lunes, 26 de junio de 2017

Music Corner n° 150 - Sigur Rós

UN BUEN COMIENZO

La primera vez que escribí sobre “Ágaetis Byrjun” fue allá lejos y hace tiempo, en el año 2000: un álbum que habiendo visto la luz a pocos meses de finalizar el milenio, podía considerarse uno de los mejores de su década. El primer corte, “Sven-g-englar”, fue reconocido por New Musical Express como single de la semana, un logro supremo para un tema totalmente cantado en islandés. Descubría entonces a Sigur Rós en sus albores como una revelación digna de seguir monitoreada.

Contrariamente a lo que acabó sucediendo, no auguré para ellos un gran nivel de popularidad: si, así de buenos eran, y así de poco comerciales. No parecían el típico producto objeto del sampleo de algún DJ de turno, ni por su música ni por los pasos que daban. Pocos artistas se animarían a titular un álbum “()”, poblarlo con canciones sin título y para colmo cantarlas en un dialecto creado por ellos mismos llamado “vonlenska” que invita al oyente a interpretar su propio significado. No después de haber logrado el reconocimiento mundial… o si. Pero es un suicidio al que pocos sobreviven. Aunque también supieron flirtear ligeramente con el pop con el lanzamiento de “Með suð í eyrum við spilum endalaust” (“Con un zumbido en los oídos tocamos eternamente”) en 2008, donde continuaron experimentando con sonidos acústicos e inéditos como “Gobbledigook” (con reminiscencias a nuestro folklore y acompañado de un llamativo video con desnudos en un bosque) y donde por primera vez presentaron un tema en inglés.

Musicalmente etérea y minimalista, la producción de Sigur Rós se caracteriza por climas nebulosos a veces seguidos por explosiones orquestales que pueden ir creciendo a medida que transcurren. Tal es el caso de clásicos de la banda como “Olsen Olsen” o “Festival”, que supo cerrar magistralmente la película “127 Hours”. Poco importa a esta altura el constante falsete de Jónsi, aunque reconozcamos que no es fácil para oídos bisoños: no es traición reconocer que cada vez que escucho “Salka” (tema de apertura de “Hvarf”) me imagino por momentos a un gato maullando sentado en una banqueta frente a un micrófono. Pero es ese particular registro de agudos que lo hace capaz de mantener una nota elevada durante una eternidad lo que nos conduce a un trance constante cada vez que lo escuchamos: sin esa voz hermafrodita no sería lo mismo. Solo sirenas de mundo real como Elizabeth Fraser han logrado esos niveles de emotividad. Imposible dejar de recomendar la obra solista de Jónsi, “Go” (2010). Curioso que se haya convertido en el cantante por accidente: ningún otro miembro de la banda quiso hacerlo.

Desde aquellos parajes lejanos y agrestes aunque melancólicos, Sigur Rós supo hacer carne las mismas sensaciones de su tierra natal y transmitirlas a través de su música. Ha medida que la banda fue desarrollando un mayor estado de autoconocimiento, el resultado se tradujo en la sencillez y perfección con la que encaja cada tema a lo largo de sus discos. Es flotante y sobrenatural el manto de guitarras que sabe atraparnos por momentos, y su sonido oceánico está supeditado a perfectas melodías que se zambullen en una emoción abstraída en el ahora, el aquí, el caos. Este sonido es en parte creado por la característica que imprimió Jónsi a su guitarra al tocarla con un arco de cello. Ritmos lentos e hipnóticos se sumergen en múltiples capas ambientales que conforman temas habitualmente largos y atmosféricos. Ideal para disfrutar con parlantes holofónicos.

Por último y para resaltar: traspasar la barrera de su idioma al punto de cantar en un dialecto inventado no ha sido un logro menor. Muchos escuchamos Sigur Rós porque nos gusta como suena, pero difícilmente (al menos yo) podremos entonar sus canciones como si se tratara de una banda pop. Desde esta afirmación podemos interpretar que estamos hablando de la voz como un instrumento más, que aún así nos deja boquiabiertos y con la piel erizada en más de una ocasión, sin entender lo que dice (si es que dice algo). “Ágaetis Byrjun”, aun siendo el segundo disco del grupo, significa “Un buen comienzo”. Habría que encontrar la forma en islandés (o en vonlenska) para decir “Una gran evolución”.

viernes, 16 de junio de 2017

Music Corner n° 149 - Radiohead

A 20 años del lanzamiento de "OK Computer"

ALGO MAS QUE UN MOMENTO EN LA HISTORIA

Tengo un amigo con el que solemos afirmar que el 90% de los artistas son solo un disco, un momento, un hito histórico a veces, donde los astros se alinearon y el artista logró dar lo mejor de sí y un poco más, justo en el único instante en que el mundo estaba listo para recibir su obra maestra. “The Bends”, siguiendo este concepto, era el momento de Radiohead en la historia. Es un disco increíble, atrapante y desgarrador. Confieso que “Pablo Honey” no me había movido tanto en su conjunto, más allá de la ineludible devoción que debí rendirle a “Creep”. Pero “The Bends”… era el punto culmine, la gloria.

