viernes, 18 de septiembre de 2020

Music Corner nº 188 - George Michael

LISTEN WITHOUT PREJUDICE"

RECUPERANDO EL ALMA

Hablar de un álbum clásico como “Listen Without Prejudice” implica un análisis de la complejidad de un ser como el de su autor, que recién con el paso de los años puede ser abordado en toda su dimensión, tras hacernos conscientes del significado personal que el mismo tuvo en el devenir del tiempo bajo su propia mirada. A lo que vamos: no se trata simplemente de un reconocimiento tácito del nivel compositivo y la capacidad de enamorar de uno de los mejores artistas de la década del 80 en cuanto a lo que música pop refiere, sino de la trascendencia existencial de su lírica y el contenido reflexivo de la misma.

 Quien escribe estas líneas supo identificarse con George Michael por el tránsito de etapas de la vida en las que supimos coincidir, y por eso mucho de lo aquí volcado se interpreta desde lo netamente emocional. Porque eso fue George Michael: un ser tan rico en tantos sentidos, que como tantos otros artistas transitó de la cima del mundo a una cenagosa cloaca, expuesto a la mirada de un periodismo fagocitador que nunca pretendió entenderlo aunque sí exponerlo. Pero que por otro lado, siguió sus instintos a fondo hasta el punto de mostrarse en carne viva, lograr sus sueños, y darse cuenta que los mismos eran simples placebos frente a lo que realmente más deseaba su existencia atormentada, que era un poco de paz.

Por eso esta parte de su historia comienza con un astro brillando en el firmamento, una figura pública que vivía más que de su talento, de la imagen que había formado en derredor al mismo. Hablamos de los años de “Faith”, un disco icónico para aquella generación, su mayor éxito a nivel mundial y que lo había llevado al frenesí de una gira exterminadora. En aquella década dorada la industria supo esculpir grandes tótems: Michael Jackson, Madonna, Prince… y George Michael iba de la mano con ellos. Y la gira de “Faith” iba en consonancia con ese nivel de artista. Por eso fue que pese a que George adoraba cantar y había nacido para eso, el aislante proceso de la gira se convirtió en un aniquilamiento mental que la convirtió en una experiencia miserable, especialmente por un detalle: se le había detectado un quiste muy grande al final de la garganta que requería operación inmediata. Cancelación de fechas, operación, y un descanso para recuperación por recomendación médica que nunca se cumplió. La demanda era bestial, y George ni siquiera pudo dejar de hablar en el post operatorio. La recuperación fue rápida, ya que lo que seguía era la fase de 46 fechas en vivo en territorio norteamericano. Y ahí fue. Tenía 25 años, era joven y era pura energía. Pero la procesión va por dentro.


George Michael en el recital por Nelson Mandela
Todo aquel desgaste nos colocó de pronto ante un George que reniega de las luminarias, que critica a todo aquello que lo incrustó en el firmamento como uno de los pop golden boys de la maquinaria industrial. Asqueado, este George escribe en líricas como “Praying For Time”, que la caridad es un traje que se usa dos veces al año y que la gente se aferra a las cosas que le vendieron. No quiere ya saber de este sistema perverso y parece suplicar con la clásica frase “Paren el mundo que me quiero bajar”. Solo que ahora es él mismo uno de los engranajes fundamentales de la rueda. Por eso quema sus banderas: por eso incinera en pantalla los íconos que nutrieron su fama. Y lo clama de ex profeso en ese símbolo de su nueva producción que es “Freedom 90” (así titulada para diferenciarla del single “Freedom” que supo sacar con Wham!), segundo corte del álbum al que homenajeamos hoy: “May not be what you want from me / it’s just the way it's got to be”.

“Listen Without Prejudice Vol.1”, el álbum en cuestión, es el segundo solista de George Michael, editado hace ya 30 años, el 3 de septiembre de 1990. Desde el título se advertía que esto no sería lo mismo que “Faith”, y verdaderamente fue un giro radical respecto a todo lo que había hecho George hasta entonces. Y al ser tan sorpresivo e inesperado, los resultados fueron ambiguos. En USA fue considerado una decepción, siendo que “Faith” había sido el álbum mejor vendido de 1988 en ese país. Mientras “Faith” permaneció durante 87 semanas en el Billboard Chart, “LWP” solo permaneció un total de 42 semanas. Contrariamente a lo sucedido en Estados Unidos, el disco fue un enorme suceso en el Reino Unido, superando en ventas a “Faith”, cortando un total de 5 singles, y ganando el Brit Award 1991 al Mejor Álbum Británico.


