Samantha Fox, año 1986, y su hit “Touch Me (I Want Your Body)”: aquel fue un hit mundial, merecía un revival!
Lentamente fuimos llegando así a la primera balada del disco: “When Did I Lose It All?”, una nueva historia de corazones rotos, otra decepción en la vida de la pequeña Heather, que tan bien sabe transmitirlas a través de su voz y sus composiciones. Desde el disco debut de Glasvegas en 2008 que no escuchaba una producción pop con letras tan tristes pero tan bien ambientadas. Para coronar este pasaje del disco, y en referencia al dolor que fluye a través de cada track, “She” profundiza la angustia del sentirse engañado y el desgarro del abandono. Es siempre un dolor pasivo, una exposición ante algo que no se puede reaccionar: así transmite Pale Waves cada vivencia. La levantada llega a tiempo para rescatarnos con el último single, “One More Time”, coescrita con Ciara y con un aire a los primeros tiempos de Avril Lavigne. Enseguida el hit “Television Romance”: personalmente, el tema con el que conocí a Pale Waves cuando los vi por primera vez en YouTube. Un video que llama la atención por el look tan lúgubre de Heather y Ciara, y que remite casi inmediatamente a alguna película de Tim Burton. Curiosamente, nadie debe esperar que esa representación gótica de la banda se refleje en lo musical, que es un estilo soft-rock ochentoso.
Desde este punto y hasta el final, el disco ofrece algunos potenciales hits. La trilogía “Red” / “Kiss” / “Black” es una sinfonía continua para oídos de adolescentes conflictuados y sus problemas existenciales. El amor impulsivo con alguien de quien lo único que sabemos es cuál es su color favorito; o pedirle a ese amor que se está diluyendo que nos parta la boca de un beso como la primera vez; o darse cuenta que aquello que era amor ha devenido en odio. Todas temáticas que sí, son adolescentes, pero por otro lado tampoco tienen edad. Y para finalizar el disco, un sentido homenaje de Heather Baron-Gracie a su abuelo y un cierre acústico que hace la diferencia. Un auténtico duelo sin conclusión en la vida de la cantante. Cabe acotar que cualquier similitud al tema “Joe” de The Cranberries, donde Dolores O’Riordan recordaba a su abuelito, es pura coincidencia (?).
Desde el primer single “There’s A Honey” en febrero de 2017 hasta hoy, todo ha sido una maratónica carrera para este cuarteto de Manchester. Ir teloneando a The 1975 por su gira norteamericana por distintos pequeños escenarios, darse el gusto de tocar con The Cure, y en el mientras tanto ir lanzando singles y videos que iban haciendo agrandar más y más la imagen de Pale Waves en las redes. El trabajo duro que toda buena banda under debe hacer, pero cuando se cuenta con la materia prima necesaria, el reconocimiento llega tarde o temprano. Finalmente, el ranking oficial de la BBC mostró el 21 de septiembre el debut de “My Mind Makes Noises” en el #8 del Official UK Top 40 Albums Chart, y en el #1 del Indie Albums Chart. NME lo describió como “Un álbum impresionante y un cuidadoso debut”. No hay dudas que cada detalle está obsesivamente atendido en este disco.
Mientras Pale Waves se encuentra actualmente de gira por el Reino Unido, el reciente lanzamiento de su ópera prima recibe excelentes comentarios por parte de la crítica especializada (NME, Album Of The Year, The Line Of Best Fit), que lo amó. Aunque otros medios como The Guardian pusieron sus reparos. La principal objeción que algunos seguidores hacen es que muchos temas se parecen entre sí. Ya hace un tiempo atrás, cuando la banda solo tenía 2 singles que sonaban parecido, Heather dijo: “¿Y que esperaban? Somos la misma banda!” Basado en que se trata de un álbum debut, que la banda muestra un gran potencial y que he sido testigo de la notable evolución de Pale Waves con el correr de cada single en estos últimos meses, “My Mind Makes Noises” es un disco que me ha deslumbrado y apostaría que estos chicos padecientes van a llegar mucho más lejos.