Fue así que en los Brit Awards 1996, Radiohead fue nominado en las principales categorías, incluyendo Best British Album y Best British Group. Lamentablemente, la Oasismanía devoraba todo a su paso en aquel momento, y Radiohead no fue la excepción. Pero mientras Oasis y Blur parecían haber llegado al tope de su popularidad y sobre todo de su crecimiento creativo (aunque Damon Albarn demostraría más tarde que aún tenía muchas ideas por revelar), Radiohead silenciosamente iba a pegar un salto de calidad que sorprendería al mundo entero.

Hacia el fall de 1995, la banda entró a estudios para dar a luz al primer tema de su próxima producción. Se trataba del tema “Lucky”, cuyo demo nació durante los conciertos en Japón de la gira de “The Bends”. La canción sería el primer adelanto de lo que vendría, y se lanzó como parte de “The Help Album”, un disco compilatorio que recolectó fondos para la tragedia humanitaria que se vivía ese año en Bosnia. El resultado final sorprendió a los mismos miembros de la banda, que la consideraron por entonces la canción más fuerte que habían escrito hasta ese momento.

Recién volverían a estudios en julio de 1996, cuando con la colaboración de Nigel Godrich (hasta entonces poco conocido como productor) comenzarían lentamente a dar forma a “OK Computer”. Godrich había sabido dar una nueva orientación al sonido de Radiohead cuando trabajó con ellos en dos temas del EP “My Irong Lung” y en el mencionado “Lucky”. El resultado de esta primera etapa de trabajo serían 4 temas, entre los que estaría el futuro single “No Surprises” además de “Subterranean Homesick Alien”, “Electioneering” y “The Tourist”. Se tomaron un break para oficiar de teloneros de Alanis Morrissette, que en ese momento la estaba rompiendo en Norteamérica. Entre las nuevas canciones que experimentaron en esa gira, había una en particular que por entonces duraba 14 minutos pero que fue mutando hasta convertirse en algo más parecido a la versión que finalmente se conocería en el futuro álbum… bajo el nombre de “Paranoid Android”. A partir de septiembre de 1996 la banda retomó el trabajo de composición, ensayo y grabación en otro lugar: una mansión rural en Somerset. Algunas partes serían posteriormente grabadas en Abbey Road a comienzos de 1997, y allí mismo se llevaría a cabo la masterización. Todo estaría listo en breve.

Pero cuando la discográfica escuchó el producto final, las expectativas cayeron en un pozo al igual que las estimaciones de ventas. No por la soberbia calidad del nuevo material, sino por el erróneo análisis comercial que se hacía. Todos esperaban “Creep” segunda parte, o al menos no algo tan oscuro y terrorífico. Pero ¿era eso lo que debía esperarse de Radiohead? Hubiera sido una visión muy corta. Las atmósferas logradas eran densas y las letras mucho más abstractas que “The Bends”, y eso preocupaba. Encima, el tema elegido como primer corte, “Paranoid Android”, era demasiado largo como single y no contaba con un estribillo ganchero. No era nada apto para la difusión radial, y de hecho, tuvo poca. Aun así, tras ser lanzado el 26 de mayo de 1997, llegó al #3 del chart y se convirtió en la más alta posición para un single de Radiohead. Finalmente el álbum fue lanzado el 16 de junio en Inglaterra y el 1° de julio en USA. La crítica lo alabó desde el primer momento en Inglaterra, desde medios como NME, Melody Maker o Q. Pero aún mejor, del otro lado del Atlántico: Rolling Stone y Spin entre otros hablaron maravillas. Y no era para menos: estábamos descubriendo uno de los mejores álbumes de la década del 90. El éxito comercial fue apabullante y el álbum debutó en el #1 del ranking inglés, permaneciendo en el Top 10 por semanas.

Tal vez haciendo honor a su nombre, “OK Computer” fue un disco que supo procesar múltiples y variadas influencias, combinándolas para generar novedosas estructuras de canción y un nuevo sonido que sirvió de referencia para muchos artistas hacia fines de los 90’s e inicios del nuevo milenio. Tomando elementos de la electrónica en boga y del ambient, ligándolos de alguna forma a los resabios de un rock progresivo y el indie rock en el que el grupo supo forjar sus inicios, el resultado era un sonido avant garde tan poco ortodoxo que de alguna forma chocó con el mismo rock alternativo de la época y por supuesto, se mofó a carcajadas del brit pop reinante para dar lugar a un nuevo formato dentro del brit rock.

Más que el legado que pudo haber dejado un álbum, tuvo que ver con un momento en la historia en el que Radiohead representó la vanguardia, y esta posibilidad de experimentar obteniendo tal reconocimiento, sirvió de base para el surgimiento de una camada de nuevos grupos entre los que podemos destacar a Muse o Snow Patrol, así como cantantes fuertemente influenciados por Thom Yorke como es el caso de Francis Healy (Travis) o Tom Chaplin (Keane). Por lo que dicho momento, trascendió. No en vano NME consideró en 2014 a Radiohead como la banda más influyente de la industria musical.