Si bien la calidad de las composiciones puede considerarse tan buena o mejor que la de “Faith”, había un factor fundamental que saltaba a la vista en este lanzamiento en comparación a lo precedente, y tenía que ver con la imagen de George Michael como sex symbol de aquellos años (en los que aún no había reconocido ser homosexual): no se hicieron prácticamente videos promocionales para esta placa, y en aquellos que se hicieron no mostraba la cara el cantante. Dijo George en aquel entonces: “Cierta etapa de mi carrera se acaba ahora. En el futuro no pretendo mostrarme de la misma forma en la que lo he venido haciendo”. George estaba diciendo y haciendo todo lo contrario de lo que un experto en marketing recomendaría luego de un blockbuster como “Faith”. En adición, la decisión anunciada de alejarse de la música dance hasta el futuro lanzamiento de “Listen Without Prejudice Vol.2” tampoco ayudó, aunque el único track netamente house bailable del disco que acababa de sacar fue uno de sus máximos logros en dicho campo.

Toda una nueva declaratoria de intenciones surge desde el minuto uno, con el tema de apertura y primer single “Praying For Time”. Fuertemente comprometida, esta canción es una sólida crítica a la sociedad de los tiempos actuales (ya que no ha perdido ni un gramo de vigencia). Tal vez incluso, es una letra que se adelanta a su tiempo, ya que lejos de mejorar como sociedad hemos empeorado. La desesperanza alcanza su pico al dar por sentado que la última carta se juega en manos de un Dios que ya ha dejado de tenernos en cuenta. “And it’s hard to love, there’s so much to hate / Hanging on to hope when there is no hope to speak of”, se lamenta George en esta letra de su autoría que dio origen a una balada acústica con una oscura y sombría reflexión sobre las injusticias y miserias humanas. Fue aclamada por los críticos y llegaría al #1 en Norteamérica pese a ser promocionado solo por un lyric video al estilo del de “Sign ‘o’ The Times” de Prince.  


Backstage del video de "Freedom 90"
“Freedom 90” es el himno a la libertad del que hablamos antes. George mantuvo su palabra de alejar su imagen de los videoclips, pero no por eso se privó de dar forma a uno de los mejores videos de aquel año. El inicio de este proyecto tuvo que ver con la portada de la revista “Vogue” de enero de 1990, donde aparecieron juntas 5 supermodelos de la época: Naomi Campbell, Linda Evangelista, Tatjana Patitz, Christy Turlington, y Cindy Crawford. Con la intención de revertir su relación como artista con la cámara (y decidido a no aparecer él), George llamó a las 5 modelos y les pidió que protagonicen el video de la canción “Freedom 90”, aunque fuera poco habitual en aquellos años que modelos de ese renombre aparecieran en videos musicales. Para completar algo que ya era un éxito de movida, convocó al director David Fincher, que tenía ya experiencia en videoclips al haber trabajado con artistas del nivel de Sting, Paula Abdul, Billy Idol o Madonna (incluyendo el multipremiado “Vogue” de la diva). Aquí es donde George destruye 3 íconos concernientes a la era “Faith”: la rocola, la guitarra y la campera de cuero. De este modo, George se separa de todo aquello que lo había llevado a convertirse en el prototipo de heteromacho sex symbol: “I was every little hungry schoolgirl's pride and joy / And I guess it was enough for me”, proclama a modo de corte con aquella época. Pero eso no era todo lo que quería decir: confesaría George en el año 2004 que al finalizar la gira de Faith, estaba absolutamente seguro que era gay, pero aún no estaba preparado para contarlo al mundo y quería hacerlo con algún tipo de dignidad. Por eso, creyó que un buen primer paso era deconstruyendo toda la imagen creada para “Faith”.

Siguiendo la línea propuesta por la letra de “Freedom 90”, George renueva sus ya consabidos votos y devoción incondicional hacia Stevie Wonder, y nuevamente realiza un cover del niño prodigio al interpretar “They Won’t Go When I Go”, en este caso prácticamente acapella y con el solo acompañamiento de un piano, donde George conmueve con su registro vocal, y que en este caso empalma con la idea principal de su disco: probablemente no me entiendan y no sean capaces de seguirme, pero al menos no me prejuzguen sin escucharme. “Listen Without Prejudice Vol.1” es un álbum en su generalidad acústico y embebido en góspel y bossa-nova: “They Won’t Go When I Go” es lo que mejor representa aquel góspel en el que George ya había incursionado en su creación “If Your Were My Woman”, y “Heal The Pain” es el mejor representante aquí del sentimiento de George hacia aquella música popular brasilera derivada de la samba e influida por el jazz. Una balada amorosa acústica y contemplativa que ofició de 4º single en UK.