GOTHIC POP PARA NIÑOS FELICES
¡Nos mintieron y me encantó! Los pronósticos indicaban que hasta el 2019 no aparecería el primer full álbum de Pale Waves, más siendo que el EP “All The Things I Never Said” había sido lanzado en febrero por internet y en vinilo el 16 de marzo de este año. Con eso los fans estarían sosegados ¿si? Pues no, y Pale Waves lo sabía. Por eso ya fue lanzada la preventa del ansiado debut hace más de un mes, y el 14 de septiembre el álbum titulado “My Mind Make Noises” fue compartido en Spotify para delirio y satisfacción de los seguidores.
Como la misma banda lo describe, este álbum es una colección de historias: vida, muerte, amor, sexo, amistad, ansiedad, familia. Pop masivo, pero verdaderas joyas del pop. Para ello, la formula sigue siendo efectiva desde el inicio: Ciara Dolan (batería) escribe principalmente la música, y Heather Baron-Gracie las letras. Ciara acompaña en la producción a otros como Jonathan Gilmore, que siempre ha trabajado en proyectos geniales con otras bandas: The 1975, Wolf Alice, Nothing But Thieves, Twenty One Pilots, etc. Heather siempre ha destacado que sin Ciara nunca habría existido Pale Waves como banda, sino algún disco solista y acústico de Heather Baron-Gracie. Y sin dejar de rescatar los aportes y la participación de sus otros dos bandmates: Hugo Silvani (guitarra) y Charlie Wood (bajo y teclados). ¿Y de dónde viene el nombre del disco? Es la primera estrofa del tema “Noises”, pero más allá de esta obviedad, es una frase que tiene tatuada Ciara en un brazo. ¿Ayudan estos “ruidos” a componer mejor? Parece que sí!
El disco abre con la fabulosa “Eighteen”, tema bien orientado al ser adolescente y lo que es enamorarse por primera vez, la nueva sensación de sentir mariposas en el estómago. Fue el quinto single del disco, lanzado el 24 de julio de 2018 y primer corte en rankear fuera de Europa: un suceso moderado en Japón. Buen pop electrónico para empezar. “This city depresses me” es la línea de apertura, tan representativo de lo que es Pale Waves y a lo que apunta: huir de aquello que sentimos como opresión, a través del amor, pero sin olvidar sufrir muchísimo en el intermedio. Perfectamente representado con el video, en que la protagonista escapa por una ruta hacia un bosque, hacia un lago, buscando una salida. Luego sigue “There’s a Honey”, que fue el single debut de Pale Waves: una canción sobre revestir con un manto de duda a quien se ama. Llega en tercer lugar otro hit contundente: “Noises”. Primera apuesta comprometida donde Heather se atreve a hablar de una condición mental, de un estado que podría indicar un trastorno límite de personalidad, pero que la autora describe como su letra más personal. Heather escribió esta canción con un tinte autobiográfico en un momento difícil de su vida, viéndose a sí misma como una chica con baja autoestima y sobreexigente consigo misma, permanentemente expuesta a la crítica y obsesionada con su cuerpo y con la imagen que mostraba a los demás. Dramática en su cierre repitiendo como un lamento: “Look at me, look at me, look at me…”. Según Heather, es una canción por la que ha recibido muchísimos agradecimientos de sus fans, por la identificación que la misma produce. “Ojalá alguien hubiera escrito una canción así cuando yo tenía 17 años”, supo decir.
“Come In Close” llega en el momento preciso del disco para introducir un poco de frenesí con una prerrogativa dance pop, y la propuesta de avanzar y confiar cuando el amor nos llama. Un tema bien arriba para equilibrar pero sin perder el nivel: europop de aire ochentoso, y del bueno. Es el paso previo a “Loveless Girl”, un midtempo sobre un reencuentro con un amor (tal vez) no concretado en el pasado. Nuevo relato autobiográfico de Heather, que solía ser percibida por su entorno como una chica algo fría y distante durante su adolescencia. “Drive” es lo que sigue: puede ser definida como una segunda parte de “Noises”: “Is it all in my head, what they said? I´m not feeling too good, I´m feeling misunderstood” reza un estribillo de una canción con una base muy poderosa. También autobiográfica, Heather describe sus años de colegio como solitarios y en donde su gran compañía era la música. Y al mismo tiempo, “Drive” refiere al sentimiento de vacío y contrarrestar el mismo: “Manejo rápido así puedo sentir algo”, twitteó Baron-Gracie oportunamente como anticipo de lo que sería esta emotiva canción. Suena injusto pero debo decir que el sonido me trajo remembranzas de Samantha Fox, año 1986, y su hit “Touch Me (I Want Your Body)”: aquel fue un hit mundial, merecía un revival!
