martes, 27 de diciembre de 2016

Music Corner n° 134 - Prince

EL LADO OSCURO DE PRINCE (1958-2016)

Todo artista tendría su lado oscuro…Sino, ¿cómo podría ser un artista? Prince Rogers Nelson partió el 21 de abril de 2016. Sin ánimo de entender cómo es que algunos parten dejándonos tanto y otros que no aportan nada siguen en pie, lo cierto es que “The Artist” tuvo una producción tan copiosa como sobresaliente que lo convirtió en un referente ineludible de los espléndidos años 80, y una leyenda con posterioridad.

Entronado como el mito irreverente que indiscutiblemente fue, su música y su imagen nos remiten a la frescura de sus canciones más gancheras, que muchas veces fueron portadoras de letras fuertes, críticas y de ásperas palabras: por no decir que “the F Word” (como es conocida en otras latitudes) ha batido records de presencia en algunos de sus discos. Y aún así, un artista versátil puede un buen día arrepentirse de su pasado netamente carnal para convertirse en Testigo de Jehová, para no permitirse más el uso de insultos o letras donde el lenguaje soez se asimilaba más al de un malhablado proxeneta que utiliza a las mujeres como objetos.

Y es que no hay artista sin oscuridad. El psicoanálisis entiende que una forma de trabajar la locura en forma de psicosis, es a través del arte. Por eso tal vez muchos grandes artistas considerados clínicamente locos, gracias a esa locura crearon y deslumbraron. Y la locura implica oscuridad. Lo importante es como se sobrelleva, y si es en forma de “locura linda”, enhorabuena. Así vivió Prince desde su nacimiento discográfico hasta mediados de los años 90’s su fascinante locura: una tormenta creativa sin precedentes, un referente para todo el sonido negro de mediados de los 80’s, un constante homenaje a sus influencias, un playboy que atrapó a muchas de las mujeres más deseadas de aquellos años: Madonna, Sheena Easton, Kim Bassinger, Carmen Electra, etc, etc, etc. Multinstrumentista como pocos, fue capaz de componer, tocar, cantar y producir discos enteros, y era sabido que contaba en su haber con una amplia bóveda llena de canciones de su autoría que nunca habían visto la luz.

Capítulo aparte merece su batalla con la Warner Bros, que no le permitía editar todo el material que él deseaba, con múltiples consecuencias: convertir su nombre en un símbolo y mostrarse reiteradas veces con la palabra “Slave” (Esclavo) escrita en su rostro. “Emancipation” sería el nombre que daría a esa libertad en forma de álbum triple, aunque las cadenas se romperían definitivamente recién al finalizar el milenio. Evidentemente, The Artist Formerly Known As Prince (TAFKAP) no era un espíritu fácil de domar.

Tal vez el tormento más oscuro fue la conflictiva relación con Mayte García, su primer cónyuge. Fue un quiebre en su vida personal, coronada por la trágica muerte de su hijo Boy Gregory Nelson, condenado desde el nacimiento por una enfermedad degenerativa pulmonar. Los latidos del corazón de su único hijo quedarían inmortalizados en álbumes posteriores. Estos eventos desestabilizarían al gigoló de Minneapolis y muchos creen que esta marca sería determinante durante las siguientes dos décadas de su vida. Pero la genialidad nunca pudo ser sofocada. Aún quedaban por nacer destacados discos como “Musicology”, “3121” o “21 Nights”. Hasta el final siguió siendo el de siempre, a través de sus “HITnRUN”.

Un artista tan oscuro como negro, y tan brillante como oscuro; tan sufrido como todos y tan genial como pocos. Como un halo oscuro que irradia, su aura flotará mientras haya un mundo, a través de sus múltiples creaciones. Pero hubo una de ellas que nos recordará fiel y sencillamente quién fue: “My name is Prince and I am funky, my name is Prince: The one and only”.

12/07/2016

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