Machacando la idea del cambio, el tercer single del álbum “Waiting For That Day” insiste sobre el propósito de decir adiós a los estúpidos errores que has cometido, y George se replantea su propio futuro a partir del cuestionamiento de cómo tomará la gente esta vuelta de página. Pero además, se pregunta si él mismo será capaz de resurgir de las cenizas: “Some of us will change their lives, some of us still have nothing to show / Nothing baby but memories”, exponiendo las heridas y el dolor que él mismo se auto infligió. Es una canción delicada cuyo ritmo y acordes se asemejan a los de “You Can’t Always Get What You Want” de Los Rolling Stones, e incluso repitiendo hacia el final el título de dicha canción. Encaja perfecta y es digna representante de un álbum dedicado en gran parte a baladas y melodías folk del estilo de otras en este disco como “Something To Save” o “Waiting (reprise)”. Todo busca redondear la idea de George de manifestarse a partir de una obra introspectiva que refleja un estado de ánimo cambiante. Por ejemplo, por primera vez George escribía en “Mother’s Pride” una letra sobre la tragedia de una madre que ve partir a su hijo hacia la guerra para morir en tierras lejanas: este track recibió considerable atención en Estados Unidos durante la Guerra del Golfo y fue una suerte de himno para las tropas.

Si bien “Freedom 90” es el momento dance por excelencia del disco, la fresca y renovadora “Soul Free” con su aire Motown e inspirada en Soul II Soul viene a inyectar una dosis de positivismo al ánimo general, buscando aquí George la bendición de sus seguidores, trazando un puente de comprensión en busca de redimir sus conflictos internos.

Nos dejamos casi para el final esa pequeña e inquietante creación superior plagada de remordimiento y reflexión llamada “Cowboys And Angels”, que se aferra al jazz-pop que George supo ya regalarnos en “Kissing A Fool”. Son 7:15 minutos que comienzan con un solo de piano que irá generando un clima envolvente para desembocar en un ritmo sostenido por una sólida línea de bajo, dando contexto a una de las pocas historias de amor de este álbum. George contaría en 2004 que se trataba de un triángulo amoroso histérico del cual el mismo fue parte: él estaba enamorado de un hombre que jamás podría poseer, al mismo tiempo que una amiga mujer estaba enamorada de él, sabiendo que nunca podría tenerlo. Una historia de cómo a veces nos aferramos sin razón a aquello que nos es inalcanzable.

Y finalmente, el cierre del álbum, con la autoreferencial “Waiting (Reprise)” y una sentida despedida al George Michael que alguna vez fue, al que se le hicieron realidad sus sueños carnales pero se le vació el alma, y sella toda esta experiencia mostrándose desnudo con un potente y a la vez orgulloso “Here I am”.

¿Y qué pasó con “Listen Without Prejudice Vol.2”? Nunca salió: George se embarcó en un juicio contra Sony Music Entertainment alegando daños y perjuicios de la compañía por no dar la adecuada promoción al disco, presuntamente como castigo a la decisión de George de no utilizar su imagen para promocionarlo. Como consecuencia, “LWP 2” nunca vió la luz, pero no por eso dejamos de conocer parte del excelente material que iba a componerlo. El proyecto benéfico “Red, Hot + Dance” (1992), que recaudó fondos para la investigación sobre el SIDA, dio el espacio a George para otra de sus actividades filantrópicas: donó 3 temas inéditos que hubiesen sido parte de “LWP 2”, entre ellos su Top 10 hit “Too Funky”.

“Listen Without Prejudice Vol.1” fue relanzado en 2017 (meses después de la muerte de George), y su versión expandida incluía (además del aclamado “MTV Unplugged” de 1996), los temas donados a The Red Hot Organization.

En su libro autobiográfico “Bare” (co-escrito con Tony Parsons) dice George respecto a los años de “Faith”: “A veces sentía que yo era un fraude…que algún día todo el mundo se iba a dar cuenta y que se llevarían todo, que mi mundo se iba a quedar sin el piso. Ese sentimiento ya desapareció”. Este George renovado encaró un proyecto que lo hizo sentirse libre y más auténtico. Faltaba aún un largo trecho por recorrer, muchas historias por confesar y muchos altibajos en la vida del artista, pero aquí empezaba. Enriquecido por estas cuestiones personales, “Listen Without Prejudice Vol.1” conforma una innegable obra maestra, considerada hoy en día uno de los mejores álbumes en la carrera de George Michael.


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