Lentamente fuimos llegando así a la primera balada del disco: “When Did I Lose It All?”, una nueva historia de corazones rotos, otra decepción en la vida de la pequeña Heather, que tan bien sabe transmitirlas a través de su voz y sus composiciones. Desde el disco debut de Glasvegas en 2008 que no escuchaba una producción pop con letras tan tristes pero tan bien ambientadas. Para coronar este pasaje del disco, y en referencia al dolor que fluye a través de cada track, “She” profundiza la angustia del sentirse engañado y el desgarro del abandono. Es siempre un dolor pasivo, una exposición ante algo que no se puede reaccionar: así transmite Pale Waves cada vivencia. La levantada llega a tiempo para rescatarnos con el último single, “One More Time”, coescrita con Ciara y con un aire a los primeros tiempos de Avril Lavigne. Enseguida el hit “Television Romance”: personalmente, el tema con el que conocí a Pale Waves cuando los vi por primera vez en YouTube. Un video que llama la atención por el look tan lúgubre de Heather y Ciara, y que remite casi inmediatamente a alguna película de Tim Burton. Curiosamente, nadie debe esperar que esa representación gótica de la banda se refleje en lo musical, que es un estilo soft-rock ochentoso.
Desde este punto y hasta el final, el disco ofrece algunos potenciales hits. La trilogía “Red” / “Kiss” / “Black” es una sinfonía continua para oídos de adolescentes conflictuados y sus problemas existenciales. El amor impulsivo con alguien de quien lo único que sabemos es cuál es su color favorito; o pedirle a ese amor que se está diluyendo que nos parta la boca de un beso como la primera vez; o darse cuenta que aquello que era amor ha devenido en odio. Todas temáticas que sí, son adolescentes, pero por otro lado tampoco tienen edad. Y para finalizar el disco, un sentido homenaje de Heather Baron-Gracie a su abuelo y un cierre acústico que hace la diferencia. Un auténtico duelo sin conclusión en la vida de la cantante. Cabe acotar que cualquier similitud al tema “Joe” de The Cranberries, donde Dolores O’Riordan recordaba a su abuelito, es pura coincidencia (?).
Desde el primer single “There’s A Honey” en febrero de 2017 hasta hoy, todo ha sido una maratónica carrera para este cuarteto de Manchester. Ir teloneando a The 1975 por su gira norteamericana por distintos pequeños escenarios, darse el gusto de tocar con The Cure, y en el mientras tanto ir lanzando singles y videos que iban haciendo agrandar más y más la imagen de Pale Waves en las redes. El trabajo duro que toda buena banda under debe hacer, pero cuando se cuenta con la materia prima necesaria, el reconocimiento llega tarde o temprano. Finalmente, el ranking oficial de la BBC mostró el 21 de septiembre el debut de “My Mind Makes Noises” en el #8 del Official UK Top 40 Albums Chart, y en el #1 del Indie Albums Chart. NME lo describió como “Un álbum impresionante y un cuidadoso debut”. No hay dudas que cada detalle está obsesivamente atendido en este disco.
Mientras Pale Waves se encuentra actualmente de gira por el Reino Unido, el reciente lanzamiento de su ópera prima recibe excelentes comentarios por parte de la crítica especializada (NME, Album Of The Year, The Line Of Best Fit), que lo amó. Aunque otros medios como The Guardian pusieron sus reparos. La principal objeción que algunos seguidores hacen es que muchos temas se parecen entre sí. Ya hace un tiempo atrás, cuando la banda solo tenía 2 singles que sonaban parecido, Heather dijo: “¿Y que esperaban? Somos la misma banda!” Basado en que se trata de un álbum debut, que la banda muestra un gran potencial y que he sido testigo de la notable evolución de Pale Waves con el correr de cada single en estos últimos meses, “My Mind Makes Noises” es un disco que me ha deslumbrado y apostaría que estos chicos padecientes van a llegar mucho más lejos.
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